Transgénicos en la Laudato si´ (y II)

En Europa, cuando pensamos en el uso de transgénicos en agricultura, las dos preguntas que nos solemos hacer es si son saludables para el ser humano, es decir, sobre su riesgo para la salud humana, y en segundo lugar, si su empleo hace más eficiente la actividad agrícola. Por ello, si no hay evidencias claras en la actualidad de que produzcan un impacto negativo en la salud humana o si se muestra que optimizan la producción industrial de materias primas alimentarias, las posibles dudas ante esta innovación estarían despejadas. Pensamos así en el consumidor final y en la actividad productiva. Con ello damos preferencia a las comunidades urbanas (“ciudadanos”) sobre las rurales (campesinado y culturas tradicionales), y a la actividad económica sobre las dimensiones ecológicas, culturales y religiosas de esa misma actividad. Ese pensar ya ha jerarquizado la realidad social y las dimensiones humanas implicadas que deben ser atendidas.

No es esta la perspectiva de Laudato si´, que busca una posición integradora desde la riqueza de dimensiones de los sujetos y la interpenetración de los procesos económicos, con los ecológicos, sociales, culturales y religiosos. En suma, la actividad humana es unitaria. Las distinciones conceptuales no deben hacernos perder de vista el carácter integrado y complejo de cualquier actividad humana. De ahí el desafío de alcanzar un humanismo integral y una ecología integral que haga justicia a esa complejidad. Una mirada global (LS 135) que tiene un aliento ético y religioso, desde el que se evalúa el carácter monodimensional y desajustado de algunas prácticas tecnocientíficas actuales justamente por la exclusión sistemática de las sociedades y culturas más vulnerables ante el “imparable” desarrollo modernizador.

Por ello, la crítica de fondo es no sólo por el modelo antropológico que vehicula esta tecnología, sino también por el carácter injusto ante las víctimas sociales de este proceso productivo y ante el desprecio de la biodiversidad natural y la sociodiversidad con la que la humanidad está llamada a convivir y sostener.

El problema cultural implicado en esta tecnología reside en su carácter incompatible con los valores tradicionales en relación al cuidado de la naturaleza y la cosmovisión integradora de las comunidades humanas en la misma. Implica ello injusticia hacia otras formas culturales que son desplazadas, pero a su vez, se apunta a una cierta “desmesura” en la propia concepción cultural que implica el desarrollo de transgénicos modernos ante el no atemperamiento humano a los ritmos “lentos” de los ecosistemas. Habría un desorden en el proceso transformador de la naturaleza “por la velocidad que imponen los avances tecnológicos actuales estos procesos” (cf. LS 133). A su vez, la atribución de sentido a las semillas como una mercancía patentable y apropiable privativamente, pervierte su valor de uso como garantía de la continuidad de la vida de la comunidad. En este sentido, como ha señalado Vandana Shiva, las semillas libres tradicionales están amenazadas por la transformación deliberada de un recurso renovable auto-regenerativo en una mercancía no renovable patentada. El caso más extremo de semilla no renovable es el de la tecnología Terminator, desarrollada con el objetivo de crear semillas estériles (cf. LS 134). 

El problema ecológico del uso de los transgénicos está vinculado a un empobrecimiento progresivo de la biodiversidad natural y tradicional primando los monocultivos frente a la agricultura diversificada. “La expansión de la frontera de estos cultivos arrasa con el complejo entramado de los ecosistemas, disminuye la diversidad pro­ductiva y afecta el presente y el futuro de las eco­nomías regionales” (LS134). La contaminación genética de variedades tradicionales es una posibilidad permanentemente denunciada y ante la que la actividad privada no asume de partida ninguna responsabilidad. Por otro lado, ¿es compatible la salud de las poblaciones rurales que se ven sometidas a un uso intensivo de agrotóxicos para eliminar otras plantas y especies (cf. LS 33-34)?

Junto a estos problemas y dimensiones, también está presente una dimensión religiosa. La Iglesia no reconoce un simple derecho de uso de las criaturas, como si no tuvieran un valor en sí mismas. Así, se podría hablar de una prioridad del “ser” sobre el “ser útiles” (LS 69). Pero no estamos a la altura del respeto ante la dignidad de los otros seres vivos cuando, “por nues­tra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho” (LS 33).

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