Una clave de esperanza

https://goo.gl/y8p6oJ

¿Por qué hablar de esperanza? ¿Por qué recurrir a  la esperanza? Estamos frente a un panorama desesperanzador que requiere de nuestro mayor esfuerzo para salir adelante y construir futuro.

La corrupción del actual gobierno en Venezuela que pretende instalar y perpetuar lo que de facto es ya una dictadura sin importar todos los venezolanos caídos, los recientes atentados terroristas en Cataluña que dejaron víctimas fatales nos hacen ver el futuro con mucho dolor y nos instan a buscar caminos que nos permitan edificar una sociedad sana, tolerante, demócrata y respetuosa de los Derechos Humanos.

Los invito a hacer el recorrido que nos permitirá llegar a la esperanza existencial que es aquella que afirma que está en nosotros el hacer realidad un mundo más humano y humanizante para todos.

Existencialismo

El existencialismo es una corriente de la filosofía contemporánea que, desde la obra de Kierkegaard, reacciona con vigor contra la filosofía especulativa, principalmente la de Hegel. La existencia real es la existencia individual que ningún sistema podrá justificar. Ni Kierkegaard, ni Heidegger, ni Sartre, entre otros, le restan valor al pensamiento abstracto, sólo afirman que es totalmente inaplicable a la situación humana. En esta dirección, la existencia es anterior a las abstracciones del pensamiento.

Estas consideraciones no quieren decir que el existencialismo rechace completamente a la razón. Para que sea una filosofía debe ser capaz de otorgar un sentido racional a las actitudes concretas del sujeto en el mundo. La razón tiene su valor siempre y cuando no se separe de la experiencia humana. Los grandes temas tratados por el existencialismo, a saber, el sujeto y la libertad, la contingencia, la angustia, la responsabilidad, el compromiso y la muerte son testimonio de la racionalización de los diversos aspectos del quehacer humano.

Es preciso, entonces, abandonar el esquema tradicional de una conciencia que se coloca frente al mundo haciendo de él un espectáculo y sistematizándolo desde afuera. La aclaración existencial, aquella que me ayuda a desprenderme de lo cotidiano, se parece más a una perforación que a una construcción: “me debo” aclarar existencialmente porque para poder hallar “mi verdad” -lejos de aquellas establecidas previamente por las convenciones cotidianas- “me debo” comprender.

Kierkegaard y Sartre

De forma tal que el análisis en los diversos existencialismos acontece dentro de condiciones dominadas por la angustia; condiciones que afectan no sólo la relación del sujeto consigo mismo sino, y a la vez, con los otros. Supone un sujeto comprometido con la reflexión: lejos de ser una fiebre de café parisino, forma parte de la asunción misma de la existencia y funciona como una suerte de motor permanente de sentido para la vida de cada individuo en relación consigo mismo y con el otro.

Específicamente para Kierkegaard, la angustia es el estado anímico fundamental que experimenta todo hombre con respecto al mundo y, a su vez, en relación a sí mismo. Si bien es cierto que en el universo kierkegaardiano Dios está presente, la autenticidad de las convicciones del creyente se mide por los niveles de angustia que éste padece en la medida en la cual no sabe de antemano las decisiones correctas que ha de tomar para alcanzar el absoluto. Inclusive Kierkegaard en sus textos arremete contra los “católicos de domingo” que usan a Dios como muleta para descansar y no se arriesgan a experimentar el vacío existencial que implica el salto de la fe: la apuesta existencial de creer en Dios.

Mientras que en el Sartre de “El ser y la nada” el  análisis de la libertad en situación no pretende hallar una explicación definitiva de la existencia. La existencia es un hecho irreductible y obliga a Sartre a elaborar una filosofía que le permita las posibilidades constructivas que desde allí se abren para los sujetos. Así, su análisis de la mala fe en las estructuras cotidianas busca, precisamente, superar la negatividad de la vida para que ésta deje de condenar al fracaso a las relaciones concretas con el prójimo y, de este modo, ya no seamos entre nosotros un “proyecto fallido” de comunicación.

https://goo.gl/6Vc17u

Lucha contra la cotidianidad

La denuncia existencialista fundamental, a mi parecer, es aquella que nos indica la urgencia que tenemos como sujetos de construir una cotidianidad que no esté fundamentada en la negación del otro; que no nos dirijamos al otro desde patrones pre-concebidos negando, de este modo, la voz de aquél que lucha por la edificación de su verdad con los demás.

Si no logramos deslastrarnos de la inautenticidad de la cotidianidad, lo anterior es preludio para que sostengamos en nuestras relaciones las discriminaciones y exclusiones que acontecen -lamentablemente- en nuestras sociedades cotidianamente porque contra ellas hay que luchar para promover un mundo cada vez más humano y humanizante como señalaba al inicio del post.

La esperanza existencial

Una primera lectura de los diversos existencialismos puede dejarnos un sabor amargo. Las resistencias que enfrenta el sujeto consigo mismo y con la sociedad al perseguir la autenticidad en su vida, tiñen de desesperanza la empresa existencialista de alcanzar en su entorno más inmediato relaciones más transparentes, éticamente plausibles y, por ende, relaciones más humanas con el prójimo. Es famosa la frase de Sartre que “el infierno es el otro” y no su intento por modificar dicha situación.

Sin embargo, detrás de esa primera lectura desesperanzadora se esconde una esperanza mayor, la que reconozco como la esperanza existencial: que está en nuestras manos, en nuestra existencia, en nuestro proyecto de vida, el hacer que la esperanza por la edificación de un mundo más humano se haga realidad. Se trata de una esperanza activa porque no hay nada anterior al hombre que lo impida, no hay estructuras de poder que no se puedan socavar, no hay un destino que establezca previamente que el otro no es alguien que merezca estar conmigo -y yo con él- en relaciones de paridad auténticas.

La postura existencial muestra que está en cada uno de nosotros el hacer verdad el cambio cualitativo en nuestras relaciones, de inauténticas a auténticas. Pero, ¿qué significa, entonces, aquí, autenticidad? Significa que nos comprometamos con el otro, que éste deje de ser un mero instrumento y nos comprendamos y reconozcamos en igualdad, de forma tal que luchemos por hacer realidad en nuestros proyectos, personales y sociales, la reciprocidad que edifica Humanidad.

La esperanza existencial radica en que sí se puede alcanzar con el otro un diálogo auténtico, solícito, generoso y recíproco que permita la comunión de vidas si nos lo proponemos y nos formamos para ello venciendo la cotidianidad preestablecida. Así, desde la denuncia existencial primera, edificar, mantener y promover en nuestro entorno más inmediato relaciones auténticas caracterizadas por la plenitud de la donación recíproca de nuestras mutuas verdades.

Muchas gracias por su gentil lectura. Hasta la próxima entrega.

1 Comentario

  1. Tarea: trabajar cada día para ver en el otro a un igual, con la misma angustia y las mismas frustraciones. Ponerme en su lugar.

    Gracias al escritor. Saludos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here