¡Vuelta al cole!

Loli Urizar Nieto

Educadora Fundación Hogar de San José

Ya estamos en septiembre y si eres niño, eso solo tiene un significado: la vuelta al colegio. El inicio del curso escolar es, para muchas niñas, niños y adolescentes (NNyA), un periodo que, por diferentes motivos, viven con preocupación y ansiedad: la primera vez que van al colegio, un colegio nuevo, nuevo ciclo, nuevo profesor…

La mayoría de estos NNyA,  tras un breve periodo de tiempo,  son capaces de adaptarse al nuevo contexto. En parte,  porque surge la figura del profesor como fuente de apego secundaria que facilita una experiencia de seguridad a los NNyA. El profesor pasa a ser para el niño  la representación del mundo adulto en la clase, la base segura, disponible e incondicional, que facilita el aprendizaje y puede transformarse en una figura de apego seguro.

El profesor, para transformase en una figura de apego seguro, debe conocer a sus alumnos, debe interesarse realmente por ellos, confiar en ellos, generar espacios donde se dé intimidad, acogerlos y derivarlos cuando sea necesario.

A nivel de institución, el colegio, para transformarse en una figura de apego seguro, debe desarrollar un clima en que los niños se sientan pertenecientes, apoyados y seguros, favorecer relaciones positivas con los pares, respetar y valorar a sus alumnos.

Con respecto a la relación con los compañeros, un apego escolar seguro se relacionará con la existencia de respeto, confianza, valoración mutua, relaciones de cercanía, de disfrute, de complicidad y pertenencia, entre otras.

La mayoría de los niños víctimas de malos tratos padecen una alteración en el establecimiento del vínculo, precisamente porque el daño que han recibido trastorna la capacidad de establecer relaciones positivas, sanas y constructivas. Si ofrecemos a los niños la oportunidad de desarrollar apegos seguros en el contexto de una relación que los propicie, los resultados son positivos en términos de desarrollo emocional, social y en cuanto a la competencia cognitiva.

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Los niños víctimas de experiencias de maltrato, abandono, negligencia… requieren unas atenciones educativas especiales que no siempre reciben, probablemente porque se desconoce la dimensión de su problema, esto es, la afectación de la dura experiencia de malos tratos a toda la persona en todas las áreas: desarrollo, inteligencia, emociones, socialización… Es por eso que el colegio puede convertirse en una experiencia resiliente para el niño o en una fuente de estrés. El sistema educativo tiene una gran responsabilidad en este sentido. Debe ofrecer a estos NNyA los medios humanos y materiales necesarios  para atender sus necesidades.

El actual modelo educativo se centra en los problemas que distorsionan el proceso de enseñanza-aprendizaje lo que no permite, en la gran mayoría de los casos, poner en relación las dificultades de los NNyA con los factores que emergen de sus contextos relacionales y sus historias de vida.

Los estudios científicos y las opiniones de reputados expertos en trauma crónico y desarrollo apuntan a que las relaciones de apego seguras programan el cerebro adecuadamente, sobre todo el cerebro emocional, esa central de procesamiento de las personas y el mundo que nos rodea, responsable de valorar lo que acontece y darle un significado, así como de regular las propias emociones y comprender las emociones e intenciones sociales de los otros.

Un niño que crece en un entorno de buenos tratos desarrollará un cerebro organizado y será un niño organizado. En un niño que se desarrolla en un ambiente de malos tratos o de abandono, el cerebro no se organiza. Más bien podríamos decir que se desorganiza como una forma de adaptación a unas pautas mal tratantes. Pero fuera de ese contexto, esas estrategias resultan claramente desadaptativas para el niño.

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Este entorno de malos tratos aboca al niño a comportarse, sentir y pensar de la única manera que ha aprendido a hacerlo en ese entorno para garantizar su supervivencia. Fuera de ese entorno, la gran paradoja de estos niños, y su gran sufrimiento, es que lo que aprendieron lo trasladan a sus relaciones con el profesor, los compañeros… y resulta desadaptativo a todas luces. No saben aprender y relacionarse bien por ellos mismos. Cuando el adulto desaparece, es cuando más surgen los problemas porque no han desarrollado una guía interna que organice responsablemente su comportamiento.

En resumen, el niño no estudia ni se comporta adecuadamente porque no puede ni sabe hacerlo de otro modo. No es una cuestión de mala voluntad ni de prejuicios como maldad del niño, desinterés, vagancia… Lo que es recomendable, y funciona, es asumir que es un niño con necesidades educativas especiales, que precisa de nuestra ayuda mucho más que cualquier otro, y además, que esa ayuda la va a necesitar durante mucho tiempo.

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