Un Dios cantor

José Eizaguirre.

Cuando decimos que Dios es creador, a menudo acudimos a la imagen del artista. Dios habría realizado como un artista su obra creativa dejando su impronta en ella, de forma que a través de la obra captamos algo del Creador. Dios sería así como un pintor o un escultor que ha creado el universo con su creatividad amorosa y la Creación sería como una inmensa y desbordante pintura, escultura o escenografía.

Junto con esta imagen ya clásica, el papa Francisco en la encíclica Laudato ‘si recoge otra: la del escritor que ha escrito un libro precioso en el que nos revela su mensaje: “Dios ha escrito un libro precioso, «cuyas letras son la multitud de criaturas presentes en el universo»” [LS 85].

“Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo»” (Rm 1,20). [LS 12]

Las imágenes de Dios como escultor o escritor pueden transmitir una idea de la Creación como de algo ya acabado. Según la tradición bíblica, Dios creó el mundo en seis días y al séptimo descansó. Más allá del trasfondo normativo hebreo (que justificaría de este modo el descanso sabático), el libro del Génesis señala cómo “así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo. Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, Dios descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho” (Gn 2, 1-2). Es decir, Dios habría terminado de crear lo que tenía intención de crear, incluidos los seres humanos, como su obra artística más perfecta.

Sin duda hay verdad en esto. El arte, efectivamente, puede ser como la pintura, la escultura o la literatura, donde el artista crea su obra como algo distinto de sí, que permanece aún cuando el autor pueda retirarse. Incluso puede ser que el artista ya no viva o que, incluso si vive, haya dejado de ejercer su arte o haya evolucionado hacia otras formas de arte; su obra sigue ahí. Obra y artista son dos realidades que, si bien en el momento de la creación estuvieron ligadas, después ya no tienen por qué estarlo.

Pero también es cierto lo que la ciencia lleva tiempo mostrando y es que no podemos hablar de una Creación terminada de una vez por todas, porque el universo ha llevado un largo proceso de evolución y sigue en constante evolución. De acuerdo con este modo de comprensión del universo, el jesuita Roger Lenaers propone una imagen muy sugerente que hoy puede ser más acertada: Dios como cantor o como danzante.

Lenaers expone que hay otras formas de arte, como el canto, la danza o el mimo, en las que la vinculación entre el autor y su obra están tan estrechamente vinculadas que esta solamente existe mientras el autor está creando –cantando, danzando o actuando–. En el momento en que quien canta o baila deja de hacerlo, el canto o el baile desaparecen.

Interpretar la Creación como un canto o un baile supone incluir la dimensión temporal. A diferencia de otras artes “estáticas”, la música y la danza se expresan necesariamente en el tiempo. Según esta otra imagen la Creación no sería tanto una obra que Dios realizó en el pasado y que sigue existiendo hoy. Dios no sería ese “gran relojero” que puso en marcha la Creación, una Creación que continua funcionando sin su necesaria presencia con las leyes y principios establecidos desde el comienzo de los tiempos. Dios sería más bien como un cantante o bailarín y la Creación como un canto o una danza que Dios sigue cantando y bailando. Más aún: así como el canto y el baile dejan de existir si el artista se detiene, la Creación existe en tanto en cuanto Dios sigue sosteniéndola con su canto permanente, con su constante presencia amorosa. Si Dios dejara de cantar o de bailar, la Creación también se pararía. Si Dios dejara de sostener la Creación con su permanente acción creadora, la Creación dejaría de existir.

Entender así la Creación como un canto o un baile –y, por tanto, a Dios como cantante o danzante– es tan impropio como concebirla como una escultura, una pintura o una obra literaria –y a Dios como escultor, pintor o escritor–. Dios siempre estará más allá de nuestras imágenes y conceptos. Pero podríamos decir que esta otra imagen, esta otra manera de concebir y formular a Dios en su relación con la Creación, encaja más con la manera de pensar de nuestros tiempos y con lo que la ciencia nos está sugiriendo al mostrarnos un universo en constante evolución. Dios es esa fuerza amorosa que está sosteniendo el cosmos y cada fragmento de realidad.

Esta manera de concebir a Dios no es en absoluto nueva en nuestra fe cristiana, centrada en un Dios trinitario. Dios Padre, como “Creador del cielo y de la tierra”, responde más a la imagen del pintor, escultor o escritor. Y Dios Espíritu Santo, que habita en la Creación y la alienta y sostiene como “Señor y dador de vida”, responde más a la imagen del cantor, actor de mimo o danzante. Esta “nueva” imagen de Dios nos ayuda así a adentrarnos más en el misterio del mundo y de Dios con actitud de asombro, adoración y alabanza. “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”. [LS 12]

Imagen principal tomada de https://abundantlifealton.files.wordpress.com/2011/10/gods_music.jpg
Imagen secundaria tomada de http://michelleeuperio.theworldrace.org/blogphotos/theworldrace/michelleeuperio/to_dance_around_the_sun_by_schakoyana.jpg

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