El teletrabajo, una asignatura pendiente

Teletrabajo
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¿De verdad es necesario hablar de teletrabajo?

A ratos nos parece una obviedad hablar de teletrabajo en esta sociedad tan postmoderna, tan informatizada, tan digital, tan líquida; sin embargo, la realidad se encarga de recordarnos que sigue siendo una asignatura pendiente.

Siempre hay algo del combo que nos gusta menos y parece que al empresariado el teletrabajo y la flexibilidad horaria es lo que menos le apetece de todo el paradigma de la sociedad de la información o de la transformación digital.

teletrabajo
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Apenas un 27% de las empresas han desarrollado planes que permitan el teletrabajo a algunos de sus trabajadores (destacamos algunos porque cuando las grandes empresas protagonizan titulares anunciando programas de teletrabajo, pocas veces se dice que es sólo para algunos); escasamente un 7% de los empleados puede hacerlo.

¿Qué nos aporta el teletrabajo?

  • Productividad: la posibilidad de elegir el sitio, horario y tiempo que se destina a hacer cada actividad incrementa los rendimientos del trabajo.
  • Reducción de costes: el trabajador reduce costes en los conceptos de comida fuera de casa, transporte, indumentaria. La empresa, a su vez, disminuye sus costes de oficina.
  • Adecuación del horario: la jornada se puede adaptar a las necesidades más perentorias, ya sean de la empresa o del trabajador.
  • Optimización del tiempo: reducimos entre una a dos horas de desplazamientos.
  • Conciliación con la vida familiar, académica y otras actividades personales.
  • Responsabilidad y motivación por el logro: una persona que puede definir su hora de entrada y salida, a la vez que la duración de sus pausas; es una persona que se siente dueña de sus actos, responsable de las acciones que desempeña y partícipe  de un objetivo común. A la vez, no siente que pierde ni regala tiempo por imposiciones rígidas.
  • Medioambiental: por la reducción de desplazamientos y desconcentración de las grandes ciudades.
  • Inclusión social: favorece la inserción en el mercado laboral de personas con discapacidad.
  • Amplitud geográfica: permite incorporar personas que viven en sectores rurales.
  • Privacidad: para desarrollar tareas creativas o tareas que requieren gran concentración.

Entonces, ¿qué falta?

En principio, el factor que más bloquea el cambio es un problema cultural. Se requiere un cambio en la mentalidad empresarial y de los trabajadores para que trabajar de otra manera  sea viable, una transformación de la cultura del trabajo.

El presentismo tiene su base en la desconfianza, la empresa no se fía de que el trabajador consiga los mismos resultados si no le tiene los ojos puestos encima, y el trabajador no se fía de que al estar lejos sea valorado de la misma manera.

Además del problema cultural también ocupa un papel preponderante la motivación económica.  Los objetivos de las empresas son fundamentalmente económicos,  y buscan satisfacer a sus accionistas, sus clientes y a la sociedad; siempre en ese orden.

Hace 91 años, Henry Ford introdujo tres cambios en la vida empresarial de su época: implantó la cadena de montaje,  redujo la jornada semanal a 40 horas y aumentó los salarios. Ford, no fue precisamente un impulsor ni defensor de los derechos de los trabajadores (prohibió los sindicatos); tomó esas medidas por motivaciones estrictamente económicas.

Sirva este ejemplo para extrapolarlo al tema del teletrabajo. El teletrabajo será viable cuando económicamente resulte favorable para las empresas.

La adecuación de los espacios que desde hace décadas se realiza en oficinas que consiste en la disminución de despachos y eliminación de espacios privados o modelo open plan,  invocando el trabajo en equipo, la horizontalidad y una nueva manera de trabajar, no son otra cosa que eufemismos que tienen su génesis en una verdad económica irrefutable: el metro cuadrado de oficinas es cada vez más caro.

Como decíamos, las empresas no parecen motivadas a incentivar el teletrabajo, hace falta que sea rentable, que sea más barato o que genere más ingreso que el presentismo. Una vez demostrado, surgirá el nombre cool, el eufemismo, como por ejemplo smartworking.

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