Por Inés Abril. Trabajadora Social en el Centro Pueblos Unidos.

En un ambiente en el que se respiraba una fresca sororidad, se han celebrado este fin de semana las XIII jornadas de la ATE, con el título: “La experiencia de Dios que implica y complica: Mística y Política”. En ellas, ponentes de la talla de Carmen Bernabé, Fernanda Villanueva, Giselle Gómez, Juan Martín Velasco, María del Mar Graña, Mariola López Villanueva y Silvia Bara, nos han hecho reflexionar sobre dimensiones profundas, muchas veces sutiles, de la experiencia mística de algunas mujeres cristianas de la historia de la humanidad. Mujeres místicas, en muchas ocasiones silenciadas,que representaron y representan un ejemplo de búsqueda desnuda, audaz y radical de la voluntad de Dios para sus vidas y para la humanidad. Ese silenciamiento al que fueron y son sometidas, en ocasiones ha supuesto la prohibición abierta y expresa de sus acciones, la estigmatización social bajo etiquetas que cuestionan su autoridad intelectual, su cordura y moralidad y, en último término, y en algunas ocasiones,ha llegado a suponerles la muerte.

Testimonios como los de Teresa de Jesús, Juana de la Cruz, las beguinas Matilde de Magdeburgo, Hadewijch de Amberes y Margarita Porète, y Madeleine Delbrêl ejemplifican la experiencia gratuita e inesperada del encuentro con Dios, encuentro y relación que transforma la mirada, el corazón y desde ahí mueve al compromiso con el bien, la verdad, la justicia y la solidaridad.

Más allá de lo que pudiera parecer, estas mujeres traspasadas por el amor de Dios, trascendieron la intimidad del encuentro. Superando los sentidos, la imaginación y el razonamiento se vivieron enviadas por Dios a romper y transformar leyes, órdenes y situaciones que impedían que la humanidad fuera fraterna y acogedora para todos.Su experiencia “mística” les llevó a la “política”: a la acción (Teresa de Jesús), la predicación (Juana de la Cruz), el cuidado de enfermos y  empobrecidos (las beguinas), el trabajo por la justicia (Madeleine Delbrel)…

Pero su atrevimiento era, y sigue siendo, doble. Fueron coherentes y consistentes con lo que el encuentro con el Misterio “les grabó en el alma”, en un movimiento doble que pasa por exponerse, acoger y alimentar el encuentro sencillo y pasivo (que no inactivo) con Él; y también lleva a integrar y asumir con valentía (la valentía de las hijas de Dios) la conflictividad que este encuentro suponía. Porque su testimonio, su propuesta, su vida eran y son doblemente transgresores. La mujer mística no reclama la DIGNIDAD de ser hija de Dios, es consciente de la AUTORIDAD que le confiere su experiencia personal de Dios y de maneras diversas toma la palabra, situándose de manera activa en la construcción del reino, y en la vivencia y comprensión del Misterio y de su sueño para la humanidad.

En las jornadas, además de las ponencias, se han desarrollado dos seminarios (“Nuevos lenguajes teológicos” y “Profetisas, místicas y predicadoras”), en los que hemos podido continuar y proyectar un trabajo común que nace de la reflexión compartida a partir de las propias experiencias personales. También se han presentado dos recientes publicaciones de la colección Aletheia, editada por la ATE, en Verbo Divino, de gran interés para quienes quieran seguir pensando estas cuestiones: SEIJAS, G. (2015): Mujeres del Antiguo Testamento, de los relatos a las imágenes y PICÓ, C (ed.) (2015): Resistencia y creatividad; ayer, hoy y mañana de las teologías feministas (que recoge las ponencias de las jornadas del año anterior).

http://www.asociaciondeteologas.org/