Metidos ya de lleno en el super año electoral en España, aunque hace tiempo que estamos en campaña y en nuestras calles silencio y ruido. Silencio de aquellos que no creen o sienten que su participación o acción cambie nada, y ruido de aquellos que día tras día inundan las calles para hacer oír su voz.

En la televisión, radio, prensa y redes sociales hace ya tiempo que se está produciendo un choque de trenes, el viejo modo de hacer política contra el nuevo modo de hacerlo, y este choque conlleva un conflicto, el que se produce fuera, pero también dentro de nosotros como personas y como ciudadanos.

Viejo poder, nuevo poder

Hemos podido ver cómo en estos últimos años las tecnologías han ido irrumpiendo no sólo en nuestra forma de comunicarnos, sino también de coordinarnos y movilizarnos. Detrás del 15M, de las revoluciones en Egipto o en Hong Kong la tecnología ha jugado un papel clave y está haciendo que los ciudadanos no seamos una persona, un voto; sino una persona, una voz. 

Jeremy Heimans, cofundador de Avaaz, habla del viejo y del nuevo poder. Para Heimans, los dos elementos claves del nuevo poder son “el despliegue de participación de masas y coordinación de pares”. Dice que además de las tecnologías, los equilibrios del poder también han cambiado y la pregunta que se hace es dónde está el poder y quién lo tiene.

Nuevos valores

Estamos rodeados de nuevo poder, dice Heimans. Firmamos campañas, expresamos nuestras opiniones al mundo, generamos opinión, compramos cualquier cosa en un segundo, Naciones Unidas nos pregunta qué mundo queremos y respondemos a golpe de click… Todo esto va calando en una nueva generación que ha pasado del 1.0 al 2.0, de la pasividad a la participación.

Estos nuevos modos y estilos van generando en nosotros, dice Heimans, nuevos valores. Cada vez hay más personas que aprecian sobre todo la velocidad, la participación, la gobernanza en red, lo informal, la cercanía, pero sobre todo, la transparencia.

No sé si ustedes se fijaron en ese dato, pero a los pocos días de los ataques terroristas de París salió publicado un sondeo elaborado por Ipof-Fidual en que la popularidad de Hollande subía 21 puntos. Decir la verdad le dio 12 puntos.

Los nuevos valores van calando, díganme cómo si no se explican los intentos de transmitir cercanía e informalidad en las últimas campañas del PP, un equipo ejecutivo conversando sobre cómo han sido estos años de gobierno mientras se toman un café, o un Mariano Rajoy llamando a las puertas. El tema es que hacer pinitos en el nuevo poder tiene su coste, si no forma parte de tu ADN.

Cuando el nuevo poder alcanza el poder

Durante la exitosa campaña de Obama del “Yes we can” la nueva política se desarrolló con claridad en Estados Unidos. Un sueño común, entre todos, participación, visita casa por casa, cercanía, poder ciudadano, etc… Luego llegó al poder y como señala el cofundador de Avaaz “gobernó como casi todos los presidentes”.

Si hay un partido político en España que represente con claridad el nuevo poder, ese es Podemos. Participación, transparencia, redes sociales, lenguaje sencillo, cercanía, etc… Ahora bien, las preguntas que muchos nos hacemos es si tras las elecciones desarrollarán el viejo o el nuevo poder, y claro está, si el nuevo poder tiene que ser bueno en sí mismo.

El nuevo poder afronta muchos y grandes desafíos, hay un salto enorme entre la participación y la toma de decisiones, hay un peligro enorme de manipulación, hay un vacío en el cómo llevar este nuevo poder a la mesa de decisores. Pero lo cierto es que puede que nunca hayamos tenido tan a la mano la posibilidad de construir un mundo más justo, solidario, fraterno, igualitario, puede que nunca hayamos tenido el mundo y nuestras democracias tan a la mano.