En estos días, estamos todos impresionados por el efecto de los desastres naturales en el Perú. Hay al menos 75 personas muertas y más de cien mil damnificadas, con casi 700.000 personas afectadas. Especialmente castigada está resultando la zona norte del país: solo en los departamentos de Piura y Lambayeque han colapsado más de cinco mil viviendas.

Al hilo de estos dramáticos acontecimientos, queremos compartir algunas reflexiones. Tomamos para ello tres imágenes significativas, que permiten no solo hacerse cargo de lo que pasa en estos momentos de emergencia, sino también esbozar algunas claves de análisis de lo que ocurre en el país, aunque sea de manera inicial, tentativa y provisional.

  1. El Perú desbordado

El Puente Talavera colapsa

Los ríos desbordados son metáfora del Estado desbordado. La mejor imagen quizá sea la del puente peatonal de Talavera (también llamado de la Solidaridad), que une los distritos populares de El Agustino y San Juan de Lurigancho, en Lima. Se trata de un moderno puente, inaugurado en el año 2000, que colapsó el día 17 de marzo de 2017, porque la base de arena en la que se sostenía fue, sencillamente, horadada por la fuerte erosión del río Huaycoloro.

Ya en el año 1984, el antropólogo José Matos Mar (1921-2015) publicó el libro Desborde popular y crisis del Estado, en el que mostraba la importancia histórica de la “movilización espontánea de los sectores populares que, cuestionando la autoridad del Estado y recurriendo a múltiples estrategias y mecanismos paralelos, están alterando las reglas de juego establecidas y cambiando el rostro del Perú”. Para ello, se entrecruzaban diversos elementos: “el intenso crecimiento demográfico, la explosión de las expectativas, el mayor acceso de las masas a la información, la urbanización sin industrialización y una crisis económica sin precedentes”.

Este desbordamiento popular, y el posterior periodo de crecimiento económico sostenido (2000-2015), ¿nos hablan de un crecimiento con pies de barro, como el puente Talavera, que puede resultar también desbordado?

  1. La sociedad emergente

El icono más emocionante de estos tremendos sucesos lo encontramos en Evangelina Chamorro, arrastrada por un huaico en Punta Hermosa el día 16 de marzo. La fuerza, el aguante y la fe en la vida de esta mujer de 32 años, sin duda, le ayudaron a salir adelante en medio del agua, el lodo y las maderas.

Evangelina Chamorro emerge del río desbordado

“La otra cara del desborde del Estado, que ya se ha convertido en permanente, es el surgimiento por primera vez el proceso histórico peruano de una emergente sociedad nacional”. Así lo indicaba el mismo Matos Mar en su última gran obra, Perú. Estado desbordado y sociedad nacional emergente (2012): se trata de una “sociedad de rostro plural, urbano, migrante, provinciano, policlasista, emprendedor, multilingüe, multiétnico, que se identifica como peruana y que ha sido posible solamente por la presencia masiva del Perú discriminado y olvidado en el mundo urbano”. De hecho, Matos Mar considera que este fenómeno constituye una verdadera revolución cultural: “Estos migrantes no solo transformaron Lima sino, en una hazaña impresionante, iniciaron la integración física, social y cultural de sus regiones, gestando los enlaces necesarios para que un gran capital humano de hombres y mujeres, como un tejido multicolor, contribuya a formar la sociedad nacional andina”.

Así pues, frente al puente desbordado y colapsado, sigue emergiendo el poder y las ganas de vivir de la gente. El empuje y la capacidad de emprendimiento de la población peruana siempre ha sido uno de sus principales valores.

  1. La desigualdad persistente

A lo largo de esta década y media del siglo XXI, el Perú ha mantenido un crecimiento económico sostenido y muy vigoroso, con tasas de aumento del PIB por encima del 5% (llegó al 7.9% en el año 2008). El último dato, correspondiente a enero de 2017, constata un aumento del PIB del 4.8%. Con todo esto se ha podido hablar, con razón, de cómo “Perú deslumbró al mundo”.

Desigualdades en el acceso al agua

Más complejo es lo referido a la desigualdad. Por un lado, hace unos pocos años, un estudio de la Pontificia Universidad Católica del Perú concluía que una década de crecimiento económico sostenido, no habían corregido la desigualdad interna: “La distribución del ingreso, aproximado desde las cuentas nacionales con los ingresos reales promedio de los trabajadores independientes y auto empleados, del campo y la ciudad, muestra que el Perú en 2010 es un país más desigual que a inicios de la década del ochenta. La distribución del ingreso, medida con las series del Gini corregidas con información de las cuentas nacionales muestra un resultado similar. El Gini de 2010 es exactamente igual al 1980: 0,60”

Por otro lado, hace apenas unos meses, otro estudio de la Universidad del Pacífico ha indicado que “la desigualdad de ingresos ha mostrado una tendencia decreciente en la última década, con un ritmo de decrecimiento considerablemente mayor en la primera mitad (2007- 2011)”. El estudio analiza el rol de las políticas públicas en la evolución de la desigualdad en el Perú y muestra que “las transferencias públicas han tenido un rol bastante más activo como mecanismo de igualación del ingreso en el período 2011-2014 que en el periodo 2007-2011 (cerca del 60% del cambio en el coeficiente de Gini entre el 2011 y el 2014 puede asociarse a estas transferencias)”. Sin embargo, un reciente informe de Oxfam concluía que el actual sistema tributario del Perú resulta “insuficiente, incompleto e inequitativo”. No es de extrañar, pues, que persista la desigualdad aunque haya crecimiento económico.

Y, por tanto, tampoco puede extrañar que estos fenómenos naturales estén afectando de manera muy desigual a los distintos sectores de la población peruana. Como suele ocurrir, son los más pobres quienes resultan más golpeados: quienes viven en zonas más peligrosas, con edificaciones más vulnerables y con peores servicios públicos de saneamiento. Y, por supuesto, con acceso al agua más cara y de peor calidad.

4. … y la solidaridad latente

En medio de todo esto, mencionamos muy brevemente un cuarto elemento, también muy significativo. Esta emergencia está permitiendo que surja una gran solidaridad interna entre los propios peruanos. Este hecho habla, sin duda, de una sociedad más cohesionada, que va superando los muros de separación y construyendo relaciones más basadas en la confianza mutua.

Para quienes puedan colaborar ante esta emergencia y las tareas de reconstrucción, desde España, recomendamos hacerlo a través de Entreculturas. Desde Perú, el apoyo jesuita se canaliza a través de la Oficina de Desarrollo-Procura (OPD) y la comunidad de Piura.

Nota: la imagen de portada es del artista colombiano Édgar Álvarez.