¿Tecnología para todo?

¿Tecnología para todos?
¿Tecnología para todos?

¿Es posible que las máquinas consigan hacer de todo? ¿Será capaz la inteligencia artificial de comprender el mundo en toda su complejidad? Analizamos el estado actual de la tecnología y valoramos su futuro.


Son muchas las películas que nos han mostrado escenas ambientadas en los años 50 del siglo pasado donde niños soñadores fantaseaban con el futuro e imaginaban todo tipo de avances tecnológicos. Para ellos, su mundo estaba amenazado por posibles invasiones de extraterrestres que, además, traían a nuestro planeta multitud de cachivaches tecnológicos.

Con el paso del tiempo, ya ubicados en el nuevo milenio, una gran cantidad de esas fantasías incluso las vemos como objetos desfasados. Sin embargo, por otro lado existen aún una gran cantidad de innovaciones de las que estamos siendo privilegiados observadores en tiempo real de su cada vez más rápido desarrollo.

Con la venida del mundo digital, la inteligencia artificial y el machine learning (o aprendizaje automático) son conceptos cada vez más presentes en documentales televisivos, en los artículos que podemos leer en los medios e incluso en las conversaciones de la gente de a pie. Ambas tecnologías están destinadas a ser las grandes protagonistas de los próximos años, principalmente por su capacidad de disrupción respecto a otras tentativas similares anteriores. Y es que estamos hablando de una auténtica revolución.

Esas imágenes del pasado en las que las máquinas hablaban a los terrícolas y realizaban acciones reservadas hasta entonces a los humanos parecen volverse al fin realidad. Llevamos ya un tiempo siendo testigos de la aparición de todo tipo de dispositivos y aplicaciones informáticas que llevan a cabo operaciones hasta ahora impensables. Y esto es gracias a que hemos conseguido que las máquinas aprendan. Les ofrecemos una serie de patrones, los estudian y analizan, y a partir de ahí son capaces de sacar conclusiones para ofrecer una respuesta. Y este aprendizaje es continuo y se retroalimenta, ya que conforme van obteniendo más datos, mejoran su capacidad analítica y por tanto mejoran también sus resultados.

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Estamos presenciando una nueva etapa de la carrera tecnológica. Estas nuevas tecnologías ya están dando resultados fantásticos en los más diversos campos: medicina, computación, robótica, logística, servicios, etc. Pero ante todo este avance surge la gran pregunta: ¿dónde estará el límite?

Y es que, si hacemos el ejercicio de ampliar un poco nuestra visión e intentar ver más allá, ¿realmente la tecnología llegará a todos los ámbitos?

Es aquí donde me aventuro a dar mi respuesta: no. Pienso que el límite está en lo meramente humano. Si hay algo impredecible, eso es el comportamiento del hombre. Y tan solo daré un ejemplo para demostrarlo.

Todos hemos visto películas (sí, me gusta mucho el cine) sobre brokers e inversores, con vidas agitadas, ganando grandes cantidades de dinero que, de la noche a la mañana se esfuman. Han sido ya algunos los intentos de delimitar el comportamiento de los mercados financieros, de intentar explicarlo mediante fórmulas matemáticas hasta llegar a un modelo que sea capaz de delimitar sus alzas y bajas. Todas esas teorías y modelos, de algún modo u otro, han fracasado, en parte porque para poder desarrollarse necesitan de supuestos ideales, en parte por su incapacidad de abarcar toda la realidad.

Al igual que es difícil controlar la economía (vamos a evitar decir imposible) por el hecho de que es imposible conocer todas las relaciones e interacciones que se llevan a cabo, los mercados financieros dependen también de los actos de personas, y estos actos, para bien o para mal, están muchas veces motivados por meros impulsos imposibles de prever.

Este es uno de los motivos por los que creo que la inteligencia artifical y el machine learning llegarán algún día a una piedra de toque en el que su avance, si bien no se detendrá, sí deberá bifurcarse o ralentizarse.

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Por otro lado, últimamente parece como si todo tuviese que ser susceptible de ser digitalizado. Con digitalizado me refiero a que algo pase a ser gestionado o llevado a cabo mediante tecnología digital.

No pasa nada porque haya parcelas de nuestra vida que sean analógicas o, como prefiero decir, tradicionales. De hecho, ya hemos podido comprobar que han habido algunas iniciativas que han fracasado por haber intentado abordar un campo que no necesita de esta supuesta digitalización.

El futuro nos dará la respuesta, pero considero importante que, ante todo, nos hagamos una pregunta: ¿para qué queremos la tecnología? Ya en su día intentamos responder la pregunta en este artículo. ¿Estaríamos bien enfocados? Lo dejo a su criterio.

 

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