¡El verano ya llegó!

Foto tomada de: http://www.cursopro.com/aprovecha-las-vacaciones-para-desconectar/

Cuando llega el verano, todos nos ponemos en modo avión. Estemos trabajando o de vacaciones, el mes de agosto, sobre todo, se convierte en el centro de las actividades estivales: paseos, ir a la playa, salidas a la montaña, tomar cañas con los amigos, noches de cine en la plaza o de juergas nocturnas, disfrutar de las fiestas del pueblo, etc., etc…

Esta, además de ser la estación más calurosa del año, también es la que muchas personas esperan que llegue para poder acceder al mercado laboral, aunque sea de forma temporal.

Por eso, en los medios de comunicación, nos hablan, una y otra vez, del nivel de ocupación hotelera, y siempre en comparación con años anteriores; no dejan de mostrarnos chiringuitos repletos de turistas, y playas llenas de gente bajo cientos de sombrillas y mar en calma.

Es como si quisieran demostrar que, aunque el resto del año las cosas vayan mal, el verano siempre es un respiro para todo. Como si en cuatro meses el mundo se parara y la desconexión de él fuera prescriptivo.

No estoy diciendo con esto que el descanso no sea necesario, ni que todo el mundo tenga derecho, sin excepciones, a relajarse y cambiar la dura rutina.

Lo que quiero decir que si bien las personas podemos hacer un alto en el camino, la realidad, siempre terca, sigue su curso estemos o no nosotros en modo escucha y acción.

Este verano ilustra, con total claridad, cómo las situaciones que durante todo el año (o años) se han ido gestando, ven la luz bajo el sol del verano: los empleados de Ryanair, los taxistas, la llegada de inmigrantes…entre los más mediáticos, pero también encontramos protestas y huelgas en los repartidores de prensa de Madrid, los socorristas en Guipuzkoa, los agentes forestales en Galicia, los trabajadores de Amazon,…y otros tantos a los que se les suele prestar poca atención, pero que son igual de importantes, pues la vida de muchas personas y sus familias se ve afectada negativamente.

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Todas estas situaciones comparten un mismo dolor: el de no sentirse respetados en su dignidad, de no ser reconocidas y aceptadas como personas que buscan un futuro mejor, que arriesgan su vida y futuro a pesar de las críticas y la mala publicidad que se les hace porque en verano ¡a quién se le ocurre fastidiar las vacaciones!

Pues… sólo a los que ya nada tienen que perder.

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