Una empresa excelente

Hemos dejado ya sentadas dos afirmaciones clave en sendas colaboraciones previas. Una: que la realidad empresarial se enraíza en la antropología y que viene a ser la respuesta cultural ante la necesidad natural de atender a la dimensión económica de la vida. Y otra: que la Responsabilidad Social de la Empresa, en el fondo, no es sino el empeño por ser cada vez más y mejor empresa, una empresa excelente.

Esto es, por apuntar a la autosuperación; por empeñarse en batir sus propios registros; por dar más por menos, prestando cada vez mejores servicios y poniendo en el mercado productos de mejor calidad; por esforzarse en ser eficiente, en aumentar la productividad y la rentabilidad; y por hacerlo todo ello de manera sostenible y como Dios manda. Es decir: con exquisita atención a la ética.

Como ve el lector, se trata de apuntar alto, de querer siempre alcanzar el mayor bien posible –siendo así que, según nos enseñan los que estudian Lógica, resulta que el bien es un predicado no saturable. Pues siempre cabe añadirle más bondad a lo que ya se tenga. O sea, que nos las estamos viendo de nuevo con el magis. ¿Les suena? Pues en el contexto empresarial, también se puede aplicar el mismo cuento. Ello, entre otras cosas, da sentido y justifica mi labor docente.

Cuando hace ya más de un cuarto de siglo empecé a enseñar Ética Empresarial en ICADE, una de las sorpresas más gratas que tuve, fue la lectura de un libro que, por entonces, hacía furor. Lo firmaban dos socios de la afamada consultora MacKinsey, Tom Peters y Robert Waterman. Y llevaba por título nada menos que: En busca de la Excelencia.

Dije yo para mí: “¡Tate, aquí tienes el hilo… busca el ovillo!”. Como sabía que “excelencia” es la mejor de las versiones del griego “areté”, que se suele traducir por virtud. Y como, por otra parte, soy aquerenciado a los planteamientos de Aristóteles, vi el cielo abierto y un enganche del discurso moral que yo quería articular respecto a la empresa, con lenguaje inteligible para mi audiencia. Todo se reduciría a convencerlos de la deseabilidad de gestionar con la mirada puesta en ser una empresa excelente. Y lo será, si cumple las tres condiciones siguientes: buenos resultados económicos, orgullo de pertenencia, y buena reputación.

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