El 20 de enero de 2016, Herman van Rompuy, que fue Presidente del Consejo Europeo entre 2009 y 2014, tuvo la ponencia inaugural de la conferencia “El papel de los cristianos en la Europa actual”, celebrada en la Capilla de la Resurrección / Capilla para Europa de Bruselas. Aquí ofrecemos la segunda parte de su charla; la primera parte puede leerse en este enlace.

A diferencia de otras ideologías, el personalismo no pretende tener a mano una respuesta para todos los retos y problemas que afrontamos, como sociedades y como individuos. No hay un libro de respuestas, sino una colección de principios y orientaciones que podemos seguir cuando intentamos decir cómo deberíamos tratarnos unos a otros y qué papel deben jugar el Estado y otras instituciones en nuestras sociedades.

Debemos ser conscientes de que estamos en una encrucijada y de que hay mucho en juego. Los cristianos pueden tener diferentes visiones sobre la política económica; sobre la necesidad de la austeridad o de las reformas estructurales; sobre las irregularidades en nuestras sociedades; sobre cómo abordar el cambio climático. Los cristianos pueden dar un contenido diferente a valores como la responsabilidad y la solidaridad.

Esas diferencias aparecen más claramente en EEUU que en Europa. Pero aquí también deberíamos respetar los mínimos éticos. No podemos continuar con una acumulación ilimitada de deuda pública y privada o con el deterioro progresivo de nuestro ambiente y el agotamiento de las materias primas y las fuentes de energía no-renovables. Esto sería egoísmo generacional. No solo deberíamos amar a nuestros niños sino a todos los niños. Amar al prójimo no es suficiente. Todos los seres humanos, presentes y futuros, son nuestros prójimos. Es tan sencillo como eso. No deberíamos tomar riesgos. Fracasar  en el futuro de la raza humana es el mayor fracaso que se puede imaginar.

Herman van Rompuy en la Capilla de Europa. Enero de 2016

Herman van Rompuy en la Capilla para Europa. Enero de 2016

La Unión Europea asumió el liderazgo en la COP21 de París sobre cambio climático. Hemos “pecado” en el pasado (desde el inicio de la Revolución industrial) pero hemos cambiado nuestras políticas. No debería ser “demasiado poco, demasiado tarde”.

La crisis de la zona euro fue un reto para los valores claves de la responsabilidad y la solidaridad. Algunos países habían desarrollado deudas de un modo irresponsable en el pasado y tenían que corregirlo. Otros países tenían y tienen medios para mostrar más solidaridad, pero eran reacios y en ocasiones esperaron demasiado tiempo. Pero, en ambos casos, la responsabilidad y la solidaridad fueron el producto de la necesidad, más que de una elección positiva. El valor moral es bastante pequeño. No soy ingenuo y sé que los resultados cuentan. Pero uno no puede ignorar el déficit moral.

La Unión no es Europa ni en términos presupuestarios  ni en lo que se refiere la sociedad. Los cristianos están comprometidos en nuestros Estados Miembros, cuyos desarrollos son en buena parte independientes de los de la Unión Europea (UE) como UE. ¿Qué podemos decir sobre nuestro capital social, la soledad, la infelicidad, nuestro capital familiar, la distribución de la renta, la ayuda al desarrollo, el  papel de la educación, el equilibrio entre trabajo y vida personal, entre productividad y calidad de vida? En todos estos aspectos necesitamos una dimensión humana, también en una economía global y altamente competitiva. No hay respuestas nítidas, pero la aproximación es importante. El personalismo es el único modo de mirar a estas cuestiones.

Vivimos en sociedades seculares. Esto no es una amenaza para los cristianos. Al contrario, es una oportunidad real. Tenemos que tomar nuestras propias elecciones y convencer a otros. Incluso podemos guiar a través del ejemplo. Desde la llegada del Islam a Europa Occidental, las antiguas rivalidades entre cristianos y no-creyentes ya no son tan relevantes. El paisaje es más diverso. Por un lado, la religión en general es acusada de los crímenes de los extremistas: “La religión significa guerra”. Por otro lado, la religión es de nuevo un factor en nuestras sociedades. El diálogo es más necesario que nunca, no solo en la búsqueda de valores comunes, sino también siendo conscientes de las diferencias en lo que se refiere a la concreción de esos valores. Por lo tanto, el diálogo tiene que ser genuino. En las relaciones interpersonales, el “otro” es diferente de quien yo soy. Vivimos y amamos a personas que nunca son como nosotros.

Las diferencias son parte de la vida. Pero vivir juntos implica buscar un suelo común en el que podamos vivir en armonía. El diálogo conduce a la convergencia. El diálogo es parte de la cultura. La integración no es asimilación sino que el paradigma de “una civilización, muchas culturas” continúa siendo válido. Nuestras sociedades están cambiando dramáticamente debido a la tecnología, la biotecnología, la prosperidad, el progreso médico, la globalización, la inmigración, etcétera. El peor comportamiento es replegarse sobre uno mismo y quedar dominado por el miedo. Esta es la fuente del conflicto y de la violencia. Nuestra aproximación debe seguir siendo esperanzada (“Wir schaffen das”, “yes, we can”) situándonos en el lado del Eros y no de Thanatos. Los cristianos deben contribuir a este cambio social, incluso en una posición del “resto de Israel”.


 

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