Hace una semana saltaba la polémica tras una entrevista que Pedro Simón, periodista viejuno, que no utiliza las redes sociales y sigue sacando el dinero del banco con su cartilla, le hizo a Elrubius, el YouTuber más importante de España con 16 millones de seguidores en su canal de YouTube y 5 millones y medio de seguidores en su cuenta de twitter. A ElRubius, con razón, no le gustó la entrevista, y tras contarlo en las redes y grabar su propio video de protesta, sus hordas de seguidores inundaron las redes en defensa de su ídolo.

El fenómeno YouTuber está tan de moda que ya es objeto de estudios, artículos y análisis más o menos sesudos que tratan de descubrir qué se esconde detrás de una nueva profesión que, nos guste o no, merece todo el respeto y admiración.

Los YouTubers no solo han venido para quedarse, sino que además son el modelo a seguir por los Millennials. Desde 2014 la revista Variety publica una encuesta que busca encontrar las personas más influyentes para los adolescentes norteamericanos. En ese año las 5 personas que más influían en los jóvenes entre los 13 y los 18 años eran YouTubers. La encuesta del año pasado ya colocó a 6 de ellos liderando el ranking, por encima de grandes artistas como Bruno Mars o Taylor Swift.

Es tal su nivel de influencia que las grandes marcas no solo están invirtiendo cantidades indecentes en publicitar sus productos a través de estos nuevos ídolos, sino que algunas de ellas incluso contratan los servicios de una reciente empresa que se dedica a predecir quién será la próxima futura estrella de YouTube; empresa que, como era de esperar, está en manos de dos jóvenes de 21 años.

Si las organizaciones y ONG que trabajan duramente por un mundo más justo y buscan generar contenidos atractivos que movilicen por dentro y por fuera a una ciudadanía adormecida, analizan el alcance que un YouTuber como ElRubius tiene, y lo comparan con sus propios datos de impacto, seguramente se agarren una depresión de caballo y no quieran salir de su casa durante meses. Pero realmente es fundamental aprender del éxito de los YouTubers y tratar de sacar todo el provecho posible de una plataforma que sigue creciendo a un ritmo vertiginoso (tras 11 años de existencia, YouTube cuenta ya con más de mil millones de usuarios).

A la hora de utilizar YouTube para lograr un cambio social necesario, y cada vez más urgente, tres son las claves que deben tener en mente las organizaciones: aportar contenido de interés, generar una comunidad de seguidores que consuma tu contenido, y que sobre todo lo comparta, y la tercera y más importante: que exista una llamada a la acción, es decir, que el espectador haga lo que se pretendía promover con ese contenido. Si el video se vuelve viral pero no logra la firma o la donación deseada, no vale de nada.

Quién será el próximo YouTuber de moda no lo sabemos, pero si tengo que lanzarme a la piscina, de momento me quedo con Esteban Estebanez, que ayer publicaba dos nuevos videos de esos que no te dejan indiferente.

Mientras lo descubrimos yo ya he decidido que, cuando me haga mayor, quiero hacerme YouTuber… pero solo si eso me sirve para cambiar el mundo.

Imagen tomada de: https://youtu.be/TikXgUkzJHM