Tiempo de vida

Hemos concluido nuestro taller de lectura de este curso con Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente y, como casi todas las novelas que hemos programado para este curso, nos ha dejado un buen sabor de boca y ganas de seguir con nuestro taller el próximo curso. Con este libro, Giralt Torrente obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 2011 y, en 2014, la novela ha resultado ganadora del primer Premio Strega Europeo, a la mejor obra de cualquiera de las lenguas de la UE traducidas al italiano.

Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) es hijo del pintor Juan Giralt y nieto del escritor Gonzalo Torrente Ballester. Licenciado en Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid. Su primer libro fue el volumen de relatos Entiéndame (Editorial Anagrama, 1995), pero la fama le llegó con  el Premio Herralde de Novela por París (1999). Ha colaborado con el periódico El País, donde fue crítico literario del suplemento Babelia hasta 2010. Sus obras han sido traducidas, entre otras lenguas, al inglés, alemán, francés, italiano y portugués.

Giralt Torrente se enfrenta en Tiempo de vida a la muerte de su padre. Reconstruye su relación con este, el tiempo de vida que compartió con él y lo hace con proximidad y con cotidianidad; con el deseo hondo de comprender, de perdonar, de seguir viviendo sin el resentimiento que suele quedar como herencia.

En el coloquio que mantuvimos sobre la obra, como he mencionado al comienzo de esta crónica, predominó el sentimiento de satisfacción que nos había proporcionado su lectura, si bien hubo algunas afirmaciones contrarias a considerar novela a este relato en el que no existe la ficción y que cabría encuadrarlo mejor en el género memorialístico o autobiográfico. Coincidimos en este sentido en destacar la absoluta falta de pudor del autor que se desnuda ante el lector mostrándonos sus reflexiones y sus sentimientos más íntimos en relación, no solo con su padre, sino con las personas más cercanas que le rodean: su madre, su mujer, la “amiga que (su padre) conoció en París”…

En el plano formal, tampoco compartimos plenamente la afirmación del autor de que ha renunciado a la búsqueda de un “bellismo” literario y estilístico, huyendo de cualquier artificio literario. Es verdad que Giralt Torrente opta por la frase corta, por la atomización del pensamiento, por el recurso a la enumeración. En este sentido, lo hemos asemejado, en un paralelismo pictórico –tan del gusto del autor-, a un relato de tipo impresionista; pero también es verdad que encontramos abundantes anáforas, paralelismos, perífrasis, largas y artificiosas oraciones complejas y frases lapidarias que, a nuestro juicio, evidencian la intencionalidad estética del autor más allá de la desnudez que pretende que sea el sello exclusivo de su calidad literaria.

Como conclusión, destacamos que, al igual que han destacado algunos críticos, es una novela que sin caer en lo que hubiera sido un fácil sentimentalismo, sí que despierta emociones profundas y las reflexiones que el autor hace sobre las relaciones paternofiliales no dejan indiferente al lector que se acerca a conocer cómo transcurren los tres últimos años de la vida del pintor Juan Giralt y cuáles son  sus vivencias y las de su hijo Marcos Giralt Torrente.

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