Whass navideños

Llegadas estas fechas, asaltan nuestros teléfonos una buena cantidad de mensajes relacionados con las fiestas. El contenido de muchos de estos whass navideños es, frecuentemente, una imagen o un vídeo que el remitente ha localizado en la Red y ha personalizado a su gusto.

Los buenos deseos se distribuyen a un mayor número de personas gracias a las posibilidades que ofrece Internet y a la versatilidad de los aparatitos que llevamos encima. Es de agradecer que se acuerden de uno cuando no es posible quedar o poder charlar por teléfono o vídeoconferencia. El contenido positivo de los mensajes, en ocasiones por los buenos deseos y sentimientos que destilan, y en otras por lo que nos recuerdan acerca de las condiciones en las que algunos de nuestros semejantes viven o por lo que deberían ser realmente estas celebraciones de final de año y Natividad, es algo que no debemos minusvalorar ni tener por ñoño o vulgar.

Sin embargo, me pregunto si la sencillez de localización de los contenidos enviados, su facilidad de distribución, la abundante recepción por enlaces personales o a través de los grupos en los que se participa, y la facilidad de lectura (cuando es posible), ayuda a la reflexión y toca verdaderamente la fibra. Sin entrar en valoraciones sobre las motivaciones de estos whass navideños, su contenido y pertinencia, sí podemos decir unas palabras sobre los límites que la comunicación a distancia puede poner a la reflexión y a la transmisión de sentimientos.

  • La inmediatez de recepción de la información y de su carga afectiva no favorece la reflexión. A diferencia con una carta o con un correo electrónico, que requieren habitualmente lectura reposada y la contextualización del contenido, es frecuente que abramos estos mensajes sobre la marcha, prestando una atención disminuida.
  • Los envíos masivos impiden la personalización y favorecen el consumo de buenos deseos y recomendaciones estandarizados. Es poco frecuente recibir mensajes bien seleccionados, de los que hacen pensar y te detienen para hacerlo, de los que recuerdas al día siguiente.
  • En general, estos whass tienen una carga emocional que llega. Pero la velocidad de acceso impide en muchas ocasiones desarrollar un sentimiento consciente similar al de una conversación hablada, al de la recepción de una carta personal o incluso al de la apertura de una felicitación manuscrita en una tarjeta navideña.
  • Por último, la facilidad con la que pueden ser contestados estos mensajes, a veces con un simple emoji o un like, no da pie para que el remitente reciba a su vez la palabra cálida o el sentimiento de alegría que ha podido suscitar en los destinatarios.
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Con todo, estoy convencido de que el uso de la mensajería instantánea puede enriquecer el conocimiento y la reflexión, así como transmitir sentimientos positivos. Ahora, para hacerlo, convendría que cuidáramos más los mensajes que enviamos por los chats y las redes sociales en ocasiones como éstas. Es perfectamente posible y deseable adecuar a las posibilidades que ofrecen los recursos tecnológicos la riqueza de otras formas de comunicación. Así, sin mucho discurrir, ¿no es verdad que sería posible que en un mensaje breve se pudiera incluir la calidez del tono y frescura de la voz?, ¿o que el personal estilo de redacción y la selección cuidada de los términos lo hiciese más propio?, ¿o que la inclusión de un elemento audiovisual más personalizado lo convirtiese en más cercano? ¿Por qué no, incluso, no volvemos en lo posible a mandar mensajes personales?

Dedicar tiempo y mimo a estos pequeños whass navideños me parece una forma de ayudar a celebrar estas fiestas y a colaborar a que su mensaje de atención, cuidado y amor se plasme en pequeños gestos.

¡Feliz Navidad!

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