En el final de la vida

La semana pasada entraba como cada lunes en Arrupe Etxea, cuando una foto y el texto que la acompañaba me estremecían el corazón. Era Yaya, nuestro Yaya, siempre tan sonriente, después de una larga historia, como la que todo proceso migratorio acompaña; de dejar su país, luchar porque su mujer pudiera venir a vivir con él, ser padre de una hermosa niña… De manera repentina, como ocurre en muchas ocasiones, nos dejó, murió.

Dos días después éramos invitadas por la asociación de Guinea Conakry a la que él pertenecía y en la que tanto ha trabajado y aportado, para acudir al Tanatorio a despedirnos del compañero. Y así lo hicimos, acudimos unas ocho compañeras y compañeros de la Fundación Ellacuria para decir adiós o hasta luego a nuestro amigo Yaya. Como podéis imaginar, un momento difícil y muy triste, más aún para esa comunidad guineana de la cual él era parte, y esa mujer rota por la pérdida de su compañero de vida. Todo bastante habitual en estos casos. Sin embargo, me llamó la atención, cuando mientras esperábamos a que los hombres encargados de la comunidad lavaran el cuerpo del difunto -ya que son musulmanes-, nuestro compañero jesuita -después de haber vivido cuarenta largos años en África-, empezó a compartir lo diferente que resulta ese momento de despedida en la tierra de origen, Guinea Conakry en este caso, y aquí, en el País Vasco.

Y es que aún siendo sensible y defensora de la diversidad en sus múltiples vertientes, supuse que el mero hecho de poder llevar a cabo los “principales” ritos, o al menos los que humildemente conozco, pareciera suficiente. Y lo cierto es que no lo es, que además de la dificultad de que gran parte de su comunidad de origen no pudiera estar allí en esos momentos tan duros y difíciles, tampoco es posible reproducir las pautas y ritos de manera satisfactoria. Me resultó interesantísimo escuchar al compañero Xabier contando la importancia de la comunidad, en su sentido amplio, y su unión. Cómo estos ritos funerarios los llevan a cabo en unión con la naturaleza de manera que todo queda expuesto en esta; en el árbol de cerca de la casa para la oportuna limpieza, la exposición del cuerpo en el patio de la casa… En fin, una cantidad de elementos que cada comunidad, etnia, religión… comprende dentro de su idiosincrasia y la gran dificultad de llevarlos a cabo en los países que aun perteneciendo a ellos, no les es posible, al menos por el momento.

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