Trabajo, Política social y pobreza

El pensamiento social nos muestra que el trabajo es clave. Ya que la injusticia y desigualdad de la pobreza, la opresión y exclusión social que padecen los pobres, está generada por una ideología y sistema laboral injusto, inhumano e inmoral. Tal como sucede en nuestra época, ya global. En donde la estructura social e internacional del trabajo, impuesta por el neoliberalismo/capitalismo globalizado e imperante, está causando explotación laboral, trabajo basura e indecente. Se incrementa la precariedad e injusticia en el trabajo y sigue aumentado los (llamados ahora) “working poor” o el precariado, el estrato social de los trabajadores cada vez más empobrecidos, explotados y excluidos. Son los trabajadore/as que a pesar de tener empleo, por la naturaleza injusta e inmoral del trabajo en el sistema capitalista, se ven sepultados en el sufrimiento del empobrecimiento, de la violación de su dignidad y derechos humanos.

Unido inseparablemente a esta dictadura del trabajo basura, el capitalismo produce la lacra del paro, el negocio del desempleo estructural y sistemático. Ya que es imprescindible, inherente al sistema capitalista, crear una innumerable muchedumbre de parados: para mantener a raya a los trabajadore/as e imponer así, fácilmente, estas condiciones laborales humillantes e injustas; en este sentido, el trabajo a destajo/explotador y la búsqueda de beneficio por encima de todo, como sucede con la especulación financiera-bancaria, causa más paro y desempleo masivo. Todo lo cual convierte al trabajo como derecho reconocido, y un empleo digno, al tener un trabajo como objeto de lujo y un empleo decente como algo excepcional, privilegiado. Los políticos de signo capitalista repiten, sin cesar, que la mejor política social es la creación de empleo. Una verdad a medias que suele ser la mayor mentira. La realidad lo desmiente. Por ejemplo, en la época donde se decía que “España va bien”, antes de la crisis, con una creación considerable de empleo y un crecimiento-bonanza económica, como nos muestran los informes de Caritas-Foessa, los niveles de desigualdad e injusticia de la pobreza se mantuvieron firmes, como el de los niño/as (1 de 4).

La historia y las ciencias sociales nos muestran que cuando el mercado y la economía están regulados por una política pública y social con justicia, al servicio del bien común, la pobreza se va erradicando. Y los indicadores de desarrollo humano se logran adecuadamente. Es el denominado Estado Social de Derechos, más que reconocido en la historia y en los estudios sociales o legislaciones de todo tipo. En donde un pilar fundamental es el trabajo decente, con un salario digno para el trabador/a y su familia, condiciones laborales humanizadoras…Lo que posibilita e interacciona, asimismo, con otros cimientos del estado social. Un sistema fiscal justo, donde contribuyan más los que más tienen, esto es, el capital, empresas, la esfera financiera-bancaria. Y unos servicios públicos o sociales universales, como el derecho a la educación, a la sanidad, a la vivienda, etc. Ello conlleva un sistema financiero y bancario ético, una legislación de la banca en la justicia: que impida la especulación financiera y usura de los créditos; y haga posible su fin real para la inversión en el empleo y desarrollo. Todo ello garantiza los principios morales del bien común, del destino universal de los bienes por encima de la propiedad y del trabajo sobre el capital.

Foto: Ainhoa Torres

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