Traficando sueños

Soy asidua de la librería Traficantes de sueños, no sólo porque muchas de las personas que están detrás de este proyecto editorial son compañeros y compañeras de luchas sociales que me son próximas, ni porque el actual local donde hoy se encuentra ubicada es fruto de una apuesta por lo común entre gentes tan diversas como una congregación religiosa femenina, los okupas, vecinas del barrio y ellos mismos, sino porque me fascina su nombre y lo que significa: No hay cambio social sin tráfico de sueños.

Recientemente he estado en Bilbao con las entidades sociales de iglesia reflexionando sobre ello, compartiendo algunos de nuestros sueños de alternatividad y cambio social. Sueños que coloquen en el centro de la economía y la cultura el  cuidado y la sostenibilidad de la vida y el derecho de todas las personas, empezando por los más excluidos y excluidas, a tener vidas que merezcan la pena ser vividas. Comparto algunos de ellos:

–El sueño de que todas las vidas valen lo mismos y nadie es descartable.

Es decir, la radical dignidad de toda persona, sea cual sea su sexo, el lugar donde haya nacido, su etnia, el color de su piel, su orientación sexual, su situación socio-económica, tenga papeles o no. Porque, como anunciaba hace años una  campaña de Jóvenes contra la intolerancia: somos iguales y somos diversos y en razón de nuestras diferencias no se puede generar desigualdad.

Traficar este sueño es reconocer que la injusticia además de socio-económica es también cultural y que no hay una historia única, sino muchas y descubrir donde confluimos. Traficar este sueño colleva el reconocimieto del diferente y su cultura   como sujeto y protagonista de la historia y no como objeto de intervención ni como subalterno.

Supone reconocer al otro/a no sólo en su déficit o carencia, sino en su posibilidad. Mirarnos y reconocernos de forma capacitadora, y no desde la comparación ni y la descalificación como punto de partida. En definitiva, hacernos más conscientes de nuestro etnocentrismo y buscar como romper las asimetrías impuesta por la lógica del poder: clasista, racista, sexista y colonial.

El trafico de este sueño supone descubrirnos unos a otros como iguales, como sujetos portadores de posibilidades y de acción transformadora, que desde procesos de empoderamiento podemos conseguir juntos y juntas el derecho a tener derechos. Cito algunos: acabar con las deportaciones, parar desahucios, ratificar  del convenio 189 de la OIT sobre el trabajo doméstcio, las luchas de los sindicatos manteros por  la despenalización del top manta, cerrar los CIES,etc .

¡Que diferente descubrir a las personas y descubrirnos desde estas posibilidades a quedarnos en la sola queja y el victimismo! El victimismo alimenta la impotencia y termina justificando la asimetría en las relaciones, tanto en el ámbito personal como en el socio-político.La justicia como afirma A. Baidou es eso: pasar del estado de víctima al estado de alguien que está de pie

–El sueño de hacer cotidiano en cada barrio y comunidad el sacramento del encuentro   y superar  fronteras, visibles e invisibles

Nuestras sociedades están hambrientas de acogida, de hogar, de reconocimiento, a la vez que los temen. Aunque la globalización nos abre a nuevas perspectivas convivenciales está suponiendo también en sus aspectos más negativos, la demonización del diferente y la ideología de la seguridad y la sospecha a cualquier precio.

La acogida, la hospitalidad son hoy más que nunca un signo profético y por lo tanto amenazado y sancionado de múltiples formas y requieren tiempo, cuidado, discernimiento, calidad y apuesta gratuita por ello. Acoger es abrir el espacio y el tiempo al encuentro con otros/ as diferentes, y hacerlo desde una actitud de reconocimiento y mutua  necesidad, lo cual nos lleva muchas veces al esfuerzo de intentar sentir y pensar desde donde no estamos, a suspender juicios, a arriesgar en el diálogo y a aceptar lo que el otro quiera ofrecernos, a no imponer ritmos sino a ir detectándolos.

La diversidad cultural reta fuertemente a la convivencia y la acogida en nuestros barrios y comunidades cristianas. Podríamos decir, parafraseando y recreando a Tomás Borge, que el diálogo intercultural es  la ternura de los pueblos, la ternura de otra convivencia posible. La ternura en el plano social es respeto, es reconocimiento, es acogida y escucha atenta a la diversidad, es interdependencia y su opuesto es el abuso, la explotación, la mercantilización y el etnocentrismo.

Por eso el primer paso para “ponerle pies” a este sueño es reconocer el pluralismo como un valor que atraviesa la vida. Lo cual nos exige ser respetuosos y respetuosas con las diferencias, un estilo de relación y trabajo que sea dialogal, no monológico, ni adoctrinador y bajar defensas, sospechas y clishes que tenemos fuertemente introyectados para organizarnos juntos quienes vivimos en un mismo territorio en la defensa de la mejora de la convivencia.

Acoger nos complica la vida e implica riesgos, porque la acogida es también política y nos posiciona en los ambientes. Rompe la neutralidad de lo políticamente correcto. Frente a la política de fronteras que defiende la Europa fortaleza, la hospitalidad y la acogida como valores evangélicos han de injertarse también en las estructuras para transformarlas o desmantelarlas, para que las personas y su dignidad sean lo primero.

Este sueño requiere cuidar con esmero dos aspectos distintos: la relación y la reconciliación del corazón. La relación porque es a menudo la puerta de entrada a la organización colectiva y la reconciliación del corazón, porque la violencia que tocamos y nos toca nos lleva a menudo a reproducirla en nuestra luchas por otra ciudadanía alternativa, pero como diría la activista afroamericana Audre Lorde, nuestro sueño pasa también por no  querer  cambiar  la casa del amo con las herramientas del amo.

El Dios de Jesús es también un incansable traficante de sueños. Su sueño preferido es hacer del mundo un banquete sin primeros ni últimos (Mt 22 ) donde la vida no sea una pesadilla para nadie,sino una fiesta popular permanente  (Is 25,6-10)

¿ Y tu… qué sueños traficas y con quienes?

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