Twitter y Facebook, redes sociales por la paz

Twitter y Facebook siguen encabezando la lista de las más usadas del mundo. En muchas ocasiones critico -también necesario- cómo las usamos y cómo nos dominan, pero es justo también reconocer que son redes sociales por la paz, en las que los usuarios muestran diariamente su sensibilidad y preocupaciones.

Casi de inmediato, tras cualquier catástrofe o forma de violencia, estas redes sociales acogen la reacción de la ciudadanía. Son canales de rechazo automático ante la barbarie, donde también surgen iniciativas de colaboración y cooperación más allá de las fronteras. Pero continuamente estas redes generan contenidos y relaciones que actúan en una dirección más positiva, casi sin que se note.

Cómo construir redes sociales por la paz

  1. Moderación en aportaciones y comentarios.  El gran reto, la enorme ventaja de estas redes sociales está en la interacción. No me canso de repetirlo: diálogo, diálogo, diálogo. Suena con fuerza la acción de los trolls, aunque su presencia no es tan masiva. Por el contrario, destacaría el acierto y la prudencia de quienes comparten y comentan, quienes generan relación e intercambio en una dirección común. Seguir esos hilos, no como mero espectador, sino ganando en voz, en palabra que no hace ruido. Mucho nos jugamos en las personas a las que seguimos. Siempre he sido en esto partidario de abrir los círculos, en lugar de cerrarlos.
  2. Generan proximidad real. Esto quiere decir atención a cuestiones que, por sí mismas, nos resultarían lejanas. Hablar de lo contrario o matizar críticamente esta relación real, es menoscabar el poder y la fuerza que los ciudadanos pueden ejercer de modo directo. La reiterada comunicación, el conocimiento mutuo y, una vez más, el intercambio constante que deriva de la conexión nos hace más próximos. Y esta cercanía deriva en la formación común. De ahí que esta aportación de las redes sociales por la paz sea indiscutible. Nada de lo humano nos es ajeno, pero gracias a las redes sociales ningún humano puede sernos ajeno. Tenemos entre las manos una herramienta cuyo potencial de conexión y vinculación es enorme. ¿Lo imaginamos en favor de la paz, la justicia, la igualdad, la sostenibilidad, la educación, la solidaridad, la dignidad de las personas? A mayor apertura y relación, más tejido propicio para la paz. ¡No lo dudes!
  3. Apoyar las grandes iniciativas. Si bien puede parecer que no, es de lo más relevante. Ante cada golpe del terrorismo, cada mujer asesinada, cada catástrofe mundial, cada conflicto armado… ¡surgen #hahstag que mantienen la tensión en favor de la paz y la concordia! ¡Apóyalas con tu mensaje personal, con tu imagen, con tus contactos! Su visibilidad e impacto dependen de la suma de todos. Es la fuerza de una generación altamente conectada, difícil de apagar. En esto lamento enormemente que las grandes causas del mundo (ODMS) no aparezcan entre las tendencias de Twitter o Facebook este año. Quizá nos estemos cerrando demasiado sobre nosotros mismos. ¿Por qué no lanzar de vez en cuando un mensaje que apoye alguno de estos objetivos de desarrollo? ¡Que sean visibles!
  4. Buscar la profundidad. Aquí pinchamos muchas veces, porque nos quedamos en el mensaje superficial o difundimos contenidos creados en el mismo momento, pero carentes de análisis de calado. Sé que cuesta “salir” de la red para leer un artículo más largo y denso, y sin embargo es fundamental. Seguir compartiendo en una línea abierta y con hondura, que no se quede meramente en los contenidos enlatados o comprimidos. Los datos demuestran que el origen de las visitas a estas grandes fuentes de contenidos provienen principalmente de estas redes sociales, pero que son más bajos de lo esperado. ¿Nos estaremos volviendo cómodos?
  5. Resistir, sin cansarse ni rendirse. Puede parecer que se avanza poco, que lo deseable sería más y más, seguir creciendo sin medida. Sin embargo pienso que el uso de las redes sociales sin cansarse, como resistentes por la paz, dará sus frutos. Internet se crea día a día y es en parte nuestra responsabilidad, como usuarios activos, encaminarla a algún sitio concreto. Hay que reconocer que las redes sociales por la paz son instrumentos muy útiles de presión, de relevancia, de lenguaje común, de preocupaciones compartidas. Tenemos la oportunidad de gestionar información y relaciones como nunca antes en la historia, y ahora que conocemos los peligros de una racionalidad publicitaria y mediática, quizá conviene ponerse manos a la obra para construir una racionalidad más sensible y humana. Sin lugar a dudas, estas redes sociales tienen mucho que decir.
  6. Agotarse en las propuestas, no en las críticas. Quienes viven de las críticas ven con insuficiencia el mundo, dejándose llevar un nihilismo destructivo y carente de sentido. Pero más allá de eso está la incansable acción de muchos de los que buscan la paz con incansables propuestas, acciones y colaboración digital. Todavía no hemos desarrollado al máximo este poder que se nos ha dado a una generación conectada sin fronteras. Para mí sería una de las grandes innovaciones educativas, por poner un ejemplo: superar barreras, trabajar más allá de los mares.
  7. Contrarrestar la violencia. Lamentablemente hemos escuchado demasiadas veces que tal o cual terrorista se “radicalizó a través de las redes sociales“. Muy pocas, sin embargo, se habla del bien que ha hecho al dar a conocer otros puntos de vista o en favor de la prevención. Intuyo que internet, aunque sólo sea por el constante trato que los más jóvenes tienen con las ideas de los demás o por la cantidad de noticias que nos alcanza cada día a los adultos, ha hecho una fuerte labor de situarnos en una dirección mucho más sensible a los problemas globales que se ciernen sobre nuestro mundo y cultura. Sólo se habla, como bien sabemos, del extremismo que despunta y quizá no tanto de la mirada prudente y más consciente.
  8. Reconocer nuestra ignorancia respecto a las grandes cuestiones. El mundo hoy resulta mucho más complejo que hace unos cuantos años. La vida de mis abuelos en el pueblo, con su exigencia cotidiana y esfuerzo constante, tiene poco que ver con la situación de desprotección en la que se encuentra el ciudadano respecto del oleaje y las tormentas de la globalización. Pero ahora somos más conscientes de nuestra ignorancia, quizá también de nuestros límites y posibilidades. Las redes sociales por la paz, como Twitter y Facebook, nos permiten investigar más de lo que antes dábamos por supuesto. Aquí seguiría el mismo consejo que he dado antes: sigue a los mejores.
  9. Reflexionar sobre las propias acciones digitales. O dicho de otro modo, asumir cierta responsabilidad respecto de lo que lo propio crea o genera en los demás.  Ante todo, diría yo, hacerse cargo de uno mismo por encima, muy por encima, de la respuesta a las expectativas de los demás y al uso mediático del propio perfil. La paz se construye así, desde uno mismo mucho antes que ante los grandes conflictos mundiales. ¿Qué es lo que hago? ¿Qué es lo que debo hacer? ¿Cómo tender puentes, derribar puentes, generar más y más diálogo y sensibilidad común? ¿Cuál es el valor global que mi perfil, con sus limitaciones, tiene? ¿Hasta dónde puedo llegar y cómo conseguirlo?

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