Talento infantil y rentabilidad: explotando los sueños de un niño

Hay niños en cuyo entorno, de guerra y pobreza, es difícil garantizar la existencia de un espacio sano para el desarrollo de su infancia. Muchos se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias o, simplemente, para poder llevarse un plato de comida a la boca y sobrevivir. Sus alternativas son limitadas y eso lleva a justificar que trabajar pueda convertirse para ellos en una óptima opción, de entre las pocas con las que cuentan. Su vulnerabilidad, les expone a menudo a unas condiciones laborales ni siquiera aceptables para personas adultas. ¿Hablamos de talento infantil?

Sin embargo, y salvando las distancias que pueda haber, la explotación laboral infantil no sólo se produce en contextos de pobreza extrema. También nuestro entorno más próximo tolera, promueve e incluso venera otros formatos de trabajo infantil que no siempre se identifican como explotación, pero que también ponen en peligro el desarrollo integral de un niño.

Personalmente, me espanta que la mayoría de niños quieran ser como Leo Messi, Cristiano Ronaldo o Rafa Nadal. O que aspiren a presentarse y ganar concursos como La Voz Kids o Masterchef Junior, programas que saturan la parrilla televisiva especialmente durante las vacaciones navideñas; precisamente, cuando más tiempo libre tienen los pequeños para absorber todo lo que se emita en antena.

Y más aún me asusta, que el resto de la población asistamos impasibles al espectáculo de ver cómo las capacidades indiscutibles de unos niños, sean deportivas o artísticas, son explotadas por empresas que, al fin y al cabo, desarrollan “un producto” bajo la discutible excusa de estar “potenciando su talento”.

La Convención de los Derechos del Niño (1989) proclama: que “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales”, y apela no sólo a gobiernos, sino a todas las personas, organizaciones e instituciones a trabajar por la defensa de estos derechos.

Cierto que el Estado debe crear un marco legislativo que proteja la infancia. Y que la responsabilidad de los padres es aquí innegable, para anteponer siempre al niño a las necesidades de la familia e intereses de los progenitores, para evitar que se produzcan casos tan espeluznantes como el de Nadia.

Pero, ¿y el papel de las empresas? Crean y “esponsorizan” figuras comerciales –qué si no son Nadal, Ronaldo o Messi, o los ganadores de los concursos infantiles- surgidas de un modelo de negocio muy rentable que se justifica con dar al niño la posibilidad de hacer realidad un sueño y unas mejores condiciones a las familias (que no en todos los casos tienen dificultades económicas). ¿No les estamos de algún modo “explotando”?

¿Nadie cuestiona que cuando firman un contrato con un chaval de 13 años y le separan de su familia para criarlo en un centro de rendimiento deportivo, se distorsiona el entorno saludable en el que debe un niño normal debe crecer, junto a sus padres?

¿Nadie se siente responsable del impacto que tenga en el desarrollo emocional del niño el verse expuesto a audiencias masivas en televisión o a estadios atiborrados?

¿A nadie le preocupa la falta de madurez con la que cuenta un menor para hacer frente al fracaso, en forma de “escarnio público”, al ser rechazado de una terna en un concurso televisado o no conseguir los resultados deportivos esperados por sus clubes, federaciones y sponsors como retorno a cuantiosas inversiones?

¿Qué pasa con todos esos niños que sacrifican su infancia en busca de un sueño –no sabemos si propio o impuesto, incluso involuntariamente, por su entorno social y familiar-, y no lo consiguen? ¡O incluso si lo consiguen! ¿Somos conscientes del coste de oportunidad?

La infancia no vuelve a pasar de nuevo por nuestra vida, no hay segunda oportunidad a una niñez perdida. Muchas empresas fomentan que esto suceda en el deporte, en la televisión, en el cine, en la música, en la moda o en la publicidad. Y también de ello somos todos -todos- responsables, mientras lo sigamos permitiendo.

 

Imagen tomada de: https://twitter.com

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