Wangari Mathai nació el 1 de abril de 1940. En el año 2004 obtuvo el Premio Nobel de la Paz “por sus contribuciones al desarrollo sostenible, a la democracia y a la paz”. Esta ecologista y activista socio-política fue la primera mujer africana en recibir este galardón. Debido a un cáncer, falleció en septiembre de 2011.

Nació y se crió en la zona rural de Kenia, tercera de una familia de seis hijos, siendo ella la primera de las hermanas. Estudió con las Misioneras de la Consolata en la escuela primaria de Santa Cecilia y posteriormente el bachillerato en la escuela femenina de Loreto. El apoyo familiar, la red educativa de la Iglesia y su propio esfuerzo personal lograron que su brillante inteligencia pudiera encontrar cauces para desplegarse. Hizo sus estudios universitarios en Estados Unidos: grado en Biología el 1964 y máster en Ciencias en 1966, para convertirse en la primera mujer del centro-este de África que obtuvo un doctorado, en 1971.

Incorporada a la Universidad de Nairobi como profesora, tuvo que hacerse hueco en un ambiente muy dominado por los varones. Sus trabajos de campo le llevaron de nuevo a adentrarse en su Kenia rural, descubriendo que lo que ella conocía como una zona verde y frondosa, se había convertido en terreno de monocultivo de café y té, seco y pobre, con malnutrición grave en buena parte de la población. Empezó a plantar árboles y así surgió en 1977 el Movimiento Cinturón Verde (Green Belt Movement), que promueve la participación y la responsabilidad para defender y crear un ambiente sano y una sociedad cohesionada y solidaria. Desde entonces, ha plantado más de 50 millones de árboles en Kenia.

Wangari siempre apoyó el empoderamiento de las mujeres a través de las organizaciones de base. Al mismo tiempo, estaba convencida de que era imprescindible un enfoque holístico que fomentase los valores. Concretamente, valores a favor del bien común, tales como el compromiso, la persistencia, la paciencia, la fidelidad y el amor por la juventud. Ella siempre vinculó su compromiso y su sentido de la vida con la visión espiritual y religiosa y, en concreto, con su fe católica.

Por ejemplo, en su discurso  para la Conferencia Nelson Mandela de 2005, aludió explícitamente al episodio de Pedro y Juan en el templo de Jerusalén, tal como lo narra el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 3, 1-10). Los dos discípulos se encuentran con un mendigo que les pide limosna. Ellos le hablan en primera persona y le dicen que les mire. Es un gesto de personalización, de humanidad, de relación renovada. Aquel hombre pasa a ser un sujeto empoderado, ya no un mero mendigo deshumanizado; puesto en pie, puede cuidarse a sí mismo con dignidad, auto-respeto y confianza. Y concluye Wangari Maathai, aplicando este texto a la realidad africana: “Caminad alejándoos de la ignorancia, la inercia, la apatía y el fatalismo. Caminad hacia el templo de la libertad económica y política, hacia un África libre de la pobreza deshumanizadora”. 

[Nota: buena parte de la información de esta entrada está tomada de Anne Munene, “Prof. Wangari Maathai; A Nobel Peace Prize Winner with a Big Heart for the Environment”, pp. 172-186 del libro Catholic Church Leadership in Peace Building in Africa, editado por Elias Omondi Opongo, SJ y David Kaulemu, Paulines, Nairobi 2014]