Una ecología que brinda la Paz

José Luis Graus

Deseamos de corazón que este 2018 que estrenamos sea un año próspero para todas las personas, de un modo muy especial para todas aquellas que están viviendo situaciones de mayor vulnerabilidad, riesgo de exclusión, pobreza. También deseamos que sea un año bueno para esta casa común que habitamos.

La Iglesia en este día primero del año tiene muy presente la realidad de la Paz, sobre todo porque ésta es un anhelo para una parte muy importante de nuestro mundo. Son muchos los tipos de violencia que se viven en los diferentes rincones de nuestro planeta, desde aquellos más graves y explícitos a los más cotidianos e implícitos. Es mucho el deseo y la necesidad de paz, pero, evidentemente, la paz no es ausencia de violencia, sino que más bien es la consecuencia de una realidad más global, profunda e integral.

[ctt template=”3″ link=”fRHGU” via=”yes” ]La paz no es mera ausencia de violencia, sino la consecuencia de una realidad más global, profunda e integral[/ctt]

Es bueno acudir al mensaje que el Papa Francisco ha escrito para celebrar hoy la LI Jornada Mundial de la Paz. La realidad de las personas migrantes atraviesa todo el mensaje, y la ecología está muy presente:

“Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental…”

Queremos destacar de un modo especial el enunciado que habla de la degradación ambiental. Desde Cristianismo y Ecología ya hemos significado muchas veces la importancia que da Francisco en su encíclica, Laudato Si, a la idea de que todo está conectado.

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Cuando hay un número importante de personas que tienen que migrar debido a la degradación ambiental, no podemos mirar para otro lado. Parecería que no tenemos nada que ver con las guerras que acontecen en diferentes puntos del planeta, ni con el negocio de armas que en torno a éstas gira, pero ¿podemos sentirnos ajenas, ajenos, a la degradación ambiental que puede acontecer en otros lugares (LS 25)? ¿Podemos afirmar que nuestro estilo de vida, nuestro consumo, el uso de los bienes que hemos recibido, no provoca en algún lugar situaciones de degradación ambiental?

La conversión ecológica que nos anima es integral. No busca sólo un consumo razonable y decrecido en clave ecológica, sino que éste pueda sustentarse en condiciones de comercio justo. No busca sólo el cuidado del medio ambiente, sino también la atención y el cuidado a las especies que lo habitan. No busca solo ser respetuosa con la realidad, sino también garantizar la plenitud y dignidad de las personas que viven en cualquier rincón de esta casa que nos es común.

Indudablemente cuando nuestra vida se va conformando desde estas claves, está contribuyendo a una realidad en Paz. Ésta, la paz, también es consecuencia de un compromiso ecológico integral con la realidad y las personas que la habitan. Buscar un modelo de vida que encarne las opciones ecológicas que venimos desgranando en este blog es buscar una realidad en paz para todas las personas.

Y no podemos olvidarnos de que una vida de ese estilo no sólo se debe producir porque a nosotras nos parezca bien, o porque sea una opción vital loable, sino por justicia. La paz que buscamos debe sustentarse en la justicia, no al estilo humano, sino al modo de nuestro Buen Dios.

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Nos recuerda el Papa que todas las personas

“forman parte de una sola familia, y todas tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la Tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia”.

Por tanto, esta paz nuestra de cada día, que tanto anhelamos y necesitamos, encuentra su raíz en un goce de los bienes de la Tierra accesible para todos. Pongamos en revisión nuestro consumo, de un modo especial en estos días en el que los excesos de todo tipo, el despilfarro exacerbado, están tan presentes. Un consumo responsable y ecológico es de justicia y, por tanto, generador directo e indirecto de paz.

Francisco nos propone cuatro piedras angulares para la acción que sintonizan muy bien con la dinámica de conversión ecológica integral que tan importante nos parece: acoger, proteger, promover e integrar. Esto que el Papa nos propone para que podamos acompañar a las personas migrantes puede, sin duda hacerse extensible a la realidad, al cuidado de la creación de esa casa común que hemos recibido. Si con nuestra vida buscamos movernos desde estas cuatro claves, la paz será una consecuencia inexcusable.

[ctt template=”3″ link=”vbVY6″ via=”yes” ]La paz nuestra de cada día encuentra su raíz en un goce de los bienes de la Tierra accesible para todos[/ctt]

Por eso, en este comienzo de año no podemos dejar de lado la realidad de las personas que más sufren (encarnadas en este caso en las personas migrantes), no podemos ignorar la necesidad de un compromiso claro y decidido por un estilo de vida, también en lo ecológico, que sea generador de justicia y de paz. No podemos dejar de lado una comprensión global de la realidad en la que la suerte de todas las personas va de la mano de nuestro compromiso decidido por la vida, una vida más ecológica, más justa y, por tanto, generadora de más paz. Una realidad en la que, como dice el salmo 84,

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“la justicia y la paz se besan…”

Aprovechemos la oportunidad que nos brinda el comienzo de un nuevo año para renovar nuestro compromiso ecológico con la realidad y las personas.

Imagen principal tomada de ecopazups.blogspot.com.es
Imagen secundaria (logo de Justicia, Paz y Cuidado de la Creación de la Comisión Latinoamericana y Caribeña de Religiosos CLAR) tomada de 2.bp.blogspot.com

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