¿El mal es trending topic mundial?

He oído tantas veces eso de que la red es un altavoz. Yo mismo creo haberlo dicho en alguna ponencia, conferencia o curso que, de vez en cuando, he ido impartiendo donde se me ha requerido. Normalmente se dice por la capacidad de la red para amplificar aquello que, de otra manera, pasaría desapercibido. La Iglesia misma nos anima a estar en la red dando voz a aquellos que no la tienen y poniendo el foco en los más desfavorecidos, en las pequeñas heroicidades de tantos, en las situaciones y lugares que no interesan a los grandes medios de comunicación.

El problema de los altavoces en manos de tantos, y tan diversos, es que cada uno lo usa para amplificar aquello que le interesa y, evidentemente, acaba propagándose aquello que no resulta deseable. Es verdad: hoy internet es también un terreno fangoso, difícil de manejar, donde todo tiene cabida. Criminales, terroristas, pederastas, organizaciones fraudulentas… ¡tantos encuentran en las redes un terreno fértil para sus pretensiones!

Pero hoy quiero centrarme en un matiz que no es tan evidente: LA PERCEPCIÓN DEL MAL. El mal ha existido siempre en el mundo, desde la creación. El mal actúa y se mueve con sigilo, tentando a unos y otros de forma sutil y tendiendo una red de oscuridad allí por donde se encaminan sus pasos. La red es altavoz también para el mal. La percepción del mundo a través de la red puede llegar a ser terrible. Y alguna preguntará: “¿Pero no es así el mundo?” Puede ser. O no. Yo no tengo la respuesta. Yo sólo sé que uno mira atrás y descubre que, posiblemente, el mundo no está peor que en otros momentos en la historia. Hay artículos y estudios,  que yo encontré hace poco en la red, que incluso afirman lo contrario: la violencia en el mundo ha disminuido, así como las guerras. El mundo es más pacífico y mejor que años atrás, pocos o muchos. ¿Cuál es el problema entonces? Posiblemente que hoy nos enteramos de cada pequeña victoria del mal a lo largo y ancho de nuestro planeta. ¿Exceso de información? Puede ser eso. El caso es que hay días en que me acuesto con un terrible déficit de esperanza. El mal está jugando su partida y puede que esté jugando fuerte a la hora de dar la sensación de que es más fuerte de lo que realmente es.

La otra cara de la moneda es justamente la de los que afirman que es bueno ser consciente de eso, que es bueno que el mal tenga poco lugar hoy para esconderse, que es difícil que pasen desapercibidos crímenes, atropellos, atentados contra la humanidad que, antiguamente, eran escondidos a la opinión pública por dictadores, gobiernos, medios, poderosos… El ser consciente del mal nos permite luchar contra él con más fuerza y con las armas correctas. Nos permite orar por aquellos que sufren en cualquier lugar, nos permite ayudar allí donde antes no ayudaba nadie, nos permite conocer también la reacción del bien ante tanto mal…

No sé qué pensáis vosotros, pero la red nos ha puesto en bandeja la batalla por la esperanza. Es un reto importante que nos exige afrontarlo con la gracia de Dios y mucha oración. No tengamos miedo pero preparémonos para ello.

@scasanovam

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