¿Es la fuerza del destino? ¡No! Es internet, viajero.

Viajar con cobertura

Si intenta usted planificar y ejecutar un viaje sin internet no lo haga: fracasará. Si es de los que prefiere dejarse llevar a donde el destino le lleve como viajero, su gozo tiene los días contados. Se lo advierto.

Moverse por el mundo, hoy

Hace un par de meses me tocó viajar a Los Ángeles. Al llegar al aeropuerto y tras localizar el primer punto wifi, busqué un Uber para desplazarme hasta el hotel. No había otra forma de hacerlo, pues los taxis como los conocemos, casi no operan en la ciudad. Una berlina gris con una U en el parabrisas me recogió en una zona alejada de la puerta porque allí no puede parar. ¡Anda! Como cuando mi hermana me recoge en el aeropuerto de Barcelona, pensé.

De camino al hotel, el conductor iraní me comunicó que nos desviábamos de la ruta para recoger a una pareja. Creía que no le había entendido bien por su marcado acento o mi oxidado inglés. Pero no. Dos manzanas alejadas de la autopista, recogimos a un chico y una chica, universitarios, que iban cerca de mi hotel. Parece ser que así nos salía más barato el trayecto. Opción “Pool!”, me indican que elegí, de manera totalmente inconsciente. Durante el corto viaje, los amables chavales me explican cómo funciona el sistema universitario en California. Y las distintas tarifas según la procedencia del estudiante. Entretenido y didáctico trayecto.

Este desvío me recordó a las rondas que hacía de joven para dejar y recoger a mis amigas cuando íbamos de juerga. Yo era la única con carnet, aunque sin coche; me prestaba mi padre su furgoneta. Compartíamos el gasto de la gasolina. Daba un poco de vuelta, sí, pero así ahorrábamos en taxis y era más seguro para todas. Y también aprovechábamos para charlar algo, más de lo posible en las ruidosas discotecas.

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Dormir en un colchón digital

Llegamos a mi destino en L.A. Un pequeño hotel boutique que nunca hubiera descubierto sin Booking, gracias a sus más de 200 valoraciones positivas recibidas. Yo era de las que compraba las guías de Lonely Planet para planificar viaje. Me las leía de cabo a rabo y ahora decoran mi biblioteca. Pero he de decir que en este dinámico siglo XXI, se me quedan rápidamente obsoletas.

He de confesar que hasta busqué en Airbnb cuando vi el precio de los hoteles en la zona. En mis primeros viajes al extranjero, yo era de las que siempre aprovechaba para alojarme en casa de algún amigo o amiga. También luego les acogía en la mía, claro, gracias a la generosidad de mis padres. Me ahorraba una pasta y encima tenía las recomendaciones de un lugareño. ¡Redondo!

Guía de viaje

Aquí en L.A. necesitaba esas recomendaciones como el agua porque no encontré mapas. No los necesita: aquí tiene el link para descargarse el plano de la ciudad. Voilà, don GoogleMaps. ¡Qué maja la recepcionista!

Busqué en TripAdvisor si alguien me recomendaba qué sitios visitar en una urbe donde solo vas a estar 24h. Sorprendente ver cuán larga es la lista de personas que se ofrecen a llevarte por la ciudad en su furgoneta. Algo más grande que la de mi padre, intuyo, porque el grupo sería de 12 personas.

Servicio a domicilio

Como se me hacía tarde, se me ocurrió pedir pizza por internet. El bar del hotel no da cenas ni desayunos. Ya no ofrecemos esos servicios, me indican. Pero me informan de varias pizzerías y restaurantes que te reparten con Deliveroo. Es un servicio por el que pagan a jóvenes para que con sus bicicletas te traigan la comida en un trayecto que ellos ya hacen, igualmente, volviendo de la universidad a su casa, o de donde quieran a donde les de la gana ir. Como cuando te decían: Si vas para el pueblo, llévame este paquete de paso, anda, por favor… Pero aquí, lo pagas, claro, aunque sea poco.

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¿Modelo de vida?

El conductor iraní de Uber. El dueño del apartamento de Airbnb que me propuse contactar. El individuo que hizo comentarios en Booking para recomendarme el hotel al que fui. La guía de la furgoneta de TripAdvisor. El ciclista de Deliveroo. Todos son individuos que se dedican a otra cosa, que se ganan la vida de mil formas, y en una de ellas, se han cruzado conmigo en mi viaje.

Curiosamente, este es el modelo en el que nos toca vivir ya. No en el futuro, no. No se equivoque usted. Esta es una realidad ahora. Bien porque los salarios son escasos o inexistentes, bien porque no nos llegan para vivir o para disfrutar con los caprichos que queremos. Y este mundo de oportunidades no sería posible sin internet, ni para ellos como proveedores de servicio, ni para mí como viajera.

No fue el destino, no; fue internet. Ese monstruo que no sé yo si está en peligro, como señalaba en su post mi compañero Sergio Redondo, pero que a todas luces útil es muy útil.

Lo que antes se hacía en tu círculo más próximo, ahora se extrapola, porque la tecnología nos permite llegar más lejos. O más cerca, pero a personas desconocidas. Una prueba más de que internet lo que hace es darle mayor alcance e impacto a lo que ya haciamos. Lo revolucionario, es que hacemos lo mismo, pero de otra forma.

 

Imagen: https://inhabitat.com

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