Sobre el tecnoestrés y la infoxicación en el ámbito escolar

Hace más de veinte años que el psicólogo y educador Larry Rosen creó el neologismo tecnoestrés para referirse a la fatiga causada por la permanente conexión a la tecnología. Actualmente, muchos adolescentes y jóvenes se arriesgan a padecerlo porque han adquirido malos hábitos.

  • No duermen lo suficiente. Muchos juegan con el móvil en la cama, revisan el Whatsapp o frecuentan otras redes sociales antes de dormir o durante la madrugada, lo que ralentiza su necesidad de sueño. Es sabido que la luz de los dispositivos móviles engañan en cuanto a la percepción de la noche, por lo que se segrega menos melatonina, alterando el sueño. No dormir lo suficiente afecta a los jóvenes en su capacidad cognitiva: pierden memoria, reflejos y sufren alteraciones en el ánimo.
  • Están ansiosos por estar conectados constantemente. El FOMO (Fear of Missing Out) ha amplificado el miedo a la exclusión tan propio de estas edades y la necesidad de ser “perfectos” a ojos de los demás, lo que puede introducirles en el círculo vicioso de sobreexposición en las redes e insatisfacción.
  • No existen periodos de desconexión en los que realicen exclusivamente otras actividades. Todos hemos podido comprobar cómo pretenden estar en modo multitarea constantemente.

En este contexto, el uso de dispositivos en el ámbito escolar debe estar bien organizado y controlado. Además de evitar que sean empleados como nueva forma de entretenimiento mediante la oportuna disciplina de uso, es imprescindible no abundar en la infoxicación a la que les empuja el ambiente.

¿Qué es la infoxicación? Tomo prestado de Alfons Cornella sus rasgos esenciales, aplicándolos al contexto educativo.

  • La infoxicación es la consecuencia personal de tener que procesar un exceso de información (information overload: ver este artículo). Como resultado de recibir una enorme cantidad de datos a los que no se ha podido dedicar tiempo, se oscila entre no poder profundizar en nada a saltar de una cosa a la otra. Académicamente, podría ser el resultado de sobrecargar de tareas similares basadas en la tecnología o de primar la exhaustividad frente a la relevancia cuando se busca información.
  • Son proclives a la infoxicación los que confunden cantidad de información con calidad. Académicamente, el uso de muchas fuentes de investigación puede confundir más que informar, generando ansiedad, sobre todo entre los alumnos más perfeccionistas.
  • Para procesar la información hay que saberla dominar. Sólo alguien que ha profundizado en una materia, que ha leído mucho sobre el tema, puede procesar rápidamente información: sabe lo que es cierto, lo que es probablemente cierto, y lo que es obviamente falso. El conocimiento y el manejo de información funcionan en espiral. Es por ello que para utilizar adecuadamente la tecnología en la enseñanza hay que huir del consumo inmoderado de hipermedia, sean documentos o vídeos o lo que sea. Lo que se emplee para los contenidos a conocer como para las tareas a realizar tiene que estar bien acotado en su temática, profundidad y duración.
  • Un posible síntoma de infoxicación es no detenerse a entender pausadamente lo que se está leyendo o viendo. Moverse en diagonal, cortar y pegar sin sentido, además de poder reflejar falta de interés, atención o esfuerzo, puede ser el resultado de una sobrecarga. Limitarla mediante la selección de fuentes y la búsqueda guiada es una buena estrategia tanto para quienes pecan por defecto como para los que lo hacen por exceso.
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Prevenir el tecnoestrés y la infoxicación escolar es una tarea necesaria para el éxito del uso de las tecnologías como herramienta educativa. Además de un trabajo tutorial en el que se indague sobre los riesgos de la conectividad permanente, en línea con la competencia 4.3 del Marco Común de la Competencia Digital – Protección de la salud, evitar riesgos para la salud relacionados con el uso de las tecnologías en cuanto amenazas para la integridad física y el bienestar psicológico – hay que realizar una adaptación de las tradicionales técnicas de trabajo y de estudio al contexto tecnológico. Además, hay que extremar el cuidado en la organización de actividades y proyectos, porque las tecnologías exigen tiempos de trabajo distintos, y en muchas ocasiones más amplios, debido a la necesidad de desarrollar otras destrezas y de trabajar con extensos recursos que exigen una atención distinta a la del tradicional trabajo en papel.

Estoy convencido que un enfoque adecuado de las actividades que se realicen con apoyo tecnológico no sólo hará de nuestros alumnos personas más autónomas y competentes, sino también menos inclinadas a padecer las consecuencias negativas del mal uso de la tecnología cuando se emplea de forma irreflexiva.

Imagen de cabecera: www.pixabay.com

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