¿Turisteas o contemplas… por Nueva York?

Por Ellie Alter. Responable de Comunicación de RIF

La desbordante cultura gastronómica local de la ciudad de Nueva York atrae a aventureros turistas de todo el mundo. Sin embargo, sobre el techo de los edificios que albergan este renacimiento culinario de Brooklyn, surgen historias de migración y nuevas raíces.

Subiendo las escaleras sin pulir, te aproximas a una puerta enyesada con un letreo que dice: “Cuidado: objetos metálicos punzantes” y como acogida experimentas un breve sentimiento de incredulidad: “¿estoy en el lugar correcto?”. La puerta se abre dejando a la vista un paisaje que es a la vez familiar y extraño. Un bosque falso de coles te encamina hacia un patio cubierto donde las manos, oscurecidas por el sol y la tierra, parten el pan. Sonrientes y hambrientos, los granjeros de Brooklyn Grange te invitan a sentarte junto a ellos. Has llegado a nuestra frontera. 

Como negocio innovador de huerto comercial y “techos verdes” (green roof) con el objetivo de desarrollar un modelo sostenible de agricultura urbana, Brooklyn Grange consigue mucho más que los más de 25000 kilos de producción orgánica que vende a los mercados locales. El huerto forma a aprendices y tiene su propia organización no gubernamental, City Growers, que se ocupa de educar a los jóvenes sobre nutrición y sostenibilidad medioambiental. Brooklyn Grange también ofrece asesoría sobre agricultura urbana y servicios de instalación de “techos verdes”, y organiza distintos eventos abiertos al público que van desde cenas “pre-pago” (ticketed-dinners) a bodas.

En 2012, Brooklyn Grange  se asoció con Maria Blacque-Belair, directora ejecutiva de RIF (Refugee and Immigrant Foundation), para añadir todavía otra faceta más a este negocio social tan polifacético: un proyecto de inserción mediante huertos urbanos (Urban Farm Recovery Project). Trabajadora social de profesión, guerrillera humanitaria por naturaleza y educación, María dirige la única organización en la ciudad de Nueva York que sirve como puerta de entrada para solicitantes de asilo. Huyendo de persecuciones tanto físicas como psicológicas, los solicitantes de asilo se enfrentan al mayor riesgo de abuso a su llegada a la ciudad. Afectados por las repercusiones psicológicas del trauma, e ignorantes del proceso de asilo, es frecuente que caigan víctimas de asesores legales sin escrúpulos al llegar por primera vez a la ciudad. Muchos tienen también problemas incluso para asegurarse un alojamiento seguro, y por supuesto, apoyo social y psicológico, y estas dificultades agravan sus ya frágil salud mental.

Durante este arduo y largo proceso, RIF ofrece orientación y apoyo en relación al asilo con programas que enfatizan la asistencia práctica como medio de terapia psicológica. En cooperación con el Instituto Internacional de Asuntos Humanitarios de la universidad de Fordham (IIHA por sus siglas en inglés), RIF ofrece un grupo mensual de apoyo que invita a los solicitantes de asilo a compartir sus percepciones acerca de la propia Fundación, pero también sus propias experiencias. Esta estructura nos permite acercarnos tangencialmente al trauma y ofrecer apoyo psicológico que permita a las personas reconectar con un sentido de sí mismos que muy a menudo se ha perdido en el proceso de huida.

El proyecto ofrece prácticas pagadas en agricultura urbana en Brooklyn Grange, y como el huerto, alimenta a muchos, y en más de un sentido. Nuestros becarios se forman en el trabajo de los huertos orgánicos, mejoran su inglés y se preparan para el mercado laboral de los Estados Unidos. A la vez que el huerto va reviviendo, ellos también se transforman y van enraizando en su nuevo ambiente. Si pasas un tiempo entre nosotros, seguro que comenzarás a constatar esta realidad y te asombrarás de los beneficios, tanto prácticos como psicológicos del proyecto.

De vuelta a nuestra frontera, Denise, la responsable de una ONG para víctimas de violaciones masivas en la República Democrática del Congo, encoge los hombros y comparte un pimiento rojo Carmen-Sweet con Meredith, una joven estudiante de Ciencias Ambientales en la Universidad de Michigan. Cada semana cosechan miles de estos pimientos que terminan en platos de toda la ciudad, Juntas disfrutan y se dejan mimar en el espacio mental que proporciona el transplante de acelgas suizas o la cosecha de tomates cherry. Este verano, Denise consiguió una beca completa del curso de Asistencia Humanitaria del Diploma Internacional de IIHA, donde intercambia sus experiencias únicas con miembros de las agencias de las Naciones Unidas. Queremos pensar que los pimientos tienen algo que ver con su paso del trauma a un programa intensivo de formación humanitaria.

El verano pasado, mientras Denise y yo nos enfrentábamos a la siempre invasora amenaza del Purslane, una mala hierba molesta pero comestible, Denise me explicó que tuvo que dejar a sus hijos cuando tuvo que huir a Estados Unidos en busca de asilo. Comenzó a llorar, así que atravesé el cultivo  y nos abrazamos. Le pregunté si quería descansar un rato conmigo en la sombra, y respondió con una sonrisa: “No, esto es bueno para mí”, señaló de nuevo a las plantas y continuamos la limpieza.

Estos momentos de compartir te llegan tan adentro que permanecen durante días, imaginando una y otra vez las propias dificultades personales que son ahora totalmente triviales en comparación con las escuchadas. Este tipo de interacciones proporciona a los becarios de Brooklyn Grange lo que viajar supone para quienes se aventuran lejos de su hogar: darse cuenta de que todos somos simultánea y maravillosamente diversos y parecidos. Nos hacemos selfies y se nos recuerda que la gente quiere las mismas cosas, y todos nos sentimos abrumados en ocasiones. Al fin y al cabo, nuestros becarios encuentran un sentido de estabilidad en medio de la incertidumbre y la ansiedad, y a ratos cada semana cosniguen escapar de su turbulenta realidad, y finalmente sanar.

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