TPACK y ética

TPACK, acrónimo de la expresión “Technological PedAgogical Content Knowledge” (Conocimiento Técnico Pedagógico del Contenido), es una aproximación metodológica que aborda la inserción de los recursos TAC no desde el punto de vista del uso específico de los recursos tecnológicos en el aula (cuál, cuándo, dónde, cómo y para qué) sino desde la perspectiva didáctica general: gestión del aula, establecimiento de las metas pedagógicas, elección de los objetivos didácticos, priorización curricular y secuenciación, realización de actividades y evaluación de los resultados y del proceso, teniendo en cuenta la introducción en todos los pasos de las tecnologías actuales a disposición escolar.

La metodología TPACK añade al enfoque pedagógico habitual para las particularidades de la disciplina que se quiere enseñar, el conocimiento tecnológico básico y aplicado. Y pide del docente un conocimiento tecnológico pedagógico disciplinar. Ahora, es sabido que con la avalancha de las llamadas “nuevas metodologías” (algunas de ellas bien antiguas, por otra parte), muchas personas sensatas demandan, además de tiempo y sosiego en su implantación, una reflexión sobre el fondo de su empleo. Miran más allá de su utilidad como instrumentos de aprendizaje efectivo para poner el foco sobre su valor ético para educar ciudadanos responsables, buenos y felices.

A mi entender, se trata de un debate que trasciende el debate sobre el empleo de la tecnologías, aunque éstas añadan matices nada desdeñables. Se adentra sobre uno de los puntos capitales de cualquier reflexión educativa, que habitualmente es olvidado pero que en momentos de intenso cambio sale siempre a la luz: ¿para qué enseñamos?, ¿para obtener qué?, ¿para qué persona presente-futura?, podríamos llamarlo.

Permítaseme invitar al debate desde uno de los posibles puntos de partida de la cuestión, que voy a hacer concomitante con el uso de las TAC porque creo que estas ya son ineludibles. Lo hago a modo de pregunta: ¿qué elementos éticos deben estar presentes de forma concreta en la elaboración de unidades didácticas dentro de un itinerario formativo según el modelo TPACK para que sean éticamente significativas? Ofrezco éstas:

  • Qué las unidades permitan tomar conciencia explícita de los componentes éticos existentes en ellas, ya sea en términos de organización de aula, de los contenidos del aprendizaje o de las formas de trabajo previstas. Eso exigirá momentos y formas para la meta-reflexión.
  • Qué las actividades en las que existan momentos de toma de decisiones incluyan formas de entender que en toda toma de decisión hay una derivada ética no indiferente, y que se ayude a los alumnos a decidir proporcionándoles un marco ético de análisis y toma de decisiones.
  • Qué se programen dentro de la secuencia didáctica tanto actividades en las que sea necesaria una reflexión ética explícita como que se arbitren momentos habituales para analizar el funcionamiento día a día.

Evidentemente, todo esto puede realizarse sin que el cambio metodológico involucre a las tecnologías. Mas, ¿pueden ellas colaborar de alguna forma para hacerlo posible de forma más habitual y eficaz? Quizá sí, aunque por vía del apoyo que ofrecen al cambio metodológico, tal como lo propugna el modelo TPACK:

  1. El trabajo por proyectos interdisciplinares cooperativos es más eficaz a la hora de abordar tareas que exigen tomas de decisones. La posibilidad que ofrecen las TAC de trabajar con herramientas variadas, de forma asincrónica y con entregables distintos, conduce a un mayor diálogo en los grupos y una negociación con los docentes, personaliza la tarea y dota de mayor autonomía a los alumnos, lo que lleva a la toma de decisiones y a tener que justificarlas, momento en el cual la componente ética debería estar presente.
  2. Llegados a este punto, y con los alumnos habituados, pueden plantearse sistemas de organización del trabajo en el aula que simulen más y mejor los existentes en el mundo real, en cuanto al uso del tiempo, la distribución de espacios, la priorización de tareas a realizar, el flujo de relaciones y el (auto)control de lo que està sucediendo. Qué duda cabe que la posibilidad que ofrecen las TAC de trabajar con diferentes tareas “simultáneamente” ayudan a este salto.
  3. Docentes expertos y alumnos avezados pueden plantearse, llegados a este punto, singularizar el currículo mediante la elección de proyectos abiertos, workshops por habilidades y competencias o estudio de casos o prácticas ajenas. En este caso, trabajar las motivaciones éticas de la elección del enfoque debe ser una tarea primordial.

En mi opinión, como he dicho, todo lo anterior puede abordarse sin recursos tecnológicos. Sin embargo, su uso cada vez más extendido no sólo ayuda a ello, sino que lleva inevitablemente a plantearse la conveniencia de su abordaje. Pues, pasada la época en la que los recursos eran limitados, había que circunscribirse a emplear los que se encontraban a disposición, y parecía que había que centrarse en adquirir el saber existente (lo que ya era toda una declaración ética de intenciones), en estos tiempos difusos de sobreabundancia y necesidad de elección tanto para los docentes como para los alumnos, la cuestión de los criterios para hacerlo, de la forma de emplearlos y del fin para lo que se están usando resultan de una capital importancia. Y si no se le da, será porque hemos confundido los medios con los fines, lo que es un grave error y, lo que es peor, una inútil pérdida de tiempo.

Fuente de la imagen de cabecera: www.pixabay.com

Fuente de la imagen embebida: www.fundacionunam.org.mx/educacion/que-es-tpack-y-por-que-es-importante

 

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