¡Tanta esperanza!

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Estas dos palabras, dichas por el papa Francisco, contiene la esencia de lo acontecido en el III Encuentro Mundial de Movimientos Populares que tuvo lugar en Roma a principio de este mes.

Sí, ¡tanta esperanza!  porque, por tercer año consecutivo, grupos de hombres y mujeres, venidas de todos los continentes, pertenecientes a  noventa y ocho movimientos populares de 67 países, se encontraron para compartir vida, lucha y discernir comunitariamente sobre lo que está hiriendo a la humanidad.

Son movimientos que no llenan estadios, pero que siembran dignidad, que ante lo que ven y viven se unen para transformar las situaciones de injusticias que sufren y que atentan contra sus vidas y sus pueblos.

Estos movimientos han ratificado que la causa común y estructural de la crisis socioambiental que provoca esta cultura del descarte es el sistema capitalista imperante, donde el dinero es el que gobierna y la dignidad de la persona no es respetada.

Cada uno de estos grupos, insertos en su realidad y comprometidos en ella, compartieron su trabajo, sus experiencias, sus análisis y dialogaron de los problemas que nos afectan a todos y todas: trabajo, techo, tierra, pueblo y democracia, territorio y naturaleza, migraciones y refugiados.

Pero no sólo hablaron, sino que también llegaron a unas conclusiones y a propuestas concretas sobre cada uno de los temas tratados, asumiéndolos como compromisos para desarrollarlos como movimientos en sus respectivos países.

Y fueron más allá, pusieron de relieve la importancia de mantenerse conectados porque aunque sus grupos actúen localmente, el problema es global, nos afecta a todos y todas independientemente del país, del origen social, de la raza o del género. Todos y todas hemos experimentado que la persona no es el centro de la economía, ni de la política ni de la vida social; y que el enriquecimiento de unos pocos provoca el empobrecimiento de mucha gente.

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Por ese motivo, estos movimientos apuestan por la dimensión internacional proponiendo la necesidad de crear alianzas internacionales en torno a las tres T (Techo, Trabajo, Tierra) y campañas que ayuden a la concienciación de estos tres elementos fundamentales para una vida digna.

Además tienen claro que para realizar esta tarea es imprescindible fortalecer la formación en sus propios movimientos, que les ayude a la concienciación y a la promoción de las personas.

Y por supuesto, el diálogo como eje fundamental para el conocimiento, el intercambio y el camino para encontrar juntos las soluciones que generen la cultura de la solidaridad y la misericordia, y que nos dé las fuerzas para derribar el muro que alza el dinero y construir el puente de la esperanza que tiende los pueblos.

El Papa les recordó que: “El futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las elites. Está fundamentalmente en manos de los pueblos, en su capacidad de organizarse y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio”.


Foto tomada de: http://media02.radiovaticana.va/photo/2014/10/29/RV205_Articolo.jpg

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