Por Joseph Mboya, SJ

Tanzania, que nunca ha conocido la guerra, es sin duda uno de los países más pacíficos de África y del mundo. Gentes de diferentes pertenencias rivales viven juntas en libertad, a pesar de que el país tiene más de 120 grupos étnicos, con mayoría cristiana y una amplia población musulmana. Durante décadas, Tanzania ha ofrecido refugio seguro a víctimas de la guerra de otros países africanos. Esta unificación se debe principalmente a los esfuerzos de Julius Nyerere, en lo que se puede llamar el ‘efecto Nyerere’ en Tanzania.

Julius Nyerere, nacido en la zona noroccidental de Tanzania en 1922, fue elegido primer presidente del país en abril de 1964, cuando las naciones de Tanganica y Zanzíbar se unieron para formar la República Unida de Tanzania. Sirvió como presidente hasta octubre de 1985.

Ujamaa: igualdad, justicia y comunidad

Para Nyerere, el único modo en que los africanos podrían avanzar consistiría en integrar sus valores con el desarrollo moderno. Lo intentó a través de su filosofía Ujamaa (palabra  en Kiswahili que significa “familia”). Toda la idea se basa en considerar que la nación vive como una familia. Ujamaa miraba a la tradicional familia extensa africana como un símbolo de esperanza para toda la nación, viviendo como parientes que se preocupan unos por otros. Se pretendía que Ujamaa incorporara los conceptos comunitarios de la cultura africana, tales como el respeto mutuo, la propiedad común y el trabajo compartido.

Nyerere consideraba que el diálogo, la igualdad y la libertad eran características esenciales de la democracia. Ujamaa se apoyaba en tres principios: libertad, igualdad y unidad. Debe haber igualdad, porque sólo sobre esa base los hombres trabajan cooperativamente. Debe haber libertad, porque el individuo no es ayudado por la sociedad a no ser que ésta sea suya. Debe haber unidad, porque sólo cuando una sociedad está unida pueden sus miembros vivir y trabajar en paz, seguridad y bienestar.

Nyerere dedicó esfuerzos particulares para rechazar en su visión el socialismo marxista, leninista, fabiano o maoísta. Describió Ujamaa como opuesto al capitalismo (que intenta construir una sociedad feliz basándose en la explotación del hombre por el hombre), pero también opuesto al socialismo (que intenta construir una sociedad feliz sobre la filosofía del conflicto inevitable entre unos hombres y otros). En contraste con ambas, Ujamaa debía representar una tercera vía, una síntesis de lo mejor de la sociedad africana y lo mejor de la experiencia colonial.

El texto programático del presidente Nyerere, la Declaración de Arusha de 1967, fue su escrito más influyente, acerca de su visión de la cultura africana tradicional. La Declaración definía el significado de Ujamaa en el contexto de Tanzania. En la Declaración estaba el rechazo de la riqueza material, por sí misma considerada. Existía el compromiso con la creencia de que hay cosas más importantes en la vida que amasar riquezas y que si perseguir la riqueza choca con otras cosas como la dignidad humana y la equidad social, entonces estas últimas deberán tener prioridad. Muchos autores identifican elementos de la Doctrina Social de la Iglesia en la Declaración de Arusha.

Ujamaa y los principios cristianos

Nyerere propuso que el socialismo Ujamaa era compatible con las nociones cristianas de justicia e igualdad. Para él, no había duda de que en la Declaración de Arusha podemos encontrar reformulados lo verdaderamente práctico, y los auténticos principios de la vida humana y de la sociedad humana. En su opinión, esto se encuentra muy cerca del verdadero espíritu de Cristo y de la Iglesia, que es un espíritu de fraternidad, de compartir, de servicio y de trabajo duro. Para él, el rol de la Iglesia era ayudar a los cristianos a entender la relación entre la ideología política de Ujamaa y la práctica de la religión cristiana.

Al final, la política de Ujamaa cayó en la misma trampa de otros paradigmas y experimentos de desarrollo en África. Así, el desarrollo fue visto principalmente en términos de aplicar los modelos occidentales, sociales y económicos, a las situaciones locales. En la mayoría de los casos, se prestó poca atención a las peculiaridades históricas, culturales y sociales de los contextos locales.

El camino a la santidad del Presidente Nyerere

Nyerere fue un católico convencido, que no sólo participaba en la misa diaria y se movía con libertad sin guardaespaldas, sino cuya fe cristiana influyó su carrera política en conjunto. Sus altos ideales, integridad moral y modestia personal inspiraron a muchas personas de todo el mundo. Vivió una vida sencilla, en coherencia con su mensaje y con los valores de verdad y justicia a los que se refería. Incorruptible, transparente y totalmente dispuesto a rendir cuentas, su vida y su obra marcaron un ejemplo de integridad que estimuló a su país, al resto de África y al mundo entero. Nyerere fue un firme defensor de la equidad y la dignidad humanas. Su misión fue la de construir una sociedad justa en Tanzania, libre de desigualdades de renta, en la que todos compartiesen los beneficios del desarrollo, según se fuese logrando. En octubre de 2009, Nyerere fue nombrado póstumamente “Héroe mundial de la justicia social”, por la Asamblea General de la ONU. El 13 de mayo de 2005, el papa Benedicto XVI declaró Siervo de Dios a Julius Kambarage Nyerere, a petición de los obispos de Tanzania, plenamente apoyada por líderes religiosos y políticos a nivel mundial. Esto supuso el primer paso hacia la beatificación y posible futura canonización de un antiguo presidente africano.