Si tocan a una activista digital, nos tocan a todas

Si tuviera que poner mi estado anímico en el Facebook diría que estoy triste a la par que enfurecida, no sólo como activista digital. Aún no hemos ni despedido enero y ya la barbarie hace mella en almas activistas como la mía. El 2017 arranca con olor a muerte, desapariciones y asesinatos. Estrenamos el año con 4 mujeres asesinadas por la violencia machista en España, 219 migrantes y refugiadas muertas en el Mediterráneo por la inacción constante de una Europa que da vergüenza “ajena” (más del doble de muertes que en el mismo intervalo de tiempo del 2016) y al menos 9 bloggers y activistas digitales han desaparecido en Pakistán.

Ya he hablado en este blog de la persecución a la que se está viendo sometido el activismo digital. Los gobiernos autoritarios no quieren escuchar críticas a su gestión y, sobre todo, a su vulneración constante de derechos humanos. Algunos países optan por hacer un apagón de internet, la censura propia de la era digital. Otros pasan directamente a asesinar o hacer desaparecer a activistas digitales. Quieren detener la ola de cambio privándola de sus líderes de inspiración y propagando miedo. Ese miedo a morir y ver morir que te paraliza.

Varios activistas digitales contra las vulneraciones de derechos, el radicalismo islámico o defensores de los derechos de la comunidad LGTBIQ, se han esfumado en Bangladesh, la India, Pakistán, Afganistán, Irán o las Maldivas. No sabemos quién está detrás de sus muertes o desapariciones. Aunque no podamos comprobar que es el propio Estado el que ha dado la orden, la pasividad y desprecio ante estos hechos crueles despiertan sospechas, cuanto menos.

Pakistán dio la bienvenida al 2017 con la desaparición de, al menos, 9 activistas digitales. Dos de ellos ni si quiera vivían ya en el país. Se encontraban allí pasando las fiestas, despidiendo el año con los suyos. Qué sucio aprovechar ese momento para destruir la vida de toda una familia. Fue el caso de Ahmad Waqass Goraya, que había ido a Lahore con su mujer y su hijo. Ella, Mescha Saeed, tuvo que regresar a Róterdam antes por su trabajo, y Waqass se quedó allí estirando las vacaciones con su hijo. El 4 de enero desapareció junto a su primo.

El Facebook de Mescha se ha llenado de videos y artículos sobre la desaparición de su marido y del resto de compañeros, entre ellos el poeta Salman Haider que desapareció en Islamabad el 6 de enero. Su foto de perfil es la foto de Ahmad con el hashtag #RecoverAhmadWaqassGoraya que acompaña el #RecoverAllActivist, el movimiento que ha salido en redes y calles a exigir que todos los activistas vuelvan a sus casas sanos y salvos.

Ha llegado la hora de que la generación conectada reaccione. Las desapariciones de Salman Haider o de Ahmad Waqass Goraya no pueden dejarnos indiferentes por el mero hecho de que se hayan producido a miles de kilómetros de nuestros hogares. Igual que las y los feministas gritamos que “Si tocan a una, nos tocan a todas”, tenemos que alzar la voz por estos activistas cuyo único delito es usar la revolución digital para promover cambios que hagan avanzar los derechos y las libertades de toda la humanidad. Debemos demostrarle a Mescha que no está sola.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here