¿Te ha atacado un troll? Qué suerte… ¿o no?

Recientemente, una amiga cercana, con toda su buena intención (o no), me proponía escribir algo sobre los “trolls”. Los “trolls”… personas como tú y como yo que, en un momento dado, encuentran en las redes un espacio propicio para dar rienda suelta a su peor versión. Los “trolls”… personas como tú y como yo, que están al acecho y cuyo único propósito es reventar, destruir, herir… y, de paso, darse notoriedad y un baño de adrenalina, que sienta bien y es gratis.

No puedo hablar de los “trolls” porque no he tenido verdaderas experiencias con ninguno. Nadie me ha perseguido, nadie me ha insultado, nadie me ha boicoteado… y doy gracias a Dios por ello. Pero pensando un poquito al respecto he caído en la cuenta de que en lugar de una bendición… ¡es un marrón! Y brotó en mí, sin dilación, una pregunta que comparto ahora con vosotros: ¿Se puede ser auténtico en la red y no sufrir a los trolls?

Mi cabeza empezó a dar vueltas sobre una posibilidad real: ¿Seré un tibio, de esos que Dios vomita de su boca? ¿Seré un mediocre  a la hora de defender la Verdad? ¿Y si lo que yo pienso que es moderación, diálogo, apertura, encuentro, tender puentes… es, en el fondo, una manera “buenista” de evitar conflictos, de escaparme de la confrontación? ¿Puede medirse la valentía, la fe, la claridad, la ortodoxia… por el número de “trolls” que uno tiene bloqueado en sus cuentas de Facebook, twitter, whatsapp…? Dadle una vuelta al tema.

Detecto, a veces, que la notoriedad, y también el ego, suben con esto de los “trolls”. Es el viejo pensamiento quijotesco de “ladran, luego cabalgamos”.  Es, incluso, darle al “troll” una gran notoriedad también, ponerlo al mismo nivel que a uno, presuponerle la capacidad de comprender el bien que él mismo pretende destruir. Alegrarse con ello es darle al “troll” el poder de evaluar nuestra fidelidad, nuestra valía, nuestra determinación. No sé si algunos llegan a tanto. No pretendo, ni mucho menos, juzgar a los que son atacados. Ni tan siquiera pretendo juzgar a los atacantes. Pero opinar sobre las conclusiones que sacamos de estos hechos sí me parece interesante. Porque en las conclusiones se plasma nuestra actitud ante lo sucedido y, en ellas, subyace la creencia que quedará impresa en nuestra memoria emocional y que, en el futuro, condicionará nuestra próxima reacción.

Con todo esto aún en el aire, otro pensamiento vino a mi cabeza, con nitidez: hay personas, creyentes y no creyentes, que han llegado a la red con un cartel en la frente (aunque no salga en sus fotos de perfil ni en la bio de su twitter) que grita “¡Atacadme!”. Son esas personas que se quejan de los “trolls” y, a la vez, no saben que sería de su existencia sin ellos… son los auténticos “criadores de trolls”. En el fondo son también “trolls” pero su religión no se lo permite, así que basan su ataque a los demás en una constante provocación para ser atacados. Entre ellos y los que les atacan llenan la red de energía negativa pero no se lo puedes decir porque te bloquean. Para ellos, es “troll” todo el que no los sube a los altares (y como les digas lo de la energía, te amenazan con la excomunión por hereje).

Yo estoy contento como soy. Seguramente seré un mediocre desconocido, que pasa desapercibido, cobarde y comedido. Pero al menos soy yo, al 100% yo. Y no necesito ayuda externa para reafirmarme.

@scasanovam

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