Vivienda Digna para Todas las Personas

Un año más, finales de noviembre nos trae el Día de las Personas Sin Hogar. Un año más, esta realidad sigue presente, aunque siempre en el último plano, rodeada de la indiferencia e incluso el rechazo de gran parte de nuestra sociedad. Como si estas personas no tuvieran nada que ver con nosotros, como si no compartiéramos una humanidad común. Solo desde ahí se puede entender que tengan eco los discursos y prácticas que les atacan queriendo quitarles de en medio, como si fueran tan solo una molestia que hacer desaparecer.

Vivienda digna para todas las personas
Vivienda digna para todas las personas

Pero, ¿qué es exactamente una persona sin hogar? ¿Es simplemente la imagen del “mendigo” que deambula por las calles y que algunos sólo parecen reconocer cuando le ven con un cartón de vino cerca? ¿Qué hay más allá de este estereotipo? Según  FEANTSA (Federación de Asociaciones Nacionales que trabajan a favor de las Personas sin Hogar) se trata de «personas que no pueden acceder o conservar un alojamiento adecuado, adaptado a su situación personal, permanente y que proporcione un marco estable de convivencia, ya sea por razones económicas u otras barreras sociales, o bien porque presentan dificultades personales para llevar una vida autónoma”. Esta misma entidad ha desarrollado una tipología llamada ETHOS que propone 4 categorías diferentes de personas sin hogar: sin techo (quienes viven en la calle), sin vivienda (habitando refugios, alojamientos temporales o instituciones), vivienda insegura (cuando no se tiene contrato de la misma, se está en proceso de desahucio o se sufre violencia en la familia) y vivienda inadecuada (chabolas, vivienda insalubres y hacinamiento).

Leo estas definiciones y se me agolpan los recuerdos de todo lo compartido hasta ahora en la Asamblea por una Vivienda Digna para Todas las Personas que promovemos desde ATD Cuarto Mundo desde hace dos años.

Me acuerdo de Alberto, que comenzó hace 10 años su peregrinar junto a su mujer y sus hijos, primero por casas de familiares, luego por viviendas vacías que ocupaban, reparaban (pues el abandono en el que las encontraban era grande) y llenaban de vida al ir creciendo la familia. Durante este tiempo ha hecho lo posible por presentarse a las diferentes convocatorias de vivienda pública que salían. Pero nada. Ninguna puerta abierta. Han vivido ya tres desalojos que les obligaron a recomenzar de nuevo mientras trataban de mantener en lo posible una estabilidad para sus hijos en relación al colegio y los amigos, pese a tener que cambiar de barrio e incluso de municipio buscando un nuevo espacio vacío en el que poder refugiarse. Cada vez es más difícil. La ley se ha endurecido, y como ya fue denunciado por usurpación anteriormente ahora no se atreve a abrir él mismo la casa, sino que paga a otros para que lo hagan. Sabe que si le vuelven a denunciar puede ir a la cárcel y ¿qué será entonces de su familia?

Pienso en Pedro, que lleva más de quince años en la calle y sabe de su dureza, pero también de la solidaridad que es posible entre quienes la habitan. Ha pasado por todo tipo de recursos asistenciales y cada vez cree menos en ellos. Se siente tratado como alguien de segunda, atado por normas que le hacen sentir como si fuera menor de edad y sin ser tenido en cuenta a la hora de proponer ideas de cómo organizar mejor el alojamiento y la convivencia.

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Poblado de Las Sabinas (Móstoles)

Me pregunto también cómo estarán en Las Sabinas (Móstoles), un barrio de chabolas y casas bajas donde 376 familias están pendientes del proceso de desmantelamiento del barrio anunciado por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Móstoles hace dos años. Muchas de las familias no cumplen con los requisitos establecidos para ser realojadas, entre ellos el de estar empadronados con anterioridad a 2009. Hace más de un año que las familias entregaron los papeles y viven en la más absoluta incertidumbre: no saben si serán o no realojadas, ni cuándo, ni dónde. Entre tanto, siguen sintiéndose abandonadas por las instituciones, sin acceso a luz, red de agua potable, recogida de basuras o transporte público.

Son realidades que a primera vista pueden parecer muy diferentes, pero que si miramos en profundidad comparten elementos comunes: los márgenes y la invisibilidad para el resto de la sociedad; el no reconocimiento como ciudadanos y ciudadanas con los mismos derechos que los demás; la ausencia de alternativas efectivas y adecuadas para su situación; el hecho de que nunca se cuenta con ellos para diseñarlas y ponerlas en marcha; la culpabilización que recae sobre sus espaldas cuando rechazan o no consiguen mantener el esfuerzo que supone adecuarse a estas soluciones parciales que se les ofrecen.

En una reunión con la directiva de la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid hace un mes, cuando expresábamos nuestra preocupación por las familias de las Sabinas que no cumplen los requisitos para ser realojadas, la respuesta que obtuvimos fue contundente: “Podrán pedir casa y conseguirla pronto. En Madrid, quien no tiene casa es porque no quiere o no sabe pedirla”. José, que sabe lo que supone quedarse fuera de un realojo porque a él le pasó en el del Pozo del Huevo en el 2002, contestó tajante: “A estas familias se les va a condenar a lo mismo que a mí: a buscarse la vida como puedan durante años y años, sin encontrar nunca una solución. Todos los años he hecho la solicitud de vivienda, y nunca he conseguido nada”.

Precisamente por eso es imprescindible contar con la experiencia y el conocimiento de quienes siempre son dejados al margen: porque nos señalan lo intolerable, porque no nos permiten abandonar a nadie a su suerte, desentendernos de quienes tienen menos fuerzas. Porque nos empujan a buscar, juntos, soluciones que de verdad lleguen hasta el final, sin dejar a nadie atrás.


Texto de Dani García (Asamblea Vivienda Digna para Todas las Personas). Hasta que no pongamos los medios para construir alternativas efectivas junto con quienes más sufren la exclusión habitacional, el derecho a la vivienda será una quimera inalcanzable. Por eso presentamos el proyecto “Realojando Derechos. Diagnóstico y Alternativas desde la extrema pobreza en la lucha por la vivienda”, un trabajo de investigación-acción sobre políticas de vivienda con colectivos en gran exclusión,  para el que buscamos apoyo a través de una campaña de crowdfunding.

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