Cuando se publique este escrito se estarán celebrando votaciones en el Reino Unido, que ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea en 1973 junto a Dinamarca e Irlanda, para ver si se queda o se va de la Unión Europea. Tres días después se repetirán las elecciones para la elección del Parlamento en España, que es el que elige el presidente del Gobierno y derivadamente el propio Gobierno. En febrero de 2005 los españoles votaron  a favor del Tratado que establecía una Constitución para Europa (77% síes), aunque con la participación más baja de cuantas ha habido desde la restauración de la democracia. En todo caso, el proyecto fue rechazado por los electores de Francia y Países Bajos semanas más tarde y se abandonó. En el último año y medio ha habido en la Unión Europea elecciones generales o presidenciales en Grecia, Estonia, Finlandia, Reino Unido, Polonia, Dinamarca, Croacia, Austria, además de las de carácter regional y local de otros tantos países.

Más allá de los resultados, lo que se percibe es que los distintos países y partidos  plantean medidas a escala nacional con escasa o nula conexión con la Unión Europea en la que están integrados. Y es que en realidad no hay un proyecto europeo, un planteamiento común de los valores que dan entidad a la Unión Europea y se proyectan hacia el resto del mundo. Sin ese proyecto la Unión Europea se convierte en un conjunto de órganos político-administrativos que exigen ciertas restricciones para evitar su desaparición. Las fronteras europeas se han convertido en unos muros de contención de emigrantes y refugiados; y las relaciones con los vecinos del Mediterráneo, de Oriente Próximo y de Rusia y el área euroasiática son también, fundamentalmente, de carácter defensivo. Respecto a Latinoamérica, con la que España debería haber contribuido a que hubiese una política europea, las relaciones se han desdibujado y se habla casi sólo de la crisis venezolana. Con Estados Unidos, el principal aliado europeo, existen numerosas reticencias respecto al Tratado que se está negociando (TTIP), limitado por otro lado a cuestiones estrictamente comerciales y económicas. Y con el mundo árabe predomina el miedo al terrorismo islámico sin que se planteen otras alternativas.

Acogida

La Unión Europea sigue afirmando que es una firme promotora de los derechos humanos y sociales, de la democratización y la paz mundial. Sin embargo, su contribución y ejemplo en ese sentido es muy pobre cuando no contraria a esa declaración. Y no es sólo un problema de los políticos o clases dirigentes europeas, en gran parte de los europeos se ha instaurado un exacerbado individualismo cuya principal reivindicación es “qué hay de lo mío”. Ciertamente hay muchas personas e instituciones que están realizando una magnífica labor y entregando sus vidas por los demás en el día a día dentro de Europa y en las fronteras y escenarios más difíciles y controvertidos. Pero eso no logra transformar ese ambiente enrarecido y de repliegue sobre nosotros mismos que domina el espacio europeo.

No sólo es un problema de contenido de los programas y discursos de los partidos. Es, sobre todo, una cuestión de actitud de los candidatos y de los votantes. En la Europa de entreguerras se impusieron, en muchos casos por elección democrática, Gobiernos autoritarios en prácticamente todos los países, entre ellos el de Hitler en Alemania. Si lo que se valora es el éxito del dinero, el prestigio de los que triunfan y el poder de los que consiguen apoyos de las instituciones dominantes se elegirán a representantes poseídos de sí mismos que acabarán por aprovechar los cargos para beneficio propio. Sólo si empezamos a valorar a los que dejan de creerse el centro de todo (renunciar a sí mismos), son cercanos a los avatares de la vida cotidiana (llevar su propia cruz) y ponen por delante al “otro” (siguen a los que entregan su vida por de los demás en vez a los que buscan enriquecerse), cambiará la atmósfera social en que vivimos. Retornará la alegría que canta la letra de la oda de Schiller, que corresponde a la música del himno europeo (último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven):

¡Oh amigos, no en esos tonos! /  Entonemos otros más agradables /  y  llenos de alegría /  ¡Alegría! Alegría!

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¡Abrazaos, millones de criaturas! / ¡Ese beso, para el mundo entero! / Hermanos sobre la bóveda de estrellas /

tiene que habitar un padre amante. / ¿Os prosternáis, millones de criaturas? / ¿Presientes tú, oh mundo, a tu Creador? /

Búscalo más arriba de la bóveda de las estrellas / ¡Sobre las estrellas tiene Él que habitar!

Viñeta de El Roto, tomada del diario El País, 20 de junio de 2016: http://elpais.com/elpais/2016/06/19/vinetas/1466348273_360761.html