WhatsApp me ha metido al jefe en casa

Jorge Luis Rodríguez Oropeza: ¿El jefe en casa es una realidad incuestionable?

Es indiscutible que la mensajería instantánea ha pasado a formar parte de nuestras vidas; concretamente WhatsApp con sus 1000 millones de usuarios puede considerarse el líder en este modo de comunicarse. En 2016, en España el 98,1% de los encuestados en el Barómetro del CIS contestaron que utilizaban la aplicación; y aproximadamente la mitad la usa constantemente durante todo el día.

La posibilidad que este programa ofrece de comunicarse grupalmente no ha tardado en introducirse en el sector profesional. No nos referimos a los grupos informales de compañeros de trabajo, sino a las empresas o jefes que lo utilizan para comunicarse con sus trabajadores a cualquier hora y desde cualquier lugar. Esta inserción en el contexto laboral trae una serie de connotaciones sobre las que conviene reflexionar.

Urgencias a toda hora

En primer lugar, la incorporación de WhatsApp en el medio laboral ha permitido que se atribuya un carácter de urgencia a cosas que no la tienen; que se le agregue una especie de sincronía a comunicaciones que siempre han tenido un carácter asíncrono. Además, en estos grupos de WhatsApp intervienen personas con diferente horario de trabajo e incluso con diferente día de descanso. La suma de factores trae como resultado que, los trabajadores se vean imbuidos en un estado de conexión y atención permanente; como si estuviesen de guardia por algún servicio. La velocidad que le imprimen las conexiones a nuestras vidas nos hace estar en vilo para atender eventos que requieren atención inmediata, innecesariamente.

Todos con disponibilidad de directivos

El segundo punto, tiene que ver con la remuneración. Tradicionalmente, los esquemas de retribución en las organizaciones guardan relación con la responsabilidad; a mayor responsabilidad mayor remuneración, y dentro de la responsabilidad siempre ha estado la eventual disposición del trabajador a sacrificar fines de semana y tiempos de descanso: “viene con el puesto” suele decirse. Con la introducción del grupo de WhatsApp, este criterio no se aplica: la disponibilidad para atender mensajes a cualquier hora queda distribuida dentro del grupo a todos por igual, tanto a asalariados como a equipos directivos.

Conectados sin elección

¿Hemos elegido entrar al grupo que ha creado nuestro jefe? Este es el tercer punto a considerar. No elegimos entrar en el grupo, no podemos elegir postergar la contestación porque un tic azul delata nuestra falta, y por último, tampoco somos libres de decidir si abandonamos el grupo o no. Si salimos del grupo, nos exponemos a que sea examinado nuestro grado de compromiso con el equipo; incluso a que se nos califique como poco digitales. No hay elección, nuestro jefe se ha metido en el salón de nuestras casas, en el baño, en la cocina y ahora no sabemos cómo echarle.

A esto hay que sumarle que, estos grupos en la mayoría de las ocasiones no son iniciativas corporativas, no están dentro de la política de la organización ni la empresa los promueve. Simplemente, la empresa sabe de su existencia y mira para otro lado. De esta forma, se hace mucho más difícil combatir esta práctica.

Privados de vida privada

Por último, esta praxis condiciona y desfavorece nuestro sano derecho al descanso y al ejercicio de una vida privada. Decía Zygmunt Bauman que estar constantemente disponibles en un teléfono privado significaba no tener vida privada. Así como no suena lógico que llevemos nuestros niños a la empresa, porque nuestro trabajo requiere unos niveles de  concentración y dedicación que nos impiden atender al niño, tampoco es lógico que hagamos lo contrario.

Vivimos días en los que los tiempos de la vida personal y los de la vida laboral están imbricados de tal manera que la línea que los separa es débil y difusa. No obstante, debemos evitar convertirnos en lo que algunos estudiosos han llamado el empleado abrumado (Overwhelmed employee); una persona sobrecargada de información inmersa en un entorno laboral de conectividad plena (24×7) que no sabe cómo gestionar su trabajo y su vida personal, viendo comprometidas su productividad, su satisfacción personal y su compromiso con su entorno íntimo.


Imagen: estrategiaynegocios.net

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