El 7 de junio de junio de 2015 se celebraron elecciones legislativas en Turquía. El resultado no gustó al presidente Recp Tayyip Erdogan, que buscaba renovar la mayoría absoluta que disfrutaba su partido Justicia y Democracia (AKP), para poder reformar la Constitución y convertirla en una república presidencialista, es decir, con mayores poderes para su persona. Así que forzó la celebración de otras nuevas elecciones para noviembre de ese mismo año.

Para ello encargó a su primer ministro Ahmet Davutoglu una campaña encaminada a ese fin.  Había que arañar votos al Partido Nacionalista Conservador (PHD) y reducir los del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) de tendencia izquierdista pro-kurda, quienes en las elecciones de junio habían obtenido un magnífico resultado (80 diputados con un 12,6% de los votos).

La campaña se centró en la importancia de la estabilidad y en la necesidad de hacer frente al separatismo y al terrorismo. El mensaje a los votantes fue claramente dirigido a alentar la desconfianza hacia cualquier cambio y recuperar  a los electores del AKP que, en junio de 2015, habían derivado su voto hacia los nacionalistas o izquierdistas.

Los atentados terroristas sirvieron para que funcionara el voto del miedo. Poco después de las elecciones de junio, al mes siguiente, se produjo un atentado terrorista contra un grupo de estudiantes de izquierda en la ciudad de Suruç. El ataque fue atribuido al Estado Islámico por parte del gobierno turco. Sin embargo, los independentistas del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) lo atribuyeron a los servicios secretos turcos. La consecuencia fue que Erdogan intensificó las operaciones militares contra el PKK, que a su vez respondieron con la misma moneda al gobierno de Ankara. Erdogan se benefició de esta escalada al conseguir el apoyo de los nacionalistas y el rechazo popular a los activistas del PKK.

turkey-bombing-moment-of-explosion1-exlarge-169Pocos días antes de las nuevas elecciones del primero de noviembre de 2015, el 10 de octubre, se produjo un nuevo atentado durante una manifestación pacífica de partidos de izquierda en la capital Ankara. La gestión de la información sobre el ataque terrorista en la cercanía de las elecciones y la envergadura del ataque, el mayor atentado terrorista en la historia de Turquía, pudieron hacer cambiar su voto a algunos electores. Nunca ha estado clara su autoría, aunque el gobierno se encargó de culpar  una extraña y poco probable confabulación entre el Estado Islámico y el PKK que, como se sabe, combaten en bandos diferentes.

Erdogan y su propaganda transmitieron la idea de que el país estaba siendo atacado y que la unidad representada por su persona y su partido serían la salvación. Los resultados de las elecciones de noviembre demostraron que la estrategia del miedo había dado resultado. El AKP obtuvo la deseada mayoría, y nacionalistas y pro-kurdos de izquierdas perdieron escaños a favor del partido de Erdogan.

La violencia continúa y el 18 de febrero, también en la capital Ankara, otro atentado contra instalaciones militares, costó la vida a 28 personas. La autoría se ha atribuido a las milicias kurdo-sirias denominadas Unidades de Protección Popular (YPG). Sin duda,  se incrementarán las medidas de seguridad y la represión contra los kurdos,  lo que provocará la reacción de estos para cerrar el círculo de la violencia.

Erdogan se enfrenta a problemas internos como la crisis económica, el descontento social, el separatismo kurdo y el terrorismo; y también a problemas externos como la guerra de Siria, sus malas relaciones con Rusia y el descontento con Estados Unidos y sus aliados occidentales por su apoyo a los kurdos del PKK, principales combatientes contra el Estado Islámico. Turquía está en una encrucijada: del camino que tome para resolver sus problemas dependerá no solo el futuro de su país sino de todo Oriente Medio.

La Turquía amable, mediadora e integradora, ejemplo de democracia dentro del islam, de la primera década de este siglo XXI, está dando pasos agigantados para convertirse en sectaria y beligerante. No cabe duda de que en esa deriva ha influido también el continuo rechazo aceptar que los turcos formen parte de la UE. La inestabilidad de ese inmenso país es cada vez mayor. ¿Hacia dónde irá Turquía?

Foto 1: AFP/Getty Images, tomada de http://shoebat.com/wp-content/uploads/2015/06/t1larg.erdogan.afp_.gi_.jpg

Foto 2: Reuters, tomada de http://cnnespanol.cnn.com/2015/10/12/turquia-apunta-a-isis-como-principal-sospechoso-del-atentado-de-ankara/