Taxonomías digitales (IV): la importancia del diseño instructivo

Tomo prestada la segunda parte del título de un par de entradas de R. Santiago, gran experto en el ámbito del flipped classroom, para enfocar adecuadamente la cuestión sobre cómo abordar los niveles profundos de aprendizaje con soporte o ayuda digital. Porque cuando se trabaja en entornos digitalizados, la elaboración de un adecuado diseño instructivo es clave para el éxito de la tarea.

¿Qué es el diseño instructivo? Para entenderlo, apreciemos las diferencias cualitativas existentes entre (1) tener la tecnología necesaria para trabajar con las TIC, (2) contar con docentes (e incluso alumnos) formados en su uso, (3) haber recopilado un abanico de recursos para el aula y (4) saber qué objetivos intencionales de aprendizaje se tienen, qué secuencia de acciones se realizarán para conseguirlos y cómo se comprobará su logro. En el diseño instructivo, el foco se pone precisamente en este último paso: cómo desarrollar entornos de aprendizaje y experiencias que empleen estrategias reconocidas como eficaces para lograr que el aprendizaje sea real, atractivo y eficiente.

Un diseño instructivo adecuado es multimodal:

  • Tiene en cuenta el contenido formal del área de estudio implicada (o de las áreas si es un proyecto interdisciplinar) y las especificidades de su forma de conocimiento, razonamiento y expresión. Piénsese, por ejemplo, en las diferencias de abordaje entre las ciencias exactas y las actividades plásticas.
  • Conjugándolas con las características del aprendizaje de los destinatarios: edad, contexto sociocultural, acceso a los recursos, grado de alfabetización tecnológica, etc. Debe tender a ser personalizado.
  • Considerando las posibilidades técnicas, organizativas, espaciales y de conocimiento del ámbito donde se va a producir el aprendizaje grupal y el individual.
  • Siguiendo un modelo didáctico y pedagógico claro: más o menos colaborativo, enfocado a proyectos o a retos, diversificado más o menos, con mayor o menor autonomía, auténtico o estrictamente curricular, etc.
  • A partir de unos objetivos intencionales del aprendizaje enmarcados en el nivel de profundidad deseado.
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Es en este último punto donde las taxonomías vistas adquieren una especial relevancia. En el diseño instructivo es esencial saber qué tipo de conocimiento se pretende trabajar, qué habilidades se quieren desarrollar y se evaluarán. A diferencia con el enfoque instructivo tradicional, donde la importancia se ponía en lograr una forma óptima de exposición por el docente, en este enfoque lo óptimo debe ser la propuesta de actividades para que los alumnos consigan los objetivos previstos. Lo que, en sí mismo, es un cambio de paradigma con enormes repercusiones, pues el centro pasa a ser el alumno y su aprendizaje de estrategias y conocimientos estructurales, y no el docente con su capacidad de presentar contenidos de forma profunda y bien expuesta. Como no es el motivo de estas líneas, no ahondaremos en las consecuencias de este cambio.

¿Qué tipos de estrategias están asociadas a nivel en las tres taxonomías que hemos visto? Muy resumidas, serían estas:

Con estas múltiples posibilidades, es función del equipo docente decidir qué estrategia instructiva es la más adecuada para el objetivo previsto y puede ser realizada en este momento con garantías de resultados. No todo es posible en cualquier situación; el análisis de la realidad y la flexibilidad son características necesarias para este abordaje.

Uno de los grandes retos que se plantean en la escuela actual es crear itinerarios coherentes, progresivos y motivadores para la incorporación progresiva de aprendizajes de alto valor al proceso de enseñanza-aprendizaje. La gestión del cambio desde una escuela instruccional a la competencial no es una tarea breve ni sencilla ni eficaz desde el inicio. Las inercias del modelo que deja de estar en vigor siguen estando presentes, así como sus aspectos útiles que habrá que volver a poner sobre el tapete si se pretende mantener niveles de conocimiento teórico, rigor y disciplina adecuados a estos tiempos. Y, por otro lado, las múltiples ofertas actuales no casan automáticamente en una propuesta unificada simple de definir, plantear, implantar, formar, evaluar y consolidar.

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Por otra parte, no es en absoluto curioso que propuestas pedagógicas que se realizaron  con criterio hace un cuarto de siglo o más hayan encontrado una revitalización con la llegada torrencial de las nuevas tecnologías. Lo que fue detectado por los expertos, es hoy en día algo sabido más o menos indiciariamente por muchos docentes, alumnos, progenitores y agentes sociales: aprender no es memorizar ni superar retos cognitivos de bajo nivel. Es bastante más, involucra más estrategias y requiere de procesos de formación permanentes. Tal descubrimiento se debe, sin duda, al alborear de una nueva época dominada por la tecnología cercana y la información accesible.

¿Puede aportar la tecnología algo a este avance en la sistematización de esos itinerarios de incorporación de los aprendizajes de alto valor? Indudablemente, sí. Por su intrínseca cualidad, el diseño instruccional tecnológico, que es parte del didáctico general, puede aportar pistas sobre el abordaje sistemático de los cambios desde las necesidades reales, la planificación formativa, la implicación en cambios procedimentales, la comunicación al exterior, el entrenamiento de los interesados, la posibilidades paulatinas de uso, la evaluación de los resultados, las posibilidades de coaprendizaje y de mentorización entre iguales, la generalización de los procedimientos y la creación de un estilo de funcionamiento. Aunque es un instrumento, la tecnología, por su carácter sistemático-paulatino y estricto (no discutible), resulta de gran ayuda en la gestión del cambio pedagógico.

Ahora, ¿están formados los especialistas en tecnologías para afrontar retos cualitativamente distintos? ¿Son conocedores los expertos en didácticas de las reales posibilidades de cambio que ofrecen las tecnologías, en especial entre los docentes? ¿No ha llegado la hora de los equipos multidisciplinares en las escuelas, de plantarse estructuras de acción y cambio distintas? Ahí dejo la pregunta, que abordaré en alguna próxima entrega.

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Un saludo.

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