No se insistirá en este artículo sobre las cifras de la tragedia de los refugiados, ni de la vergonzosa actitud de algunos representantes políticos europeos, ni de la escasa humanidad de algunos grupos sociales de esta “civilizada” Europa, ni de las declaraciones de uno de los candidatos  a regir la llamada mayor democracia del mundo y, por ende, a liderar la política mundial. Por desgracia, todo ello es de sobra conocido.

Millones de personas a la búsqueda de un mundo mejor, donde puedan llevar una vida digna y segura, lejos de la guerra, de la opresión, de la miseria, de la muerte. Europeos y norteamericanos, orgullosos de su cultura y civilización, de sus democracias, ignoran, olvidan o persiguen a los que piden refugio.

Es inevitable indignarse contra esta corriente egoísta e insolidaria que parece haberse adueñado de dirigentes y, cada vez más, sectores de las sociedades occidentales. Pero no es admisible tan poca sensibilidad y solidaridad ante el drama de los refugiados o de los que emigran en busca de una vida mejor.

La crisis de los refugiados es enorme y complicada, por lo tanto, muy difícil de resolver. Pero las soluciones propuestas a hasta ahora se muestran ineficaces, además de insensibles hacia las víctimas y, tal vez, no ajustadas al Derecho Internacional. Por eso, mientras se acaba con la guerra y la pobreza, que obliga a los seres humanos a desplazarse, y de  las que también tienen parte de responsabilidad  las democracias europeas, hay que tomar decisiones inmediatas para acabar con tanto sufrimiento.

¿Y qué se podría hacer?

Supongamos que todo el dinero que las potencias militares, –OTAN, Estados Unidos, Liga Árabe, China, entre otras-,  van a gastar hasta final de año en ejercicios y maniobras militares se dedicarán a la seguridad humana de los refugiados. Que se hiciera un gran pacto, sellado por una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para dedicar esos medios militares a la seguridad humana. Posiblemente, se ayudarían a millones de personas y se disminuiría la tensión militarista.

Militares españoles reparten material escolar en la región de Cachemira (Pakistán), en la primera misión humanitaria de la OTAN liderada por España. http://www.defensa.gob.es/Galerias/gabinete/multimedia/fototeca/imagen/archivoGrafico/mph/asia/20060114_pakistan_ninos_G.jpg

Militares españoles reparten material escolar en la región de Cachemira (Pakistán), en la primera misión humanitaria de la OTAN liderada por España. http://www.defensa.gob.es/Galerias/gabinete/multimedia/fototeca/imagen/archivoGrafico/mph/asia/20060114_pakistan_ninos_G.jpg

En España disponemos de una Unidad Militar de Emergencias (UME), muy efectiva y querida por  los españoles, porque siempre está para ayudar a resolver crisis humanitarias. ¿Por qué no una UME a nivel OTAN? Los medios militares y la preparación de los miembros de las fuerzas armadas de la OTAN son muy elevados. El gasto militar de la OTAN en 2014 fue de 880.663 millones de dólares, lo que significó el 50% del gasto total mundial. ¿Por qué no emplear, al menos,  una parte de ese gasto para ayudar a resolver la crisis humanitaria de los refugiados?

Aviones de transporte, buques y vehículos terrestres para colaborar en una evacuación ordenada y segura. Campamentos organizados y seguros, en los que no podrían actuar las mafias, en los que el reparto de víveres y otros artículos necesarios para unos mínimos de calidad de vida se haría de manera ordenada y justa. Las más cualificadas democracias que componen la Alianza Atlántica darían un ejemplo de cultura de paz al mundo entero: Una OTAN al servicio de la seguridad humana.

Es hora de resolver un problema, y si se dispone de unos medios, que por el momento no se emplean, ni se estima se vayan a emplear  para actividad militar propiamente dicha, ya que no existe una amenaza militar evaluable a la que combatir. ¿Por qué no emplear esas capacidades militares para la seguridad humana? No se puede pensar exclusivamente en seguridad militar, en gastar miles de millones en vigilancias de fronteras, mares y espacios aéreos, ¿contra quién?

Es tiempo de priorizar la seguridad humana, de pensar en paliar el sufrimiento de millones de personas que huyen de la guerra, o de la pobreza, de proporcionarles una vida digna. Es la hora de la seguridad humana, la que se ocupa del bienestar y la justicia social, la que trabaja por el respeto de los derechos humanos y la libertad de las personas. Y si para eso hay que emplear los medios militares que las sociedades democráticas disponen, bienvenidos sean.


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