Volver a pensar lo humano

Del 18 de julio al 21 tuvo lugar en la península de la Magdalena de Santander, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, un curso de verano, dirigido por Juana Sánchez-Gey Venegas.  Se trataba de la IV Escuela de Humanidades, Metafísica y Mística “Fernando Rielo”; y tuvo como eje conductor de las ponencias y mesas redondas el siguiente lema: “Retos para un nuevo humanismo. Pensamiento, arte y educación”. Tuve ocasión de participar la tarde del propio día 18 en una mesa redonda dedicada a dilucidar la cuestión que el título anunciaba: “Retos del humanismo para la Filosofía”. Al día siguiente, impartí una conferencia-coloquio que, en su día, había decidido titular: “Repensar la Humanitas en tiempos de anti humanismo”. Sobre lo que conté en esta conferencia prometo hablar en el próximo articulito. El de hoy, dedicado a o santo apóstolo Santiago, patrón de España, lo dedicaré a alguna de las intuiciones desgranadas en mi turno de intervención.

Cuando me tocó terciar en la mesa redonda, traje a colación una serie de asuntos que me parecen claros y que creí que merecían ser expuestos con sinceridad. Hice mención a algunos de los desafíos que el humanismo del siglo XXI plantea a la Filosofía en los dominios culturales,  éticos, político, científicos y, sobre todo, epistémicos y lógicos.

Compartí, por ejemplo, perplejidades respecto a cómo es posible que -pongamos por caso, la Economía o el Management, por llevar el toro al terreno donde mejor me encuentro-; digo que cómo es posible que se caiga en falacias de tal calibre como, por ejemplo, el retrato robot de un inexistente y nefasto homo oeconomicus…: racional, calculador, maximizador de utilidades, egoísta y cortoplacero… Como dirían por la parte de Pelúgano y Collanzo, allá por el conceyu d’Aller: ¿A ú lu?, que se vierte al castellano por: “dónde está?”… ¿Dónde hay un bicho tal? Respuesta: ¡En ninguna parte!… Y seguimos erre que erre con la misma monserga…

Sí… Ya lo sabemos: sé que se trata de esquemas que se ponen en marcha de manera artificial para tratar de captar una realidad complejísima, como es la de la acción humana en su derivada económica… ¡Lo que quieras!… pero, ¿por qué será que, a fin de cuentas, este recurso acaba obnubilando a los constructores de modelos, y los lleva a confundir el retrato con la persona; el original con la copia… y los hace olvidar que habían empezando con unos caveat que ahora desatienden? ¿Dónde están aquellos “supongamos…”; aquellos “esto sería como si…”?;  ¿qué se fizo del caeteris paribus, cuando, por lo demás, desde los tiempos de Heráclito de Éfeso, apodado El Oscuro, sabemos que panta rhei, que todo fluye y nada –caeteris– permanece constante ni –paribus– a la par…?

Si pensar es difícil… pensar bien es un milagro. Pero un milagro inaplazable, absolutamente necesario. Y más, en el día de hoy

Tras empezar asumiendo como axioma propio -y por tanto, indemostrable- el dato de que el humanismo merece la pena; que siempre -en mi opinión- la mereció; y que espero que la siga mereciendo en el porvenir… llamé la atención del auditorio hacia aquel esquema triangular de Wilhelm Dilthey que -ofrecido por vez primera por José Gómez Caffarena, allá a finales de los años setenta, como quien levanta una buena liebre- me viene sirviendo como aguja de marear y de mapa mental para orientarme en el mar proceloso de los pensadores y de las corrientes filosóficas.

El esquema, cuyos polos extremos jamás se encuentran químicamente puros en la realidad, apunta a tres maneras irreductibles de estar en el mundo; a tres formas distintas de ver y valorar las realidades; a tres modos complementarios de abordar desde la reflexión los problemas filosóficos. Asumido y supuesto lo anterior, entonces, viene como rodado una suerte de liberalismo epistemológico que anima a respetarnos… o, por decirlo con la sabiduría honda de mi amigo Luis Martínez Álvarez, profesor de Filosofía en el instituto de Tarancón, a hacer nuestro el motto aquel que recomienda que “hay que dejar a cada uno con su marcha”…

Si no recuerdo mal -no tengo a mano el libro, ni modo alternativo de averiguarlo- era en La teoría de las concepciones del mundo donde Dilthey, además de dejar fijado el potente concepto de las Weltanschauungen, venía a insinuar que hay una cuasi querencia instintiva por un tipo u otro de orientación filosófica. Según ello, el talante vital de cada quien lo aproximaría, ya hacia el polo representado por el Naturalismo, bien hacia el propio del Idealismo Objetivo, o tal vez hacia aquél con el que yo, personalmente, más a gusto me siento, y que Dilthey rotulaba como Idealismo de la Libertad.

Ya dije que, si acaso es posible identificar de manera aproximada algunas cabezas de serie –Aristóteles para el Naturalismo, Schelling para el Idealismo Objetivo, Kant para el Idealismo de la Libertad-, lo normal es que cada uno de los filósofos -y cada uno de nosotros mismos-, más allá de las fluctuaciones inevitables que la vida nos va exigiendo, estemos más aquerenciados hacia alguno de los ángulos de esa figura ideal… más o menos cerca de alguno de ellos, pero -como no puede ser de otra forma- compartiendo también aspectos y haciendo propios rasgos de los otros.

Yo, comentaba, me ubico -lo declaro, pero ni puedo ni quisiera demostrarlo- axiomáticamente y lo más cerca posible que en mi mano esté, en el punto donde se vienen concitando desde que hay capacidad de razonar los idealistas de la libertad… los que asumimos como deseable y bueno el humanismo; quienes, en suma, queremos seguir siendo humanos… sin miedo a que incluso se nos moteje, a lo Nietzsche de “demasiado humanos”. Ni infrahumanos -y animalistas- ni partidarios del Übermensch, que ya sabemos qué leche da esa vaca… Simplemente hombres que aspiran a serlo plenamente y a llegar a la cumbre más elevada posible mediante el quehacerse

Volveré sobre el punto, como dije más arriba, en el post de la siguiente entrega, cuando dé cuenta de algunas de las ideas que hube de hilvanar al día siguiente al apostar por el mantenimiento de lo humano en tiempos de anti humanismo. De momento, debo añadir algunos párrafos más que recojan mi intervención en la mesa redonda que nos viene ocupando hasta aquí.

Constaté -ya va también insinuado- un evidente déficit de pensamiento. No sé si a rebufo de lo que años atrás se diera en llamar pensamiento débil; ignoro si por pereza, por miedo a desentonar en el coro de las ranas que cantan a la luna… quiérese decir, en el bien concertado orfeón de los bien pensantes y los maestros de lo políticamente correcto; no sé si por acomodación complaciente, o por cualquier otra buena razón, que seguro la hay, lo cierto es que -al menos según yo lo veo- se piensa poco y se piensa mal.

Dan ganas de parafrasear a Kant en Was ist Aufklärung? y cambiar la consigna que él atribuía a la Ilustración -el famoso Sapere aude, el atrévete a saber- por el más básico aún que podríamos rotular -al menos, de manera provisional hasta que un buen latinista nos la dé de paso-, como Cogitare tentaIntenta pensar…

Claro que , como para compensar, eso sí, se opina de casi todo, a golpe de Twitter y de no más de quinientos caracteres… si acaso. Se pontifica sobre lo divino y lo humano -vaya: ¡es un decir!, que ya yo ver convertido en realidad-, sin dar una sola razón concreta… y, si a mano viene que alguien ose -no ya poner dique, basta tan sólo con que se atreva a- cuestionar alguna de las tesis no fundamentadas… ya sabemos -lo experimento personalmente en carne propia con más frecuencia de la deseable- que tiene el díscolo que estar dispuesto a aguantar que lo llamen fascista y machista… sin más razón ni más cuenta… Así, ¡con un par!… ¿Y en sin enmendase, que diría el taurino!

¿Qué le vamos a hacer? Mira que, de mano, asumo con buen grado aquello de Terencio en el Heuatontimerumenos de que “homo sum, humani nihil a me alienum puto” (soy hombre y nada de lo humano me resulta ajeno)… Pero, a veces -muchas veces- me asalta la duda de si seré del mismo pelaje humano que aquellos cantamañanas y gilipollas a los que me acabo de referir, avezados a tirar la piedra y esconder la mano, a golpe de consignilla, de exabrupto y de estrategia tan vieja como que es de los años treinta del pasado siglo en que el Komintern  ordenaba zanjar la cosa por las buenas con el socorrido “¡facha!”, como lo de Blas y el punto redondo.

Por cierto. Para los ignaros o muy jóvenes, apunto que Komintern es una abreviación que viene del idioma ruso y que está por Kommunistícheskii Internatsional, y que hacía referencia a la Internacional Comunista, o sea, la Tercera Internacional , fundada por Lenin en 1919, al margen de la Segunda Internacional. Din que disolvióse durante la Segunda Guerra Mundial, como gesto de buena voluntad de los soviéticos con respecto a los Aliados…

Mira que ya llovió y aún andamos -andan los que andan, en plan marioneta, sin saber a ciencia cierta lo que dicen o a lo que responden- con estos lodos… Es exactamente la misma cosa que cuando yo era guaje en mi Asturias natal. ¿Cómo era que todos los perros que yo conocía -con excepción de la Tula de casa de mi abuela y del perro de Castorín el de Pepitón, que atendía por Pituse llamaban idefectiblemente Trostky?  Tardé mucho en separar el nombre, del animal… Por cierto, algo parecido intentaron por aquí los asesinos de la ETA y sus mamporreros cuando llamaban txacurras a los guardiaciviles

De todas maneras, como ya tengo descontado que haya quienes me insulten de forma gratuita, seguiré haciendo lo que creo que debo hacer: mantenerme yo tolerante y exigir, con toda asertividad del mundo, que me dejen expresar mis convicciones, pese a que no gusten a quien sea… La tolerancia, tal como la entiendo, es un ejercicio dialógico en busca de la verdad; y dista de la indolencia del ¡qué más da!, tanto como del fanatismo de cualquier tipo, incluido el del pensamiento único y del velis nolis o por cachabas…, por decirlo con un piadosismo divertido…

Suscribo de  la cruz a la raya aquello del maestro Gustavo Bueno cuando decía que esto de la tolerancia venía a quedar bien planteado con un simple ejercicio de álgebra de cuando nuestro bachillerato elemental. Si más por más da más; y más por menos, menos. Si menos, por más equivale a menos ; y menos por menos, a más… La tolerancia de la tolerancia es tolerancia; la tolerancia de la intolerancia, equivale a intolerancia; la intolerancia de la tolerancia significa intolerancia… y la intolerancia de la intolerancia viene a sentar la tolerancia…

Como dijo el pasado domingo el cura en el sermón: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”.

Por mi parte, y dicho lo que va, trataré de seguir exponiendo con educación mis puntos de vista, a la vez que rezo para que la simpleza de quienes vienen manejando el altavoz no me acabe llevando a desenganchar y -sumándome a la corte de los indiferentes, eso sí, so capa de tolerante- empiece a entonar aquel cantar tan bonito que Lugín nos recordaba en La Casa de la Troya: ¡Que yos den, que yos den bertorella!

Pues bien, en la mesa redonda de Santander vine a decir que el mayor de los retos que el nuevo humanismo -habrá que ver en qué haya de consistir un humanismo a la altura de los tiempos- está lanzando a la Filosofía es el de que ésta siga operativa y no renuncie a la humilde tarea que la lleva a seguir manteniendo su carácter ancillar; pero ahora ya no como criada que lleva la cola del elegante vestido de la Teología, sino más bien como ancilla vitae; como sierva de la vida que levanta el alto un farol -como el de Diógenes, por lo menos; si no como el de Ramón Mañas Pascual que, ahora trapense, años ha, cuando estaba en el siglo se quejaba de que le habían de poner uno junto a dos quinqués en no recuerdo dónde– para ver si conseguimos iluminar un tanto el camino por donde nos estamos metiendo. Pues lo cierto es que nos toca vivir una vida aceleradísima, de un desbocado corre-corre al ritmo vertiginoso y mareante de un progreso tecnocrático que junto a los indiscutibles puntos fuertes, tiene también su contrapunto de negatividad que habría que sopesar con prudencia.

En la próxima colaboración daré somera cuenta de lo que expuse en mi conferencia sobre la necesidad de repensar la humanitas en tiempos de anti humanismo. Para ello, habré de delinear los rasgos clave del posthumanismo y el transhumanismo…

-¡Ay que joderse, compadre!… ¡Y que nos hayan negado financiación para un proyecto dedicado a volver a pensar lo humano a estas alturas de la película!… ¡Con lo interesante y necesario que es este asunto, que hasta el antiguo General de la Compañía de Jesús -el Padre Adolfo Nicolás– nos instaba que lo estudiáramos a fondo!

– Eso es lo que tiene la cosa, cuando se junta el poder -todo lo legítimo que se quiera suponer- con la discrecionalidad obtusa y arbitraria

– ¡En fin!. ¡Dios dirá!… Yo, ciertamente, pienso seguir en la brecha. De momento en la próxima colaboración algo adelantaremos…

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here