Nuestros jóvenes y otros tesoros escondidos

Monumento de Las Siete Sillas visto desde la otra orilla. Mérida (España), Foto de la autora.

El monumento de Las Siete Sillas del escultor Rufino Mesa mira al río Guadiana casi a la altura del puente Lusitania. Si lo ves desde la otra orilla, como en la foto, parece escondido entre los árboles, como saludándote tímido desde lejos. De cerca, parece cambiar de carácter, para imponerse poderoso sobre el parque que lleva su nombre (podéis verlo aquí). Ese parque tan verde y tan mágico que cuando yo era niña era un triste descampado. Allí se montaba la feria una semana al año y quedaba abandonado el resto del tiempo. No imaginaba yo entonces que ese espacio tan deprimente, podía esconder tanta vida debajo del cemento.

Pero lo mejor del monumento de Las Siete Sillas, y del parque entero, es lo que representa: un tesoro escondido, uno de los mejores de nuestro país y casi del mundo me atrevo a decir. Porque Las Siete Sillas es el nombre que, desde tiempos inmemoriales, los lugareños daban a siete montículos de piedra que sobresalían en un erial apartado en el que, en una época, hasta se sembraron garbanzos. Según la leyenda, esos montículos eran las sillas de siete reyes moros que negociaron la paz y escondieron debajo sus tesoros. Así lo cuenta mi genial amiga Israel J. Espino en su blog “Extremadura Secreta” (aquí podéis leer esa entrada concreta, aunque os recomiendo el blog enterito).

Los tesoros moriscos nunca aparecieron, pese a que la gente los buscó con insistencia como cuenta Israel. Pero la búsqueda no fue en vano, que quizá gracias a aquellos afanes fantasiosos se descubrió un tesoro impresionante que hoy es patrimonio de todo el mundo mundial. Por cierto que hoy se celebra la Fiesta del Patrimonio en las 15 ciudades de España Patrimonio de la Humanidad, como acto principal del 25 aniversario que se conmemora este año.

Aquí os dejo unas fotos de parte del nuestro, a ver qué os parece.

Las Siete Sillas s. XIX. Foto del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida.
Las Siete Sillas. Primer resultado de las excavaciones iniciadas en 1910. Foto del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida.
Teatro Romano escondido bajo Las Siete Sillas. Foto del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida
Teatro Romano de Mérida (España) s. 16-15 a.C. Foto de la página de facebook del Ayuntamiento de Mérida.

El caso es que ahora que empieza el curso, preparando mochilas y forrando libros, y ayudando a mi hija mayor a mudarse a su primer piso de estudiante, me ha venido la imagen de que nuestros jóvenes y adolescentes son para sus padres como esos siete monolitos, duros e inhóspitos a primera vista y al primer tacto, pero con tesoros escondidos repletos de realidad y fantasía. Muchas veces, sólo podremos descubrir esos tesoros con tesón y paciencia de arqueólogo, pero ¿quién dijo que ser padre fuera fácil?

La dureza de la piedra se incrementa con el tiempo, el que requieren para formar su carácter y parapetarlo tras sus bien construidas resistencias. Con suerte, una vez levantados los muros, llegará la etapa de las excavaciones y se revelarán los tesoros escondidos (incluso los muy escondidos). Con suerte y cariño y dedicación.

Yo en casa tengo todas las etapas a la vez: infantil, adolescente y juvenil. Y eso te permite tener una mirada con perspectiva (de futuro y de pasado), como nos contaba el llorado Carles Capdevila en su divertida ponencia Educar con Humor, todo un clásico (aquí podéis verla).

La perspectiva es fundamental, cada vez estoy más convencida. Porque en los peores momentos de tensión familiar, te permite mirar a tu hijo o a tu hija, no como el adolescente o el joven confuso y trabajoso que es, sino como el maravilloso adulto en el que se convertirá seguro, como la persona increíble que ya es por mucho que se empeñe en ocasiones en colisionar de frente contigo (con lo que molesta eso).

Es fundamental la perspectiva, porque ayuda a superar esos ataques de ansiedad que te provoca lo que yo llamo la entropía doméstica: magnitud física por la que todo tiende al desorden … ¡Cuánta energía perdemos en la intendencia y las pequeñas tareas del hogar!, tanto en la ejecución como en la instrucción y supervisión (lo aclaro porque no son pocos los que piensan que todo se mantiene limpio y en su sitio por sí mismo, o los que creen que las madres tenemos las manos mágicas de Mary Poppins, esto para otro post ;)).

Por eso importa tanto la perspectiva, porque (después de resetearte un poco) te ayuda a centrarte en lo fundamental: no cortar las vías de comunicación.

Recuerdo que eso era lo que teníamos en mente cuando éramos padres primerizos de nuestra primera adolescente: lo esencial es no cortar la comunicación, lograr que sepan (y sientan) que cuentan con nosotros en las buenas noticias y en las malas, para lo fácil y para lo complicado, cuando aciertan y cuando se equivocan estrepitosamente. Que sepan (y sientan) que les querremos siempre, más de lo que ellos pueden comprender, por encima de todo, pase lo que pase, hagan lo que hagan, y sobre todo, sean como sean. Que los queremos como son y como serán, no como nos gustaría que fuesen.

Esto que puede parecer obvio, yo no lo supe en un principio, cuando el problema era que no ganaban peso, o que no les gustaba la papilla de fruta. Vamos aprendiendo según van llegando los retos y hay que pensar que a padres e hijos nos dieron el título el mismo día (Mafalda dixit). Bien es cierto que encuentras muchas ayudas en el camino. Algunas por sorpresa, como las charlas de Chércoles que Magis Radio ha vuelto a emitir este verano (aquí os dejo la primera de las ocho entrevistas sobre las reglas para vivir en la Iglesia).

Tengo que reconocer que no esperaba yo mucho de estas reglas tan … antiguas, y que empecé a escucharlas como muy fan de Chércoles que es una. El caso es que me resultaron completamente iluminadoras (otro tesoro escondido), con claves como que la madurez está en lograr convivir (no en el currículum) y en pasar del infantil principio del placer al principio de realidad, que nadie puede madurar a nadie (ni siquiera un padre a sus hijos, y no queda más remedio que aceptarlo), que es normal tener regresiones y no pasa nada (aunque hay que volver de ellas), que autoridad significa ayudar a crecer (no que te obedezcan a ciegas), que hay que salvar a la persona y dejar siempre abierta una oportunidad de recuperación, que estamos aquí para hacernos cargo de la realidad y que la realidad no se agota en mi visión, que hay que empezar por los afectos (por vincularnos y estimarnos desde lo que nos une), que la verdadera libertad (que no es cumplir nuestro capricho) sigue dando miedo, que muchas veces hay que deponer todo juicio (dejar a un lado los prejuicios y abrir la mente y el corazón) para comprender y servir de la mejor forma … Reglas en definitiva para (con)vivir en la Iglesia y en cualquier grupo humano, empezando por la propia familia.

Escuchándolas he terminado yo el verano, para empezar el curso con ánimo renovado. En ello estamos, comenzando con energía y con más propósitos que en Año Nuevo. Ya veremos hasta dónde llegamos :)). Espero que, sea donde sea, sigamos juntos y en buena compañía. ¡¡Feliz curso 2018-2019!!

 

Nota: las imágenes pueden localizarse en los siguientes enlaces: http://www.consorciomerida.org/conjunto/monumentos/lassietesillas, http://www.consorciomerida.org/conjunto/monumentos/teatro, https://www.facebook.com/ayuntamientomerida/

 

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4 Comentarios

  1. Gracias a todos por vuestros amables comentarios. Es un regalo que me leáis con tanto cariño.

  2. Me ha encantado como expones de forma sencilla y muy clara la realidad de lo que vivimos muchos hoy en día, esa etapa complicada de constantes confrontaciones que se recrudecen por falta de “perspectiva”en los planteamientos.
    GRACIAS!!!

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