No es que quiera parecer original con este juego de palabras ni hacer que releamos el título para tratar de “coger” la diferencia entre estas dos afirmaciones. Pero sí que me gustaría que cayéramos en la cuenta que, al menos en este caso, el orden de los factores, sí altera el producto. Porque de lo que estamos hablando es de empleo.

Por ese motivo, aunque en ambas frases se repitan las dos mismas palabras, su orden infiere un matiz diferente a cada una de ellas.

Si nos centramos en el trabajo del futuro, de entrada nos invade cierta esperanza el saber que seguirá existiendo eso que llaman empleo en los años venideros. Una vez superado ese primer impacto positivo, nos centramos en las palabras. Y lo primero que se nos viene a la cabeza son esas películas de ciencia ficción donde la robótica ha invadido por completo los ámbitos de la vida personal y social, donde todo parece más fácil, limpio, más ordenado…el obrero futurista no se mancha las manos, no tiene que subirse a un andamio y menos coger una fregona.

Como mucho sufrirá alguna enfermedad laboral producida por postura forzada o movimiento repetitivo, puesto que su única tarea laboral será la de teclear, o padecerá de faringitis crónica, en el caso de que tenga que dictar las instrucciones a ese gran ordenador que controlará la vida en el planeta Tierra.

Aunque la ficción va más rápida que la realidad, no deja de tener cierto aire de predicción, y por lo tanto, debemos permanecer alertas ante la rapidez de los avances tecnológicos y su verdadera finalidad en el mercado laboral.

Y sobre el futuro de trabajo, resulta evidente que esta frase nos plantea más dudas y nos pone en guardia, pues su tinte es un poco más oscuro que su predecesora.

Principalmente, porque cada vez que los videntes económicos y financieros se sientan a predecir el camino del empleo, somos los y las trabajadoras las que tenemos que adaptarnos a la demanda del mercado: ser empleables, flexibles y sumisos.

Y como llegar a construir ese tipo de persona que el mercado requiere no se hace de hoy para mañana, mejor introducirnos en el sistema educativo estableciendo la emprendeduría como tema transversal o creando másters universitarios a la medida de mi empresa.

Así de fácil. Así de normal. Sin resistencia.

Ese bien, que han hecho escaso, que es el empleo, y el miedo a perderlo, ha resultado ser la mayor fuerza controladora sobre el precariado.

Para concluir, podemos afirmar que el título con el que empezábamos este post no tiene tantos matices como pensábamos, sino que se complementan y se necesitan: para que el futuro del trabajo existe, debemos construir el trabajo del futuro sobre la base de que primero es la persona y luego el mercado.


Foto tomada de: http://blog.futurodeltrabajo.com/p/libro-el-ocaso-del-empleo.html