En el tiempo de la banalidad del testimonio

“George, te ruego que no me engañes. Es una trivialidad no vale la pena mencionarla, por eso mismo no me engañes. ¿Existe realmente ese amigo tuyo en San Petersburgo?” (La condena, Kafka)

Acabo de participar en una mesa sobre “El escritor y la literatura en la era del ciberespacio”, organizada por la Asociación de escritores en el Instituto Cervantes de Madrid. Se nos pedía responder entre otras cuestiones a: ¿Cambia la labor del escritor y la función de la literatura en la era de internet? Me parece oportuno en este lugar de reflexión aportar algunas de las ideas que me surgieron a la hora de plantear mi intervención, ya que creo que hoy nos enfrentamos a un cambio que puede determinar el futuro de la red y que tiene que ver con la Verdad/Mentira. Tras las últimas elecciones en EEUU, como consecuencia de las mentiras difundidas en la red, el director de FB se plantea su propia responsabilidad.

Estamos ante algo que necesita ser pensado en un tiempo en el que no hay tiempo para pensar, pero acerquémonos como hizo Barthes ante la cámara fotográfica:

“Es, por lo tanto, la tarea de una filosofía de la fotografía el mostrar en el terreno de la fotografía esta lucha entre el hombre y el aparato y reflexionar sobre la posible solución del conflicto.”

¡Sí, hay cambio! Cambia el paso de la mano, al teclado, a lo digital, de la biblioteca a la búsqueda google. Imagino a Flaubert, las copias a mano, la pérdida de manuscritos, las notas en los márgenes. ¿Que había de genial en los fallos que se recuperaban? Hoy  trasformamos la copia al momento –con huella o sin la huellas de ellas–. Pero el escritor continúa su trabajo en solitario a pesar de que se abren cientos de ventanas y aparece la fantasía de la compañía, la geografía, la biografía. Me recorro Beijing para luego encontrar una calle de Praga sin más necesidad que mi índice. Sin embargo, son herramientas. Vehículos que acortan distancias. Hay ejercicios artísticos colectivos, pero ¿son obra?

Me pregunto si ha cambiado el autor. Y aquí empiezan mis dudas.

Finkielkrat distingue así obra del texto:

 “En el mundo de la obra, el lector tiene que rendir cuentas; en el mundo del Texto, el lector juega. En el mundo de la obra, el autor es dador de sentido (…). La obra pertenece a la tierra, el Texto al océano. La obra es consistente, el Texto es dúctil. La obra se distingue, se desprende, se demarca de todo lo que ella no es; el Texto no tiene límite asignable. Hay un Otro de la obra; todo es texto y ningún texto puede cerrarse sobre sí mismo. La obra obliga; el Texto está a disposición. La obra mantiene a los hombres bajo el régimen de la deuda.”

 El autor necesita pensar, relacionarse con la obra más allá de su tiempo. El autor necesita mirar, saber y contar. El autor se pregunta y busca una respuesta en la lectura del otro. Autor quiere crear. El autor ofrece a su obra reflexión, respuestas. Búsqueda del ser. Mientras que el comunicador: inmediatez, frescura. Apariencia.

Pero quienes escriben, cantan, bailan frente a sus cámaras son como dice Finkielkraut: el hombre del control remoto. Ese comunicador genera un texto inmediato. Más cerca del reportaje, del testimonio.

No es lo mismo. Sin embargo ambos cumplen una función. Pero el autor hoy está confundido y asombrado.

El poder lo tiene ese comunicador presente, atento, impulsivo, frívolo, constante, persistente. En busca del Like.

Pero, ¿qué ha sucedido para que todos seamos proveedores de contenidos? Es la expresión de una trasformación social, pero: ¿es una oportunidad? Para Byung Chul Han trae un cansancio de la información, parálisis de la capacidad analítica que construye el pensamiento que nos permite distinguir lo esencia de lo no insustancial. De allí que junto a testimonio esenciales, aparezca la banalidad del testigo. Todo a la vez, sin fecha, verdad y mentira.

Distinguir, separar es la base bíblica de la creación. Sino no somos capaces de fijar lo trascendente viviremos en la oscuridad del ruido. Es hora de que haya responsabilidad por las mentiras en la red y leyes que controlen y regulen. Cuidar a los autores, a sus derechos es una garantía de futuro.

“El intelectual tiene que elegir. Puede replegarse al mundo del ensayo reflexivo e influir en una minoría selecta, o dirigirse a lo que espera sea una audiencia masiva pero de una forma atenuada y resumida. Aunque para mí no está nada claro que pueda hacer ambas cosas sin sacrificar la calidad de su contribución.”

“Porque la máquina digital y la máquina del capital, ¿no constituyen una terrible alianza que aniquila la libertad de acción?” (Tony Judd).

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2 Comentarios

  1. Gracias Pablo. Es cierto lo que comentas. Yo lo veo como cuando se inventaron los coches. al cabo de poco se dio la necesidad de crear carreteras y semáforos.

    Hoy depende de cada uno y de todos. Hay que generar una respuesta para salvar el pensamiento.

  2. Muy interesante artículo. un problema con las web es que las noticias no estan contrastadas, no tienen fechas y muchas son anónimas. Pero lo cierto es que somos sumisos y perezosos. Nos encanta perder el tiempo. Los consorcios tiene parte de culpa, pero la responsabilidad es nuestra. Seamos exigentes con lo que leemos. Mas educaión.

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