Transparencia y moralidad empresarial

El discurso en torno a la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) es visto a menudo como una cortina de humo, con la cual las empresas intentan aparecer respetables ante la opinión pública mientras siguen con el “business as usual”. Esa cortina de humo viene hecha de palabras muy repetidas y algunas actividades muy publicitadas (lo esencial, al revés del Evangelio, es la publicidad, no la actividad: sembramos veinte árboles y dedicamos veinte millones a difundirlo, por decir algo).

Yendo más a fondo, los negocios en sí mismos poseen una moralidad consistente “en lo que haga falta” para sobrevivir en la competencia del sector. Tal moralidad resulta por tanto variable de sector a sector (no es igual regentar una casa de alterne que vender jabón para lavar en los supermercados), pero el denominador común es que haces más o menos lo mismo que tus competidores. Y si el ámbito de la competencia cambia (por ejemplo, entran a nuestros mercados productos fabricados en otros países), entonces también cambia la moral del sector. Convicciones cero.

Esta es la imagen negativa de la empresa y sus posibilidades éticas que tienen los empresa-escépticos, los cuales para empezar suelen ser la mayoría de la izquierda, y toda la izquierda radical. Pero también otros, claro, incluyendo los que añoran tiempos en que las empresas gobernaban menos la vida social, familiar y personal. Los empresa-escépticos querrían que el Estado atara corto a las empresas por medios legales. Aunque si el resultado es que las empresas nacionales no pueden competir con el extranjero y quiebran o se van, hacemos un pan con unas tortas.

Hay por supuesto otras posiciones. Una de ellas vendría a sostener que el entorno económico de las empresas es muy variado, esto es, que en la competitividad entran muchos factores, y es por tanto posible en la mayor parte de los sectores ser competitivos desde distintos perfiles morales de la empresa. Diseñando cuidadosamente la estructura y el rumbo de la organización, cabe competir con éxito y a la vez mantener una buena calidad moral. En esta línea situaría yo a la Cátedra de Ética Económica y Empresarial de la Universidad Pontificia Comillas, y también a la Fundación Compromiso y Transparencia, uno de cuyos informes me ha hecho llegar amablemente su coautora.

La aproximación de la Fundación sigue uno de los principios kantianos de la moralidad (que saben las abuelas desde mucho antes que viviera Kant): el principio de publicidad. En pocas palabras, cuando actuamos mal tendemos a esconder lo que hacemos; cuando actuamos bien no nos molesta, incluso nos gusta, que nuestra acción se haga pública. La transparencia viene a ser así un importante punto de apoyo para el progreso moral.

De ahí que me haya parecido interesante el título del informe: Contribución y transparencia. Informe de transparencia en la web sobre la responsabilidad fiscal de las empresas del Ibex 35. Básicamente, se trata en sus páginas de analizar la comunicación de las empresas del IBEX35 sobre su propio desempeño fiscal, a partir de ciertos criterios de la publicidad en la web que los autores razonan.

Sobre ello no hay mucho que especular: la gran empresa que no sigue líneas de publicidad de su contribución fiscal semejantes a las que se sugieren en el informe, renuncia a utilizar la principal herramienta que posee para deshacer las sospechas de la opinión pública española sobre sus conductas fiscales. (En particular el creciente porcentaje de opinión que puede clasificarse con empresa-escépticos radicales).

Claro está, si las empresas no publicitan sus prácticas fiscales, será porque estas no pueden publicitarse. Lo que había dicho Kant.


Imagen tomada de: http://coyunturaeconomica.com/files/coyuntura/rse.gif

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