Volver a los 17…

Joaquín Solá Lario
Coordinador del Área de menores de jesuitas social.
Coordinador del programa de juventud de la Fundación Hogar de San José en Gijón.

“Volver a los 17” es el título de una canción folclórica chilena que Violeta Parra y Mercedes Sosa popularizaron hace años. Es una canción que habla de sentirnos jóvenes y capaces de volver a reinventarnos con frescura. Pero traigo ese título no para hablar de la necesidad de volver a las fuentes vitales de cada uno, sino del miedo que tienen algunos a crecer. “Ah bueno, principio de Peter Pan”; no, extutelados. Me refiero a “los niños del gobierno”, y no es una metáfora.

En el actual sistema de protección de menores, hay la posibilidad de que el Gobierno autonómico decida que un menor pase a depender de la tutela del gobierno autonómico (a través de una declaración de desamparo). Esto es así en el caso de que el sistema de servicios sociales de base considere, en base a unos criterios objetivos, que en ese domicilio no se dan las condiciones necesarias para la seguridad del menor (para un crecimiento sano, adecuado y seguro). Esto se produce siempre que no se pueda solucionar por otros medios de acompañamiento externo.

En cualquier caso, por las razones que se consideren necesarias, tenemos a 25.952 menores viviendo al amparo de Gobiernos locales (datos tomados del boletín estadístico del observatorio de la infancia de la “Dirección General de Servicios para la Familia y la Infancia “, datos de 2015). Aproximadamente el 40% viven en centros de protección. El caso es que de estos menores, algún día dejan de serlo al cumplir 18 años. Y en un país en el que las estadísticas dicen que se deja el hogar familiar a los 29 años, los que dependen del Gobierno son expulsados en muchas ocasiones del domicilio familiar (el que el tutor legal pone a su disposición) a los 18 años, e invitados a buscarse la vida por su cuenta a partir de entonces.

Es por ello que muchos de estos jóvenes están deseando volver a los 17, o a los 16, o a los 15… para poder seguir en un entorno seguro más tiempo. Llevo años trabajando en centros de protección a la infancia. Un proceso que conocemos bien los que allí trabajamos la definía bien una compañera educadora: al cumplir los 17 años (más o menos), muchos de los jóvenes que viven con nosotros empiezan una dinámica de regresión. Parece que se olviden de habilidades que tenían conocidas y afianzadas; y es que saben que ese día de cumplir los 17 empieza la cuenta atrás (tic-tac): sólo les queda un año para tener que ser adulto, y comportarse como tal.

Es cierto que ahora está “algo de moda” en los servicios sociales el mirar a esta realidad. Los últimos años están aumentando los recursos generados para acompañar a estos jóvenes. Pero al final una buena parte de ellos se quedan sin apoyo suficiente para mirar su futuro. Lo que no hace ningún padre, lo acabamos haciendo todos los ciudadanos a través de nuestros órganos de Gobierno. Y es que es poco rentable políticamente invertir en aquellos que apenas nos dan a dar votos…

Se trata en definitiva de buscar medios para que estos jóvenes no vivan durante años deseando “volver a los 17″…

 

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