Miguel García-Baró nos propuso en clase visitar la Sinagoga de Madrid. Después de algunos ajustes en fechas, por fin tuvimos oportunidad de ir el viernes pasado. Muy amable, el rabino Moshé Bendahán nos introdujo al lugar y nos explicó en qué consiste el Arvit o Maariv, oración judía que se recita después de la puesta del sol, antes de comenzar el Shabat.

Para entrar a la sinagoga, los varones nos pusimos la kipá o kippot sobre la cabeza, una especie de solideo parecido al que usa el Papa. Para seguir los rezos, nos prestaron un libro con plegarias hebreas del lado derecho y la traducción al castellano del lado izquierdo. Una de las primeras oraciones fue el Shemá (Deuteronomio 6, 4) que dice: “Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno”. Trataba de seguir lo escrito en el texto, pero a ratos prefería cerrar los ojos y oír el idioma que escuchó Jesús en el Templo.

Los griegos, en la antigüedad, observaban que las plantas no eran como las piedras, sino que tenían vida. Los animales también tenían vida pero, a diferencia de las plantas, se movían. Nosotros los seres humanos, a diferencia de los animales, hablamos, tenemos el lenguaje, la palabra. Esta palabra se veía como un regalo de lo Alto, a través de ella podemos comunicarnos con los demás y hablar a Dios. Para el pueblo judío la Torá o Torah contiene la Palabra de Dios y a través de ella se comunica con nosotros. El núcleo de la Torá son los cinco libros del Pentateuco escritos por Moisés, quien recibió la revelación directamente del Señor en el monte Sinaí, según la tradición. Para los cristianos, la revelación está presente en la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) y especialmente en Jesús, el verbo -la palabra- hecho carne.

La importancia, solemnidad y reverencia con que se trata a la Torá en la liturgia judía es semejante al trato que damos los católicos a la Eucaristía. Cuando los rollos de la Torá son sacados para su lectura y llevados al Tebá o Bimá (plataforma), se escucha el tintinear del Tapujim (remates ornamentales) que mucho recuerdan al sacristán tocando la campana mientras el sacerdote camina llevando las formas consagradas rumbo al Sagrario. Estamos ante lo Sagrado. Cuando el lector desenrollaba la Torá, recordé aquel pasaje del Evangelio (Lc 4, 17) donde Jesús, en la Sinagoga de Nazaret, hizo lo mismo. Aquel sábado le dieron el libro del profeta Isaías, lo abrió y encontró la parte donde está escrito: “El Señor ha puesto su Espíritu en mí, me ha enviado para anunciar las buenas noticias a los pobres”.

En clase, con Olga Belmonte, hemos estudiado a varios filósofos judíos, por ejemplo, Emmanuel Levinas (1906 – 1995), quien estuvo preso durante la segunda guerra mundial. En su manera de plantear la ética, intuyó un hallazgo: Dios se comunica sin palabras. La revelación acontece en el silencio a través de la mirada del otro. Es el otro quien me interpela y me cuestiona, especialmente en el rostro del huérfano, la viuda y el extranjero (Deuteronomio 10, 18). El rostro indefenso activa –desafía- mi consciencia y mi responsabilidad ante quien está en situación vulnerable. Está escrito en la ley de Moisés: “no matarás”. Levinas lo formula de la siguiente manera: La mirada del otro me dice: “no me matarás”, ni me tratarás jamás como medio para tus fines.

Quedo muy agradecido con el Rabino Moshé y con la comunidad judía de Madrid por habernos permitido compartir la oración. Tenemos mucho en común. Quedo también muy agradecido con Miguel García-Baró por su invitación y por su labor ecuménica. Por cierto, en la mesa donde se pone la Torá, había una oración en hebreo que Miguel nos ayudó a traducir: “Acuérdate que estás ante el Señor”.

Simone Weil (1909 – 1943) fue una pensadora judía que dejó que la Palabra habitara en ella. Tiene una frase que me gusta mucho: “Amar a alguien es preguntarle: ¿qué te duele?”. Vaya un agradecimiento también a Simone Weil y a Emmanuel Levinas por recordarnos que en el otro nos habla el Otro.

@elmayo

Sobre estos temas, recomiendo una película: Vete y vive (Va, vis et deviens, del director Radu Mihaileanu). En México se tradujo como: Camina sin mí). Aquí el tráiler: