Un mundo sin dinero

Una gran conspiración está ocurriendo. Las semillas de la total destrucción del poderoso y temible poder del dinero ya fueron sembradas, ya germinaron y están creciendo. Un mundo sin dinero se aproxima a nosotros.

En todas las ciudades y pueblos de este mundo hay gente conspirando contra él, en secreto, sin ruido…

Como en una especie de “guerra de guerrillas”, planean con meticulosidad cada asalto y luego lo ejecutan con absoluta precisión. Son guerrilleros y guerrilleras plenamente conscientes de que están viviendo una guerra a muerte.

Conquistan plazas con las armas invencibles de la Paz, la Humildad y la Colaboración, armas diseñadas para destruir al centro mismo de su oponente, situado en la competitividad, en la codicia y en la soberbia.

Comienzan librando batallas en sus propios corazones, aniquilando cualquier atisbo de competitividad y antes de haber terminado de vencer ahí ya están peleando en otros lugares. Así es como crece este enorme ejército lleno de ambición.

Con el único objetivo de exterminar a su enemigo, actúan como si el dinero ya no existiera. Trabajan sin salario ni recompensa alguna y viven alegres con la confianza de que otros hermanos les ayudarán cuando lo necesiten.

Identifican los lugares más excluidos para comenzar siempre desde ahí. Comienzan el trabajo eliminando toda competitividad, todo odio, todo rencor. No cesan de trabajar para satisfacer toda necesidad, pero nunca crean nuevas necesidades.

Gozan situándose los primeros en la batalla pero no hay entrega de medallas. No hay medallas para los héroes, sólo sonrisas, abrazos, agradecimiento, paz y alegría.

Como en cualquier otra guerra, utilizan todos los medios de comunicación que tienen a su disposición para hacer extender sus ideas revolucionarias. Pero cuando, por accidente, alguno se hace famoso, inmediatamente se esconde para ser sustituido por otro. Y desde su escondite, sigue conspirando. No lo hacen por cobardía, sino porque la fama es también el enemigo a batir.

Luchan por la libertad y contra la opresión con una única herramienta: la misma libertad. Todo lo que construyen es libre. Libre para ser utilizado por cualquiera. Libre, gratuito, sin condiciones. Así crean auténticas armas de destrucción masiva que destruyen la competitividad allí donde se usan.

Su ambición es infinita. No hablan de fronteras, hablan siempre del mundo entero. Quieren formar un único ejército de 7.000 millones de personas.

Viven en una locura permanente donde cada uno es tan importante como todos ellos juntos y por eso no dudan en poner en riesgo al ejército entero para rescatar a uno solo.

Meditan, reflexionan y trabajan sin cesar, pero también celebran con alegría desbordante cada victoria.

Victorias que cada vez son más frecuentes, porque están ganando.

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