Es como una auténtica batalla de boxeo, como uno de esos juegos de videoconsola donde dos personajes poderosos se enfrentan en una pelea que dirimirá el vencedor final del torneo. Cada luchador tiene sus propias características y viste con un color diferente. Es la batalla de las batallas en la red, la lucha por la primacía de la verdad o la mentira, el épico enfrentamiento entre dos fuerzas tan distintas y, a la par, tan cercanas la una a la otra.

De un lado, tenemos a Virtual. Viste bata roja brillante con terminaciones en oro. Es atractivo y desprende un aroma hipnotizante. Su poder radica en el conocimiento que tiene sobre ti. Virtual es un destructor de guante blanco. Conoce tus necesidades, tus heridas, tus anhelos, tus sueños no conseguidos. Virtual conoce tus puntos débiles y tus lugares más oscuros.

Por el pasillo contrario, aparece Digital. Viste bata azul, sobria, sencilla. Desprende un encanto escondido, un aroma fresco. Su poder radica en la verdad que desprenden todos sus movimientos, sus palabras, en la franqueza de su mirada. Sabe quién eres y para qué estás aquí; conoce lo mejor de ti y lo que eres capaz de hacer. Digital conoce tus dones y la luz que llevas dentro.

No todo el mundo es consciente de que cada vez que participamos en la red, cada vez que nos hacemos presentes, esta batalla tiene lugar. Muchos siguen intercambiando los papeles y confundiendo entre Virtual y Digital, como si ambos fueran iguales. La confusión está servida entre educadores, padres, periodistas, sacerdotes, informadores, técnicos…

Virtual nos conduce irremediablemente a la falsedad. Por eso, ¡claro que el “mundo virtual” es algo poco aconsejable! Pero el mundo virtual no pertenece al alma de la red, ni siquiera es propiedad exclusiva de la misma. Hay gente falsa. Los conocemos. Personas que se esconden en caretas y disfraces de aquello que les gustaría ser, o de aquello que a ti te gustaría que fueran. Hay personas que se relacionan desde su mentira más profunda. Y están en todas partes: en el trabajo, en la escuela, en la familia, en el vecindario… también en la red.

Digital nos trae una apuesta por ser lo que realmente somos, por una visión unitaria e integral, no enfermiza, de lo que soy. Mi presencia digital en la red no muestra a una persona distinta a la real sino que la muestra simplemente en un lugar diferente, a través de un medio nuevo. Mi presencia digital me conduce a relaciones verdaderas, a encuentros llenos de oportunidades, a personas también de verdad.

Hemos de plantearnos con seriedad el abandonar de una vez por todas el término “virtual” cuando nos referimos a las redes sociales y a internet. Es una puñalada trapera a todo lo bueno que la red trae al ser humano. Y hemos de educar a nuestros hijos, a nuestros jóvenes, a nuestros alumnos… en esta visión auténtica de la red. Cuantas más personas “de verdad” nos hagamos presentes en la red, más fiel será ésta al rostro más hermoso de la Humanidad, de la Verdad.

La apuesta por un internet auténtico pasa por tu apuesta personal por la verdad de ti mismo. Mientras no consigamos esto, internet y las redes tendrán “rincones” difícilmente habitables.