Tres pistas para ver “Silencio”, de Scorsese

Un fotograma de la película "Silencio"

Tres pistas estéticas. Silencio, la última película de Scorsese, es una obra de arte muy cuidadosamente elaborada. Por eso ofrecemos aquí tres sugerencias, a partir de tres detalles del film. En otros posts hemos ofrecido algunas pistas literarias (el tema del silencio de Dios en la novela de Endo Suhaku) o teológicas (qué supone la fe para vivir y morir). De manera complementaria, aquí hay tres reflexiones que surgen a partir de elementos estéticos de la película.

  • La escalinata

Fotograma de la película "Silencio"
Fotograma de la película “Silencio”

En una escena impresionante, hacia el inicio de la película, se ve a los dos jóvenes jesuitas caminando junto al P. Valignano. Impresiona la cámara cenital. Escaleras de piedra blanquecina y sotanas negras. Solidez y firmeza en la voluntad misionera de los protagonistas. La toma cenital ofrece una mirada a distancia y parece sugerir la pequeñez de los esfuerzos humanos, cuando se contemplan con amplitud. Así los mira Dios. De hecho, en esta escena hay un momento en que no se ve claro si los tres jesuitas suben o bajan las escaleras. En la misma película, no quedará siempre claro qué es triunfar y qué es fracasar, qué es pasión y qué es gloria, que es subir y qué es bajar. Hay un libro reciente de Richard Rohr que expresa bien esta dinámica, “Caer y levantarse” (PPC, 2015). El título original inglés es aún más elocuente, “Falling upward”, es decir caer hacia arriba. No es una expresión contradictoria, sino una realidad paradójica, que la película refleja bien. ¿Suben o bajan la escalera? ¿Quizá la suben cayendo, porque caen hacia arriba?

  • Los pájaros

Está claro que el silencio es central en la película, ya desde el título de la novela que la inspira. En otro lugar hemos hablado del sentido teológico y espiritual del silencio de Dios. Ahora bien, el reto para un cineasta es cómo plasmar ese silencio en una película (“El gran silencio” muestra un ejemplo extremo y magistral de esto, que se puede ver también en algunas escenas de “De dioses y hombres”, otra joya del cine espiritual contemporáneo). Scorsese ha rodado una película minimalista en el aspecto musical. No en vano ha confiado la banda sonora a Howard Shore, autor de la música de “El silencio de los corderos”, entre otras obras. Aquí, la verdad, apenas hay música, alguna canción que entonan los cristianos martirizados… y silencio. Con dos excepciones muy significativas, al principio y al final de la película: el canto de los pájaros. En diversas tradiciones espirituales, incluyendo la bíblica y la budista, el canto de los pájaros evoca la presencia misteriosa y discreta de la realidad espiritual. ¿Será, acaso, que ese (supuesto) silencio de Dios está enmarcado por el canto del Espíritu de la Vida?

  • La bruma

silencio_0Si no toda la película, buena parte de ella está dominada por las brumas del mar y las nieblas del campo. Las tonalidades dominantes son grises y azules. Quizá este detalle habla de un tono psicológico apagado y triste, acorde con la dureza de la historia narrada: la persecución, clandestinidad, torturas y asesinatos que sufren las pequeñas comunidades cristianas campesinas. Pero, más allá del nivel psicológico, la bruma nos adentra en la complejidad de los dilemas morales a que se ven abocados los jesuitas. Incluso más, nos habla de la honda experiencia espiritual en la que se van adentrando. Como dice el Nuevo testamento, “la fe es creer lo que no se ve” (Hebreos 11, 1) y por eso “ahora vemos como en un espejo, oscura o confusamente; entonces veremos cara a cara” (1Corintios 13,9).

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3 Comentarios

  1. Enlazando con el penúltimo párrafo del excelente comentario de Patricia: ¿Es casualidad que los cristianos que se mantienen tales y encuentran los sacerdotes al llegar sean pescadores y aldeanos, míseros, a los que la situación establecida condena a la más absoluta marginalidad, aferrados al paraíso que les promete Deus, frente al bienestar ilustrado del que se disfruta en la intelligentsia budista? ¿Sigue siendo válida la distinción entre religiones sapienciales y proféticas o apocalípticas y cómo se articulan en el cristianismo en cuanto aspectos de una realidad mayor? ¿Sigue siendo cierto que (como sucedía claramente en el judaísmo del segundo templo) entonces como ahora la evidencia y la urgencia del llamado “mal estructural” importan de distinta manera en función del lugar social que se ocupa?
    Por supuesto no son las únicas cuestiones de que trata esta magnífica película; pero así como hace algunos años quizá habrían acaparado los debates en exceso, creo que no deberíamos ahora perderlas totalmente de vista , cuando los aspectos de subjetividad y espiritualidad han cobrado mucho mayor protagonismo.

  2. Muchas gracias por tu reflexión. Nos parece que “Silencio” suscita silencios y reflexiones. Y de ahí brotan las palabras. Así es en tu caso. Y de ello nos enriquecemos todos. Gracias

  3. Me gustó mucho. Atención “spoilers”
    Lo primero que me llamó la atención era comprobar que jóvenes e inexpertos eran los sacerdotes cuando llegan a Japón. Aparentaban vulnerabilidad y estaban totalmente despistados y a la expectativa pues no sabían lo que se iban a encontrar. Eran lo en una película de Cantinflas decían “curan polluelos”, con frescura, inocencia y arrojo.

    Lo segundo que me llama la atención es la fidelidad de “las ovejas” es decir los cristianos japoneses que pese a peligros y martirio, mantenían su fe y a la hora de entregar la vida no parecían tener tantas complicaciones, filosóficas, morales y de otra índole como el padre Rodrígues, o Kichijiro. Ellos vivían en el peligro, bautizaban en la clandestinidad y llegado el momento aunque no era plato de gusto, su disponibilidad hace que resuenan en mi las palabras del evangelio “Vayamos también nosotros a morir con él”.

    Después tenemos Kichijiro, quien reiteradamente traiciona y apostata pues se reconoce débil y no soporta la idea del martirio. Es un personaje que en el cine produce hilaridad sin embargo, para mi resulta conmovedor. Es humilde y se reconoce débil y pecador y es por ello, que siempre regresa a reconciliarse con Dios por medio de la confesión. Su vida es pedregosa y contradictoria, un viacrucis personal, pero él es constante, humilde y perseverante. Lo último que sabemos de él es que se lo llevan preso pues le encuentran un “escapulario” casero que las autoridades llaman amuleto al final de la película. También es llamativo que Kichijiro le diga al padre Rodrígues “pero usted es el último sacerdote” cuando le va a perdir confesión cuando Rodrígues ya había apostatado. Kichijiro con sencillez, nos muestra la grandeza del sacerdocio sin él no hay sacramentos. Cuando Kichijiro busca a Rodríguez es a Cristo a quién busca.

    El padre Rodrígues empieza con mucho ímpetu, su misión. Ya desde antes de partir, insiste en ello a pesar de la reticencias de su superior. Su compañero Garpe queda un poco como a su sombra, sin embargo creo que era más consciente y más maduro. Podemos comparar al final de la película es desenlace de la misión de uno y de otro.
    El intérprete que traducía la lengua materna al japonés, dice en un momento de la película “Es orgulloso, caerá” y tenía razón. Ello nos muestra como a veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos, ven las evidencias que pasa nosotros permanecen en la oscuridad. También menciona en otro momento “tiene miedo de su sufrimiento y de los sufrimientos de los demás” si mal no recuerdo. Ello nos lleva a pensar como ese miedo nubla su horizonte. En el evangelio, se repite constantemente “No tengais miedo”.
    En mi opinión el problema o el dilema que tenía Ferreiras sobre si apostatar o no con objeto de salvar la vida de otros cristianos, es en realidad un engaño. Creo que Ferreiras se echó a la espalda una responsabilidad que no le correspondía. La vida de los cristianos de no dependía de él. Estos ya habían tomado una decisión, ya tenían una vida como cristianos y por lo que se ve la gracia los asistía sin fisuras. En una palabra la vida de ellos, no era de Rodrígues sino de Jesús y ellos al igual que Jesús camino del calvario aceptan entregarla. Las autoridades con gran atino, quieren corromper al pastor para se se dispersen las ovejas, dejando efectivamente la iglesia descabezada.
    Hay una escena en la que Kichijiro le pide confesión a Rodrígues cuando ésta ya está inculturado y vive con una viuda. Allí veo que en realidad, Rodrígues por así decirlo está prácticamente en la casilla de salida. Después de haber visto caer a Kichijiro tantas veces, nos damos cuenta de que hemos visto a Ferreira caer solamente una y no vemos arrepentimiento por su parte ni incomodo, sino aceptación. Creo que es víctima de la soberbia. Cuando le impone las manos a Kichijiro en lo que no sabemos si es una absolución o una bendición, nos damos cuenta de que efetívamente Kichijiro espiritualmente va por delante. El pobre del que todos se ríen, el cobarde, el débil, el que apesta, recordemos la escena al principio cuando se lo encuentran en puerto de China).

    ¿Qué decir de Ferreira? Es un personaje algo enigmático. Ese giro al budismo y a la vida zen me sugiere un apóstata filósofo. Busca razones, conocimiento, que por supuesto hay. Pero ¿en qué momento se alejó su corazón de Jesús? La película también nos da una lectura cuando menciona “Nuestro Señor” mientras Rodrígues y él realizan su trabajo de censores de artículos susceptibles de ser cristianos. Trae a mi memoria el “¿Puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella lo haga, yo no te olvidaré” Jesús siempre está ahí, no nos olvida y de aquellos fuegos, estas brasas.

    Me gustó mucho el final. El incinerar al padre Rodrígues con un crucifico en las manos de manera clandestina, sugiere que pese a las apariencias externas, nunca podemos juzgar el corazón de un hombre. Solamente Dios alcanza a saber lo que hay en cada uno de nosotros y hasta donde somos responsables.
    La discreción de la viuda con la que convivía Rodrígues nos reconcilia un poco con el Japón del que admiramos su belleza y armonía, pero dispuesto a que el fín justifique a toda costa los medios. ¡Qué contraste tan grande con los dientes podridos y la miseria de las chozas donde vivían los cristianos y la sobriedad, belleza y limpieza de la arquitectura nipona! También entre la hospitalidad que estos cristianos podían ofrecer a los “padres” durmiendo en un zulo y padeciendo piojos, con la hospitalidad del inquisidor y el refinamiento del té.
    Una gran película en mi opinión, y creo que tiene tantas lecturas como espectadores. Esperaba mayor resonancia en la misma de la historia de los 26 de Nagasaki, pero no salí defraudada. La película nos aporta mucho sobre lo que pensar, reflexionar y confrontar.

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