Trabajo y dignidad

foto tomada de: http://rinacional.com.ar/sitio/ajusta-mendoza-se-perdieron-5-600-puestos-trabajo-privado-ano/

El trabajo es una dimensión fundamental de la persona. Creo que a estas alturas nadie puede negar esta afirmación. Todos y todas estaremos de acuerdo en que el trabajo es un medio para realizarnos, desarrollarnos, relacionarnos, para contribuir a la sociedad.

Por medio de nuestro trabajo ponemos en juego nuestras capacidades y habilidades, compartimos con otros proyectos, cooperamos en su puesta en marcha,…tejemos lazos con los demás, vamos creando comunidad.

El trabajo confiere dignidad a la persona, como tantas veces ha dicho el Papa Francisco. Sólo por esto, ¡casi nada!, deberíamos darle mayor relevancia personal y social.

El problema radica primero en usar la palabra trabajo sólo para el asalariado, sólo para designar el empleo. Gran error. Porque trabajo es toda actividad humana. Quiere decir eso que todas y todos trabajamos y que cuando finalizamos el horario laboral asignado en nuestro empleo, no se acaba el trabajo, sino que continúa en nuestra familia, en esa asociación que participamos, en esa colaboración que prestamos en alguna organización o proyecto, en el tiempo que dedicamos a la relación con los vecinos, los amigos…

Nuestra sociedad nos ha hecho asumir que, esta dimensión que atraviesa toda nuestra vida y la condiciona poderosamente, sólo se reduce a empleo. Que todo lo demás no tiene valor porque no se puede incluir como variable económica.

De esta forma, el sistema económico se ha apoderado de nuestras vidas, las controla porque dependemos de tal forma del empleo, que no dudamos en creer que el tenerlo o no, que sea precario o no, depende de las fluctuaciones del mercado.

Así, diseccionada nuestra fuerza, de nuestra poder de creación y de la vocación, no interesa ni tus ideas, ni tus intereses, ni tu inventiva…si eres de esos que ahora llaman “afortunados” por tener empleo, tienes que aceptar lo que te ofrecen. No interesa ni lo que pienses, ni lo que sientes ni mucho menos lo que puedas ofrecer de ti mismo. Primero la empleabilidad y luego hablamos.

Aceptamos con total naturalidad esta situación. Nos han convencido de que esa manera de funcionar la economía es la correcta, que nos cuesta ver el horizonte. Nos han hecho agachar la cabeza y a expensas de una gráfica.

Debemos replantear nuestras vidas desde la dignidad que nos da el trabajo. No se trata sólo de un problema de organización laboral, sino de afrontar el modo de organizar nuestra propia vida.

Dediquemos un momento a pensar si somos sujetos de nuestra propia vida o ¿son otros quienes nos la construyen?

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