“Es necesario que [los teólogos] lleven en el corazón la finalidad evangelizadora de la Iglesia y también de la teología, y no se contenten con una teología de escritorio” [EG 133].

Estas provocadoras palabras del Papa Francisco en su programático escrito Evangelii Gaudium junto a afirmaciones del estilo expresadas por el Pontífice, han logrado sacar los colores a algunos teólogos que, desconcertados, andan buscando cómo defender la concepción tradicional de la disciplina.

Pues bien, en este contexto, resultaría interesante remover un poco los cimientos de la labor teológica tradicional y pensar cómo el escenario digital de hoy la está llamando a una conversión pastoral.

Cuenta Ph. Clayton, alumno del renombrado teólogo W. Pannenberg, que en una ocasión le preguntó la razón de empeñarse en hacer abstracta teología académica. El profesor se apresuró a contestar acudiendo a la imagen del efecto dominó: “Nuestras publicaciones influencian a los estudiantes de doctorado y a otros teólogos académicos; sus enseñanzas moldean la siguiente generación de pastores; y guían las homilías y los ministerios de aquellos que lideran las iglesias” [1].

Sin embargo, no necesitamos mucha lucidez para darnos cuenta de que el mecanismo ya no funciona así. En un contexto donde Google y las redes sociales, los blogs y los medios digitales tienen un creciente y decisivo poder de influencia sobre quienes se dedican a la labor evangelizadora y sobre los creyentes, podríamos pensar que la teología de escritorio no puede verse más como un producto con un mercado obvio y seguro. (Que se lo digan a las editoriales religiosas o a los organizadores de conferencias…).

Quizá argumentemos entonces que la gente necesita el tipo de reflexión sistemática que ofrece la teología académica –algo con lo que estoy de acuerdo-, y entonces nos romperemos la cabeza para “colocar” mejor el “producto”. Pero, ¿es un problema sólo de marketing? Tal vez nuestra cultura digital está pidiendo a gritos un cambio de paradigma en la manera de hacer –y enseñar- teología hoy. ¿Podemos seguir utilizando el modelo de Guttemberg (libros, artículos, conferencias magistrales, etc.) en un mundo donde reina lo digital? ¿La conversión pastoral que el Papa pide a los teólogos tendrá que ver con entrar decididamente en esta nueva cultura?

Para las generaciones actuales -incluidos los estudiantes de teología-, las iglesias no cumplen el rol social de otros tiempos, ni las figuras de autoridad y enseñanza se perciben de la misma manera. Por tanto, el engranaje descrito por Pannenberg ya no se pone en marcha como antaño. ¿Qué significará, por ello, hacer teología después de Google?

Al menos una cosa es clara. La teología de hoy y la del futuro no tendrá que ver con asumir y aprender a utilizar unos medios tecnológicos –por decisivo que esto sea-. Más bien habrá de vérselas con las implicaciones que estos medios traen consigo. ¿Cómo las tecnologías están cambiando la existencia humana y las relaciones sociales? ¿Cómo están transformándose las concepciones sobre Dios, Jesús y la fe? Resulta esencial entender qué significa la experiencia religiosa en una era dominada por la tecnología y el pensamiento digital.

La teología después de Google tendrá que dedicarse a entender y responder las preguntas que las personas de este tiempo digital nos hacemos. Si la teología quiere responder a su vocación más profunda –dar razón de la fe-, si la teología quiere ser más que un ejercicio de prestidigitación académica realizado en la torre de marfil para espectadores que ya no existen, si la teología quiere ser tal, habrá de mantenerse muy estrechamente vinculada a lo que el ser humano y la Iglesia está deviniendo en este tiempo digital. Solo así no se contentará con ser una teología de escritorio siempre a la defensiva, sino una teología sin complejos verdaderamente evangelizadora.


[1] CLAYTON, Ph., “Theology and the Church after Google”, Princeton Theological Review XVII (2), octubre 2010, 7-20, aquí 7. Me baso ampliamente en este artículo para la reflexión contenida en este post.