Zozobra

De cómo la Unión Europea traiciona sus principios

En el momento de escribir esta entrada más de seiscientas personas rescatadas en el Meditarráneo por el barco Aquarius, esperan permiso para ser desembarcadas en un puerto, de ellas  más de 100 son menores y siete son mujeres embarazadas: El nuevo gobierno italiano, en una decisión sin precedentes, ha decidido cerrar sus puertos. El barco que las ha rescatado pertenece a Médicos sin Fronteras y SOS Mediterranée: Estas seiscientas personas han conseguido salvar sus vidas. Otras no han tenido tanta suerte: De acuerdo con la OIM, en  los seis meses que llevamos de 2018 ya han muerto 785 personas tratando de llegar a las costas europeas.

Da la impresión de que para no pocos responsables políticos el hecho de que consigan entrar en la Unión Europea personas que huyen de conflictos bélicos es un fracaso de la Unión y de su política de seguridad. Mucho más fracaso que si mueren ahogados en alta mar o deshidratados en los desiertos. Mucho más que si son torturados por gobiernos autoritarios o si se concentran en campos sin las condiciones mínimas, lejos de la vista de los ciudadanos europeos

En la vecina Austria, que próximamente asumirá la presidencia semestral del Consejo de la Unión, se abre paso la propuesta de creación de campos de retención en suelo europeo aunque fuera del territorio de la Unión Europea.  En países que sean “poco atractivos para las redes de traficantes”, financiados con dinero de la Unión, en los que se pueda ofrecer protección a las personas desplazadas y evitar el “asylum shopping” que es como ha sido denominado el mecanismo de reubicación y reasentamiento puesto en marcha desde la Comisión para “repartir la carga” de la atención a los refugiados. Esta propuesta cuenta con el apoyo de  Dinamarca y es escuchada con interés por Holanda y Alemania. El presidente Juncker ya ha dado su beneplácito, como recientemente declaró en una rueda de prensa:

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La inmigración ilegal es un asunto europeo pero también es un asunto de los estados miembros a los que les compete por lo que no me corresponde posicionarme contra esta iniciativa.

Parece bastante claro que a estas alturas “nadie da un euro” por la reforma del paquete de Dublín que se abordará en el Consejo Europeo de Junio, y que ante este previsible fracaso la consigna sea la apuesta por mayor control, más externalización, más militarización  y como consecuencia de ello, menos derechos, más muertes… y más beneficios para algunas empresas fabricantes de armas o especializadas en seguridad biométrica que tal y como denuncia el informe “Expandiendo la fortaleza” (Expanding the Fortress)  publicado por Stop Wapenhandel y Transnational Institute, están obteniendo pingües beneficios.

La apuesta por la externalización, acelerada desde la Cumbre de La Valetta en 2015, también tiene sus efectos en el refuerzo de los gobiernos autoritarios a los que se pide ayuda y se financia generosamente para que puedan realizar este control en sus territorios. Obviamente el dinero que se da a estos estados no es para mejorar la educación, la sanidad o la vivienda de su población, sino para reforzar sus fronteras, para equipar a sus policías y ejército y así evitar que los flujos migratorios lleguen a territorio europeo. La consecuencia es que gobiernos déspotas se apuntalan en el poder mientras que la Unión hace oídos sordos ante violaciones de derechos humanos. Además ya no es sólo la Unión la que tiene acuerdos en este sentido con 35 países, sino que estados como Italia o España tienen sus propios acuerdos de control con Libia, Marruecos o Senegal.

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Si el “filtro” de la externalización fracasa, siempre estará el control de fronteras. En este sentido, el incremento del presupuesto de Frontex (multiplicándolo por seis) para el periodo 2021 a 2017, así como la formación de diez mil nuevos guardias de fronteras muestran el verdadero rostro de una Unión Europea que zozobra en materia de Derechos Humanos.

 

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